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Compatibilidad

El mayor estudio que se ha hecho sobre qué predice la felicidad en pareja buscó el encaje entre dos personas y no lo encontró. Qué encontró en su lugar, qué le hace eso a la categoría del test de compatibilidad y para qué sigue sirviendo un test de pareja.

Ciencia de las relaciones

La compatibilidad es la idea más segura de sí misma de todo el mercado de las relaciones. Dos personas tienen propiedades; las propiedades encajan o no encajan; un instrumento lo bastante bueno debería poder calcular el encaje y devolverlo como número.

El mayor intento coordinado que se ha hecho de encontrar ese número no lo encontró.

Esta entrada va a resultar incómoda, porque este sitio vende un test de pareja. Se escribe como lee la evidencia de todos modos, y la conclusión es la del final del apartado siguiente: con la mejor evidencia disponible, el encaje entre dos personas apenas predice lo feliz que va a ser cualquiera de las dos. Lo que sí lo predice es lo que cada una ya percibe de la relación en la que está.

Qué encontró el mayor estudio

En 2020, Samantha Joel, Paul Eastwick y otros ochenta y cuatro investigadores hicieron algo que el campo nunca había conseguido: juntaron los datos en bruto. Cuarenta y tres conjuntos de datos longitudinales de veintinueve laboratorios, 11.196 parejas, con todas las variables medidas compitiendo en igualdad de condiciones. Luego pasaron por encima bosques aleatorios —— un método que importa aquí por una razón concreta que el propio artículo explica. Los bosques aleatorios detectan interacciones. Un «efecto de emparejamiento» es una interacción: tu rasgo por el rasgo del otro. Si la compatibilidad existía en esos datos de alguna forma robusta, ese análisis estaba construido para encontrarla.

Lo que encontró, por orden:

  • Lo que cada persona percibía de su propia relación predijo hasta un 45% de su satisfacción. Los ítems más fuertes fueron el compromiso percibido de la pareja, el aprecio, la satisfacción sexual, la satisfacción percibida de la pareja y el conflicto. Todos son sobre esta relación, y en todos se puede estar equivocado.
  • Las diferencias individuales predijeron un 21%. Satisfacción vital, afecto negativo, depresión, evitación del apego, ansiedad del apego. Reales, sustanciales y —— ojo —— propiedades de una persona, no de una pareja.
  • Los informes de la propia pareja predijeron entre dos y cuatro veces menos que los de uno mismo.
  • Y este es el hallazgo: añadir las diferencias individuales y los informes de la pareja encima de lo que la propia persona decía de su relación no mejoró la predicción en nada. Los autores lo dicen directamente: los efectos de moderación por diferencias individuales y por informes de la pareja son probablemente bastante pequeños. La moderación por las características de la pareja es exactamente lo que significa compatibilidad. Se buscó, con el método adecuado, en la mayor muestra jamás reunida, y no estaba ahí en ningún tamaño útil.

Hubo un resultado más, y es el que debería cerrar la categoría. El cambio en la calidad de la relación —— a quién le fue mejor y a quién peor a lo largo de cada estudio —— resultó en gran medida impredecible a partir de cualquier combinación de esas variables. No débilmente predecible. En gran medida impredecible.

O sea: el encaje entre dos personas no es lo que determina esto, y que cada una lo supiera todo de la otra desde el principio tampoco lo arreglaría. Eso no es una laguna de los instrumentos. Es lo que devolvió un esfuerzo de cien variables, once mil parejas y veintinueve laboratorios.

La evidencia de apoyo, que lleva más tiempo ahí

El resultado de Joel y colegas no salió de la nada. Tres hallazgos anteriores apuntaban en la misma dirección y, en su momento, los ignoró todo el que vendía un porcentaje de afinidad.

Nunca se ha demostrado que los algoritmos de emparejamiento funcionen. La revisión de Finkel y colegas de 2012 sobre las citas por internet repasó las afirmaciones del sector de forma sistemática y concluyó que no había evidencia convincente de que ningún algoritmo de emparejamiento produjera mejores resultados que el azar. Los algoritmos son propietarios, los estudios que los validan no son independientes, y la tarea de fondo —— predecir una relación a partir de dos cuestionarios contestados antes de que las personas se hayan visto —— es la misma que volvió a fallar después con mejores métodos.

La semejanza hace menos de lo que parece. Montoya y colegas metaanalizaron 313 estudios. La semejanza real predecía la atracción con fuerza cuando las personas no habían interactuado, menos después de una interacción breve, y nada en relaciones ya existentes. La semejanza percibida predecía la atracción en todas las etapas. Es decir: la sensación de parecerse hace el trabajo, el hecho de parecerse casi no lo hace, y la sensación la construyen en parte, a posteriori, dos personas que se caen bien.

