Ansiedad anticipatoria
El temor de antes, que suele ser peor que la cosa: por qué la espera cuesta más que el acontecimiento, por qué es la pieza común del pánico, la ansiedad social y la ansiedad por la salud, y por qué cancelar agranda la siguiente.
Ciencia del bienestar
La ansiedad anticipatoria es la ansiedad por algo que todavía no ha pasado, sentida ahora, en el hueco entre enterarte y llegar. La cita es el jueves y el lunes ya no sirve para nada. El vuelo es dentro de tres semanas y esas tres semanas están pagadas por adelantado.
Lo que la separa del miedo es el momento y no la intensidad: no hay ninguna amenaza en la habitación, solo una con fecha. Barlow llama a este estado aprensión ansiosa: una condición sostenida y echada hacia delante, no un episodio. Y lo de estar en guardia es literal. El cuerpo está ejecutando una respuesta a algo que no está presente, y de ahí que la espera cansa de un modo en que muchas veces el acontecimiento no cansa.
La espera suele costar más que el acontecimiento
Esta afirmación es rara por una razón: se puede comprobar. Casi nada de lo que la ansiedad sostiene se puede verificar —— no hay manera de saber qué habría pasado si no te hubieras preocupado. Esto sí, y se verifica contra tu propio historial.
Repasa las últimas diez cosas que temiste y pregunta, una por una, si los días de antes fueron peores que las horas de. Para la mayoría de la gente, la mayoría de las veces, lo fueron. La reunión duró nueve minutos. La prueba fue un pasillo y un formulario. La conversación ensayada durante una semana salió distinta de todas las versiones ensayadas.
Dos cosas explican la diferencia. La primera: el ensayo no tiene final. El acontecimiento ocurre una vez y dura una hora; la versión anticipada se ejecuta veinte veces en cuatro días. La segunda: un error de predicción que no es exclusivo de la ansiedad —— Wilson y Gilbert encontraron que la gente sobreestima de manera sistemática lo mal que va a sentar algo futuro y cuánto va a durar ese malestar, en parte porque al imaginarlo se quita el contexto. Un acontecimiento imaginado es un acontecimiento temido sin nada más en el cuadro.
Grupe y Nitschke añaden la mitad fisiológica: la amenaza impredecible produce aprensión sostenida de una manera que no produce la predecible, así que cuanto menos definido está aquello, más cara sale la espera. El rasgo que vuelve insoportable ese hueco es intolerancia a la incertidumbre, la entrada de la que esta desciende.
Y una advertencia contra leer todo esto como un consuelo: a veces la cosa es genuinamente mala. Descubrir que el temor estaba proporcionado no es un fallo del método. Lo que se afirma es la proporción, no que los desenlaces vayan a salir bien.
Una pieza compartida, no un cuadro propio
La ansiedad anticipatoria no tiene diagnóstico asociado, y eso no es un olvido: es una pieza, y aparece en casi todos los patrones que sí tienen nombre. Por eso tiene página en lugar de un párrafo dentro de cada uno.
- Pánico. Después de una primera crisis, buena parte de lo que sigue es anticipación de la siguiente: vigilar las señales tempranas, temer los sitios donde ocurrió. La crisis en sí está en ataque de pánico (crisis de angustia). Distinguir una subida de otra en el momento es otra pregunta y se responde en ¿fue un ataque de pánico o fue otra cosa?; esta página no lo intenta.
- Ansiedad social. El modelo de Clark y Wells nombra la espera explícitamente: procesamiento anticipatorio, el ensayo de los días previos, construido con el recuerdo de ocasiones anteriores y no con nada de la que viene. Predice que saldrá como salió la peor, y suele ser la parte más pesada de todo el episodio. El miedo en sí está en ansiedad social (fobia social).
- Ansiedad por la salud. La espera de un resultado, la semana antes de una consulta, los días después de mandar la foto de un lunar. Ver ansiedad por la salud.
- Vida corriente sin etiqueta. El domingo por la tarde. Llamar a una administración. El despertador puesto para un tren temprano.
Así que la pregunta útil muchas veces no es qué ansiedad tengo sino en qué parte de la secuencia estoy. Antes, durante y después son tres problemas distintos, y donde se van las horas es en el antes.
En español la espera la pone otro, y cancelar sale muy barato
Aquí hay que cambiar de apartado, porque la versión inglesa supone un lector que decide cuándo se enfrenta a las cosas, y eso aquí se cumple a medias.
Primera cosa: buena parte de la espera no la decide quien la sufre. La cita previa que da hora para dentro de cinco semanas. El resultado que llega cuando llega, sin aviso ni hora. La renovación de contrato que se sabe con unos días de margen. El trámite que depende de una ventanilla. Esa espera es impuesta y además no tiene forma —— no se sabe el día ni cómo será ——, que es justo la combinación que el apartado anterior señala como la más cara de sostener.
Y el caso extremo, que no tiene equivalente limpio en inglés: las oposiciones. Un período de anticipación que no son días sino años, con una identidad social construida encima («estoy preparando»), con una fecha única que lo decide todo y con la posibilidad de repetir, lo cual significa que el período previo puede renovarse varias veces. No hay nada patológico en que eso produzca ansiedad anticipatoria: es la situación que mejor la fabrica de cuantas existen. Lo que sí puede pasar es que la preparación se convierta en el ensayo —— repasar para calmarse y no para aprender ——, y eso se nota en una cosa: el repaso que calma no deja material nuevo.
