← Base de conocimiento
💤

Deuda de sueño

Qué se debe de verdad después de una semana corta, cuánto devuelve un fin de semana largo y por qué lo primero que se recupera es lo único que puedes notar, que es justamente el problema.

Ciencia del bienestar

La deuda de sueño es la diferencia acumulada entre el sueño que tu cuerpo necesitaba y el que le diste. La metáfora es contable y, como casi todas las metáforas prestadas, acierta en una cosa y engaña en dos. Acierta en que los déficits se suman en lugar de borrarse cada mañana. Engaña al sugerir que el saldo es un único número y que saldarlo consiste en ingresar las horas que faltan.

El hallazgo que más importa aquí no va de cuánto debes. Va de qué puedes notar. En los estudios donde se mantiene a alguien corto de sueño durante semanas, la sensación de cansancio deja de empeorar mucho antes de que deje de empeorar el rendimiento. Es decir: la experiencia subjetiva fiable de la deuda crónica no es el agotamiento. Es creer que te has adaptado.

Qué hace exactamente dormir poco durante semanas

El experimento de referencia es el de Van Dongen y Dinges, de 2003. Adultos sanos mantenidos en cuatro, seis u ocho horas en la cama durante dos semanas, con pruebas diarias de tiempo de reacción y memoria de trabajo, y un cuarto grupo despierto tres días seguidos como comparación.

Salieron dos resultados y hay que leerlos juntos.

El daño se acumula en línea recta. El grupo de seis horas no se estabilizó en un nivel algo peor y se quedó ahí. Sus fallos de atención siguieron empeorando cada día durante catorce días, hasta alcanzar al final un nivel comparable al de alguien que llevara día y medio sin dormir.

La sensación no. Esas mismas personas calificaban su propia somnolencia como apenas elevada, y sus puntuaciones se aplanaban después de los primeros días mientras el rendimiento seguía bajando. Habían perdido la señal que les habría dicho que se fueran a la cama.

El grupo de Belenky, con un diseño parecido el mismo año, encontró la otra mitad del cuadro: después de tres noches de sueño libre, los grupos restringidos habían mejorado pero no habían vuelto al punto de partida. Parte de lo perdido volvió rápido. Parte no volvió en absoluto en ese plazo.

«Recuperar» es la palabra que está haciendo trampa

Aquí el español añade un problema que el inglés no tiene del todo.

La conversación entera se hace con el verbo recuperar: recuperar horas, recuperar el sueño perdido, recuperarse el fin de semana. Recuperar significa devolver algo al estado en que estaba. Y lo que la evidencia describe es otra cosa: una devolución parcial, desigual y en tiempos distintos según el sistema.

Conviene separar tres cosas que la palabra mete en una sola.

Lo que vuelve rápido: el estado de alerta y el ánimo. Una o dos noches largas devuelven buena parte. Por eso la sensación de haberse recuperado llega antes que la recuperación.

Lo que vuelve despacio o no en ese plazo: el rendimiento sostenido. Es lo que midió Belenky, y es lo que no notas.

Lo que se cobra por otro lado: el reloj. Depner y su equipo, en 2019, dieron a un grupo noches de cinco horas, a otro noches de cinco horas con un fin de semana libre y a un tercero nueve horas siempre. El grupo del fin de semana durmió más, como era de esperar, y al final de la semana siguiente su sensibilidad a la insulina había caído más que la del grupo que no recuperó nada, en parte porque el fin de semana empujó su reloj hacia atrás y empeoró las mañanas siguientes. La mañana larga del domingo se paga el lunes.

Y a la vez, en población: la cohorte sueca de Åkerstedt, con cerca de cuarenta y cuatro mil personas seguidas trece años, encontró que dormir poco entre semana combinado con dormir mucho el fin de semana no se asociaba a la mortalidad elevada que sí aparece en quien duerme poco los siete días. Es una asociación observacional, no un mecanismo, y no puede decirte si el fin de semana ayudó o si las personas con fines de semana libres son simplemente otras personas. Pero es evidencia real y no sostiene la versión más severa de «lo perdido, perdido está».

El resumen honesto: la alerta se devuelve deprisa; el coste metabólico y circadiano se devuelve despacio o en otra moneda; y dormir de más el domingo compra lo primero mientras profundiza lo tercero. Quien te diga que se recupera todo, o que no se recupera nada, está eligiendo un estudio.

De dónde salió el número de las ocho horas

Vale la pena ser preciso, porque ese número hace mucho trabajo dentro de la culpa de la gente.

El rango familiar es la recomendación de la National Sleep Foundation de 2015: siete a nueve horas para adultos. Esa cifra salió de un panel de consenso que revisó la literatura y votó. Es una forma defendible de producir una guía de salud pública y no es lo mismo que un experimento que midiera lo que necesita un cuerpo concreto. El propio panel señaló que hay adultos sanos fuera del rango.