Ni siquiera la atracción entre dos personas concretas es predecible. En 2017 Joel, Eastwick y Finkel cogieron datos de citas rápidas e intentaron predecir, a partir de todo lo que ambas personas habían declarado antes, quién iba a sentirse atraído por quién. Pudieron predecir cuánto tiende una persona a gustar de otras y cuánto tiende a gustar. El emparejamiento concreto —— esta con aquella —— no se pudo predecir en absoluto. Y esa es la versión más fácil de todas de la pregunta de la compatibilidad: no quién va a ser feliz dentro de cuatro años, solo quién va a querer una segunda cita el jueves.

La media naranja promete tres cosas, y conviene separarlas

En inglés basta con desmontar una industria. En español hay que desmontar además un modismo que la gente ya trae puesto antes de llegar aquí, y que no promete lo mismo que el soulmate anglosajón. El alma gemela promete afinidad: alguien que siente lo mismo. La media naranja promete tres cosas a la vez, y por eso es más difícil de discutir. Van una por una, porque cada una se cae por un sitio distinto.

Promete predestinación: que existe una mitad correcta y que la tarea es encontrarla. Eso es una creencia de destino en el sentido técnico, y lo que la evidencia le hace es concreto. Si hubiera una mitad correcta, el sitio donde más debería notarse es al principio, en el primer contacto, cuando todavía no hay historia que lo enturbie. Ahí es exactamente donde Joel, Eastwick y Finkel miraron en 2017, con todo lo que ambas personas habían declarado de antemano, y el emparejamiento concreto no se pudo predecir. La versión más fácil de la predestinación es la que falla más claramente.

Promete complementariedad: que las dos mitades encajan precisamente porque no son iguales. Ese matiz es el que el inglés no tiene que retirar y es el más resbaladizo, porque convierte cualquier diferencia entre dos personas en prueba a favor. Lo que hay del lado de los datos es Montoya: la semejanza real no predice la atracción en relaciones ya existentes, y la percibida sí en todas las etapas. La complementariedad real tiene todavía menos respaldo que la semejanza real, que ya tiene poco. La sensación de encajar es sobre todo algo que dos personas construyen después, no una propiedad que estuviera ahí antes para ser descubierta.

Promete, por debajo de las otras dos, que una persona sola es media pieza. Esta es la que menos se discute porque casi no se formula, y es la que más consecuencias tiene: si te falta una mitad, la fusión no es un riesgo sino el objetivo. Eso tiene entrada propia en dependencia emocional e interdependencia, y la familia de términos vecinos —— alma gemela, llama gemela, relación kármica —— en la suya.

No es una creencia minoritaria ni antigua. Ferrer, Bosch y Navarro midieron la aceptación de los mitos románticos en una muestra representativa de 1.351 personas en España: algo más de la mitad suscribía que hay alguien predestinado para cada persona, y cerca de tres cuartas partes, que el amor verdadero lo puede todo. La segunda cifra es la que cierra el círculo, porque hace lo mismo que la primera desde el otro lado: si el amor verdadero lo puede todo, una relación que necesita que alguien trabaje en ella se lee como una relación en la que el amor no era del todo verdadero.

Lo que se gana desmontando esto no es escepticismo. Lo que se gana es que el asunto pasa de fijo a modificable. Si lo que decide es la mitad que te tocó, no hay nada que hacer salvo acertar o haberte equivocado. Si lo que decide es lo que cada persona percibe —— compromiso, aprecio, si el conflicto se repara —— entonces hay cosas que hacer esta semana, y son justo las que salieron primeras en el estudio más grande que existe. El mito no se sustituye por «nada predice». Se sustituye por «lo que predice es la parte que se mueve». Cómo se mueve está en estilos de relación y en conflicto y reparación, y el caso concreto de sentirse seguro con una persona y no con otra, en este artículo.

Por qué la idea sobrevive igual

Porque es una buena historia, y porque hay dos cosas ciertas que la alimentan.

La gente parecida sí acaba junta. Es real, y en su mayor parte no lo hace la compatibilidad: lo hace quién estaba en la sala. La gente se conoce en el instituto, en el trabajo, en el barrio, en aplicaciones con filtros y a través de amigos que se le parecen. La semejanza dentro de una pareja es en buena medida un dato sobre la población de la que salieron los dos.

Hay cosas que efectivamente no funcionan. La evidencia dice que el encaje apenas predice la felicidad dentro del rango de las parejas corrientes; no dice que no importe nada. Querer hijos frente a no quererlos no es una puntuación de compatibilidad, es una incompatibilidad, y ninguna cantidad de habilidad relacional la disuelve. Lo mismo con la monogamia frente a otra cosa, y con dónde se va a vivir. Son una lista corta de preguntas estructurales con respuesta binaria —— y un porcentaje es exactamente el instrumento equivocado para ellas, porque un buen resultado en cuarenta ítems no puede ganarle el voto a una de estas y un mal resultado no puede crear ninguna.