De aquí sale la distinción práctica que la versión inglesa no necesita hacer. Hay espera que se puede acortar y espera que no. La que se puede acortar se acorta: la primera hora disponible antes que la cómoda, la llamada hoy antes que el jueves. La que no se puede acortar no es un problema de valentía y no se resuelve pensando; lo que hay ahí son medidas —— otra cita en otro sitio, alguien que acompañe, algo con lo que llenar las semanas —— y aguantar el hueco, que es la habilidad del último apartado.
Segunda cosa, y es la que de verdad cambia el mecanismo: aquí cancelar sale baratísimo. Los planes se confirman tarde y eso está aceptado; ya te digo, te confirmo, a ver cómo ando son respuestas normales y nadie se ofende. Es una virtud social y es también un problema, porque el mecanismo central de este apartado necesita precio para hacerse visible.
Funciona así. El temor se disuelve en el momento en que la cosa se cae, y el alivio es inmediato y grande. El alivio es un premio, y lo que premia es la retirada. Sube el temor, te apartas, el temor se desploma, y el desplome enseña que apartarse es lo que lo hizo soportable. En esa secuencia no hay ninguna información sobre cómo habría ido la cosa, porque la cosa no pasó. Craske y colegas lo dicen desde el otro lado: una exposición que funciona no desgasta el miedo, construye una expectativa nueva —— esta situación tiene este desenlace —— que compite con la vieja, y ese aprendizaje solo está disponible para quien estuvo presente en el desenlace. Lo que se evita no enseña nada, en ninguna dirección.
Y como cancelar aquí no cuesta nada, la retirada es invisible incluso para quien se retira. No hay un «no voy» que se recuerde: hay cuatro planes que se deshicieron solos, un al final no pude y una agenda que lleva dos años encogiendo sin que conste ninguna decisión. Conviene llevar la cuenta por escrito, porque la memoria no la lleva.
Lo mismo, en versión de calendario, tiene nombre popular: el síndrome posvacacional, que sale en los medios cada septiembre como asunto ligero. Igual que el domingo por la tarde, es el ejemplo más regular que existe de anticipación, tiene nombre, y el nombre circula en clave de broma. Un fenómeno que se trata como chiste no se observa. Decir «me cuesta volver» y decir «llevo nueve días ensayando el lunes» no son la misma frase, y la segunda indica qué hacer.
Una última forma, por si no parece evitación: ir sin tocar. Aparecer con la salida localizada, hablar lo mínimo, irse en cuanto se puede. Desde fuera el plan ocurrió; desde dentro no se tocó. Esa clase de maniobra tiene entrada propia, conductas de seguridad.
Qué ayuda, y dónde esto deja de ser asunto de una página
- Anota la proporción. Dos líneas antes: cuánto espero que me cueste, sobre diez. Dos líneas después: cuánto me costó. Con cinco entradas basta, y el objetivo no es tranquilizarte: es una cifra de calibración salida de tu propia vida, más difícil de discutir que cualquier cosa que diga una página. Resulta que la intensidad del temor medía cuánto tiempo llevabas anticipando, no cómo iba a salir.
- Acorta la espera que sea tuya. La primera hora disponible antes que la cómoda. La comodidad nunca valió esos días.
- Ve, y quédate hasta el final. Marcharte antes de que llegue el desenlace significa que la vez no contó. Esta es la línea que sostiene las demás.
- Que la preparación se pueda terminar. Una pasada, por escrito, y parar.
- Cuenta con que el día te parezca un error. Entrar con el temor todavía alto se siente como desoír un aviso. Ese es el estado en el que ocurre el aprendizaje, y no hay ninguna versión en la que primero parezca sensato.
El Test de Ansiedad lee la preocupación directamente, el test de ataques de pánico lee la versión organizada alrededor de la siguiente crisis, y el test de ansiedad social lee la que se organiza alrededor de la gente.
El alcance. Temer las cosas de antemano es corriente y en dosis moderadas sirve: es lo que hace que la gente prepare, llegue con tiempo y se tome el asunto en serio. Nada de esto es un diagnóstico.
Pero una anticipación que ha empezado a decidir el calendario —— trabajos a los que no se opta, consultas que no se piden, invitaciones rechazadas con semanas de antelación, viajes que se dejan de hacer en silencio —— es el punto en que quien elige es el patrón. Eso está bien estudiado y se trata, con métodos basados en exposición que funcionan bastante mejor acompañados que a solas. Y es también el punto en que esperar a sentirse preparado es el único plan que no se termina nunca.
fuentes
- · Barlow, D. H. (2002). Anxiety and Its Disorders: The Nature and Treatment of Anxiety and Panic, 2nd edition. Guilford Press.
- · Grupe, D. W., Nitschke, J. B. (2013). Uncertainty and anticipation in anxiety: An integrated neurobiological and psychological perspective. Nature Reviews Neuroscience.
- · Clark, D. M., Wells, A. (1995). A cognitive model of social phobia. In Social Phobia: Diagnosis, Assessment and Treatment. Guilford Press.
- · Wilson, T. D., Gilbert, D. T. (2005). Affective forecasting: knowing what to want. Current Directions in Psychological Science.
- · Craske, M. G., Treanor, M., Conway, C. C., Zbozinek, T., Vervliet, B. (2014). Maximizing exposure therapy: an inhibitory learning approach. Behaviour Research and Therapy.
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