La afirmación que suele acompañarla —que antes de la luz eléctrica la gente dormía mucho más— se ha puesto a prueba directamente. Yetish y su equipo colocaron acelerómetros a tres grupos cazadores-recolectores y horticultores en Tanzania, Namibia y Bolivia, y encontraron un sueño nocturno medio de unas seis horas y media, sin que ningún grupo pasara de siete. Se acostaban unas horas después de la puesta de sol y despertaban antes del amanecer. Lo que sea que la vida moderna le haya hecho al sueño, no le quitó tres horas a un nueve natural.

Así que siete a nueve es un valor por defecto razonable y una mala identidad. Lo que necesita tu cuerpo cae en algún punto de un rango, lo fija en parte la misma genética que fija tu cronotipo, y se estima mejor por cómo va el cuarto o quinto día de unas vacaciones que por una cifra en un gráfico.

En español el hueco no está donde dice el consejo

Casi todo el material sobre deuda de sueño que se lee en español está traducido, y trae un consejo central: acuéstate antes. Dicho así, suena a una decisión doméstica.

En España no lo es del todo. La noche está fijada por fuera. Se cena a una hora que en el resto de Europa es la hora de dormir, el prime time de televisión es el más tardío del continente y ha ido retrasándose durante dos décadas hasta empezar cerca de las once, y la hora de entrada al trabajo y al colegio no se ha movido con él. La jornada partida, además, devuelve a mucha gente a casa cuando en otros países la tarde ya ha terminado. El resultado es que el déficit español está estructuralmente en la cabeza de la noche, no en la cola: no es que la gente se levante demasiado pronto para lo que se acuesta, es que el país entero se acuesta tarde y se levanta a la hora europea.

Eso cambia qué consejo es realista. «Acuéstate una hora antes» le pide a una persona que se salte lo que hace su casa, su calle y su televisión a esa hora. Es posible, y merece la pena, pero conviene llamarlo por su nombre: es una negociación con un horario colectivo, no una cuestión de disciplina personal. Cuánto de eso es del reloj del país y cuánto de tu propio reloj está en lo que le cuesta a un búho vivir en un mundo de alondras, que lo mide con muestra española.

Y una advertencia de alcance: el español se habla en veinte países y las jornadas, los desplazamientos y los horarios escolares no se parecen entre sí. Un trayecto de dos horas en una gran metrópoli latinoamericana produce un déficit tan real como el de la cena tardía y por un camino distinto. No hay una cifra común, y fingir que la hay es la manera más rápida de que esta página no te sirva. Lo que sí es común es la aritmética de arriba.

Qué significa esto para ti

Deja de usar el cansancio como medidor. Es el único instrumento que el estudio de Van Dongen demostró que está roto. Indicadores mejores: cuánto tardas en dormirte (menos de cinco minutos no es un talento, es un síntoma), si necesitas despertador, y cuánto se separa tu hora de levantarte en un día libre de la de un día laborable. El test de calidad del sueño lee eso en lugar de preguntarte cuánto sueño tienes.

Devuelve por la mañana, no por la noche. Alargar la mañana del domingo retrasa el reloj y empeora el lunes. Acostarse antes no. Si solo hay una hora disponible, ponla al principio de la noche.

Usa la siesta para la mitad de alerta. Una siesta corta a primera hora de la tarde devuelve buena parte del coste de atención sin mover el reloj, que es la única palanca que funciona a mitad de semana. La entrada sobre la siesta tiene la dosis, y también los datos españoles, que no son los que imaginas.

Y sepas qué problema tienes. La deuda de sueño es no tener oportunidad suficiente de dormir. El insomnio es tenerla y no poder usarla, y no responde en absoluto a los mismos consejos: para eso están higiene del sueño —que explica por qué la lista rinde poco ahí— y cansado pero no puedo dormir. Si las noches llevan semanas mal, o si duermes ocho horas completas y te levantas sin reparar todos los días, eso es una consulta médica: una apnea del sueño sin tratar se parece por dentro exactamente a la deuda de sueño y no la toca ninguna cantidad de acostarse temprano.

fuentes

  • · Van Dongen, H. P. A., Maislin, G., Mullington, J. M., Dinges, D. F. (2003). The cumulative cost of additional wakefulness: dose-response effects on neurobehavioral functions and sleep physiology from chronic sleep restriction and total sleep deprivation. Sleep.
  • · Belenky, G., Wesensten, N. J., Thorne, D. R., et al. (2003). Patterns of performance degradation and restoration during sleep restriction and subsequent recovery: a sleep dose-response study. Journal of Sleep Research.
  • · Depner, C. M., Melanson, E. L., Eckel, R. H., et al. (2019). Ad libitum weekend recovery sleep fails to prevent metabolic dysregulation during a repeating pattern of insufficient sleep and weekend recovery sleep. Current Biology.
  • · Åkerstedt, T., Ghilotti, F., Grotta, A., et al. (2019). Sleep duration and mortality — does weekend sleep matter? Journal of Sleep Research.
  • · Hirshkowitz, M., Whiton, K., Albert, S. M., et al. (2015). National Sleep Foundation's sleep time duration recommendations: methodology and results summary. Sleep Health.
  • · Yetish, G., Kaplan, H., Gurven, M., et al. (2015). Natural sleep and its seasonal variations in three pre-industrial societies. Current Biology.

Más de la base de conocimiento