Y está la razón que no tiene nada que ver con la evidencia: un porcentaje de compatibilidad contesta la pregunta que la gente está haciendo de verdad, que es «¿puedo dejar de estar en duda ya?». Esa necesidad de certeza está descrita en TOC relacional, donde se ve en su forma extrema y por eso se entiende mejor: ninguna relación puede aportar pruebas contra una pregunta que no pide pruebas, sino certeza. Un número la resuelve durante un día.

Para qué sigue sirviendo un test de pareja

Esta es la parte que sobrevive al contacto con la evidencia, y sale directamente del resultado de Joel y no por un rodeo.

Los predictores más fuertes fueron el compromiso percibido de la pareja y la satisfacción percibida de la pareja. No el compromiso real. No la satisfacción real. Lo que tú crees sobre lo implicada y lo contenta que está la otra persona. Ese hueco —— entre lo que tu pareja piensa y lo que tú crees que piensa —— es real, medible y modificable, y está sentado encima del efecto más grande de toda la literatura.

Un instrumento que le enseña a cada uno lo que el otro contestó de verdad está trabajando directamente sobre ese hueco. Es un trabajo distinto de puntuar un encaje, y es el que tiene evidencia detrás.

Por eso el Test de compatibilidad en pareja no produce un porcentaje. Traza los patrones concretos entre dos personas —— quién persigue y quién se retira, cómo ocurre la reparación o cómo falla, dónde están los límites —— y le da a cada uno las respuestas del otro. Preferimos decir claramente que la categoría en la que está se apoya en algo que la evidencia no sostiene, antes que imprimir un número que luego habría que defender.

Lo que ningún test de pareja puede hacer, incluido el nuestro: decirte si quedarte, predecir si esto va a mejorar o a empeorar, o localizar una compatibilidad que treinta años de investigación no han logrado detectar. Trata cualquier resultado como una conversación que todavía no habías tenido con tu pareja, y fíjate en que la conversación, y no el resultado, es la intervención. Si esa conversación se te atasca justo al día siguiente de una discusión, qué decir al día siguiente de una pelea es más útil que cualquier puntuación.

Si has venido a decidir algo

De todo lo anterior se siguen dos cosas, y apuntan a lados opuestos a propósito.

Una puntuación baja no es un motivo para irse. No hay evidencia de que un desajuste calculado prediga nada sobre tu futuro, y hay bastante evidencia de que no puede. Si lo que buscas es permiso, el número no está en condiciones de dártelo y no debería usarse como si lo estuviera.

Una puntuación alta no es un motivo para quedarse. Esta es la más peligrosa de las dos. Un buen resultado en un cuestionario de relaciones no dice nada sobre si te tratan bien, y la gente sí usa resultados tranquilizadores para quitarse de encima lo que ya sabe. Nada de esta literatura está por encima de tu propio relato de lo que pasa en tu casa.

Lo que sí predice —— el aprecio dicho en voz alta, el conflicto que se repara, creer que la otra persona está metida en esto —— son conductas, de los dos lados, disponibles esta semana. Es una respuesta menos satisfactoria que un porcentaje y es la que sostienen los datos.

Y donde esto deja de ser una cuestión de encaje: si hay miedo, control, aislamiento de la gente que te conoce, o acabas dudando rutinariamente de lo que recuerdas, no se aplica ningún marco de compatibilidad y esta página no es la relevante. Lo es relaciones tóxicas. En España, el 016 atiende gratis, las veinticuatro horas y en 53 idiomas, con WhatsApp en el 600 000 016; la llamada no queda registrada en el móvil, que cuando alguien te revisa el teléfono importa más que el horario. Fuera de España los servicios cambian de país y la entrada suele ser el teléfono de emergencias, los servicios sociales del municipio o tu médico de cabecera.

fuentes

  • · Joel, S., Eastwick, P. W., Allison, C. J., et al. (2020). Machine learning uncovers the most robust self-report predictors of relationship quality across 43 longitudinal couples studies. Proceedings of the National Academy of Sciences.
  • · Finkel, E. J., Eastwick, P. W., Karney, B. R., Reis, H. T., Sprecher, S. (2012). Online dating: a critical analysis from the perspective of psychological science. Psychological Science in the Public Interest.
  • · Joel, S., Eastwick, P. W., Finkel, E. J. (2017). Is romantic desire predictable? Machine learning applied to initial romantic attraction. Psychological Science.
  • · Montoya, R. M., Horton, R. S., Kirchner, J. (2008). Is actual similarity necessary for attraction? A meta-analysis of actual and perceived similarity. Journal of Social and Personal Relationships.
  • · Ferrer Pérez, V. A., Bosch Fiol, E., Navarro Guzmán, C. (2010). Los mitos románticos en España. Boletín de Psicología, 99.

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