Estilos de relación
En qué se diferencian las personas dentro de una relación cuando ya has descontado el apego: cómo se construye de verdad el compromiso, qué es una conducta de mantenimiento, qué haces en los diez minutos siguientes a una decepción y por qué lo que crees que es una relación cambia lo que pasa dentro de ella.
Ciencia de las relaciones
Un estilo de relación es el conjunto de hábitos con los que una persona hace sus relaciones: cuánta cercanía busca, qué oye en lo que le dicen, qué hace cuando el otro lo está pasando mal y a qué recurre cuando la han decepcionado. Es una descripción de conducta, no un tipo de persona.
Si preguntas qué clase de pareja es alguien, en español la respuesta casi siempre será de apego: ansioso, evitativo, seguro. Ese marco se ganó su sitio y tiene entradas propias —— la teoría del apego explica qué es, y el apego seguro adquirido explica la parte que más falta hace saber, que es que se mueve.
Esta entrada va de todo lo demás, porque el apego ha desplazado a un conjunto de hallazgos mejor evidenciados, más concretos y bastante más útiles —— que además comparten una propiedad que el género del test de estilos tiende a esconder.
Las diferencias que predicen lo que le pasa a una relación son sobre todo diferencias en lo que la gente hace, no en lo que es. Son hábitos con nombre, casi todos se aprenden, y la investigación sobre ellos tiene décadas.
Cómo se construye de verdad el compromiso
El modelo de inversión de Rusbult es la estructura más duradera de esta literatura, y lo que lo hace importante es que separa dos cosas que todo el mundo mezcla: lo buena que es esta relación y lo probable que es que te quedes.
Hay tres cosas que predicen el compromiso, y la satisfacción es solo una:
- Satisfacción —— lo gratificante que resulta la relación en comparación con lo que esperabas.
- Inversión —— lo que hay metido dentro y se va con ella. Años, un piso, amigos comunes, un idioma que solo hablas con esa persona, una versión de ti que solo existe ahí.
- Calidad de las alternativas —— lo buenas que son las opciones realistas, incluida la de estar solo.
El metaanálisis de Le y Agnew, que reunió décadas de estudios, encontró que las tres predicen el compromiso, y que el compromiso predice si la gente sigue junta más adelante. Esa es la parte ordenada.
La parte incómoda es lo que implica. La inversión y las alternativas suben el compromiso con independencia de la satisfacción —— lo que quiere decir que el modelo explica, sin necesidad de apelar a nada patológico, por qué hay gente que se queda en relaciones que dejaron de ser buenas. No les pasa nada. Tienen doce años y una hipoteca dentro, y cuarenta y uno encima. Ese es el mecanismo, y nombrarlo sirve más que un diagnóstico: es la misma lógica por la que cuesta tanto abandonar una carrera en la que ya has metido una década, y es la razón por la que las relaciones unilaterales son tan estables.
Donde la gente sí se diferencia de verdad es en el peso que le da a cada cosa. Hay personas cuyo compromiso sigue de cerca a la satisfacción y se mueve deprisa cuando esta baja. Hay otras ancladas por la inversión, que apenas registran la satisfacción hasta que lleva mucho tiempo perdida. Ninguna de las dos es una virtud. Simplemente fallan de maneras distintas.
Mantenimiento: el hallazgo poco lucido
Canary y Stafford preguntaron qué hace concretamente la gente casada para sostener una relación, y salió una lista lo bastante corta como para recordarla:
- Positividad —— ser agradable de tener cerca, a propósito, también cuando no te apetece.
- Apertura —— hablar de la relación misma y no solo a través de ella.
- Garantías —— decir en voz alta que hay un futuro y que la otra persona está en él.
- Redes comunes —— pasar tiempo con la gente compartida, ser la pareja de alguien en público.
- Reparto de tareas —— hacer tu parte del trabajo doméstico, que es una conducta de relación y no una cuestión logística.
El metaanálisis de Ogolsky y Bowers encontró que esas conductas correlacionan con satisfacción, compromiso, amor y aprecio a lo largo de toda la literatura. No es un resultado sorprendente. Merece la pena decirlo igualmente, porque la energía que dedica la gente a averiguar de qué tipo es resulta desproporcionada frente a la que dedica a las cinco cosas que tienen evidencia detrás.
Sobre la quinta hay algo que la versión inglesa de esta lista puede dejar como un ítem más y en español no: el reparto de tareas no es un apartado menor de la lista, es donde más se descuadra. En los países hispanohablantes la diferencia entre lo que hace una persona y otra en casa sigue siendo grande y sigue teniendo un sesgo conocido, así que ese ítem concreto rara vez se descuida por igual en los dos lados. Cuando alguien dice que en su relación «no pasa nada, simplemente estamos cansados», bastante a menudo está describiendo esta casilla.
Fíjate en qué clase de variable es todo esto. El mantenimiento no es un rasgo que tengas; es un conjunto de conductas que varía de una semana a otra, que decae de forma previsible en cuanto una relación se siente asentada, y que se puede retomar un martes. Quien hace poco mantenimiento no es un tipo evitativo. Es una persona que ha dejado de hacer algo.
Qué haces en los diez minutos siguientes a una decepción
La diferencia de conducta más nítida entre unas personas y otras aparece en una ventana muy estrecha: justo después de que la otra persona haya hecho algo desconsiderado.
Rusbult y colegas lo llamaron acomodación —— la disposición a responder de forma constructiva cuando tu pareja acaba de portarse mal, en lugar de devolvérselo. Hay cuatro movimientos disponibles y todo el mundo usa los cuatro, en proporciones distintas:
- Voz —— sacarlo, activamente, con la intención de arreglarlo.
- Lealtad —— esperar, sostener la posición, dejar que pase.
- Salida —— escalar, amenazar la relación, irse de la habitación o de la conversación.
- Abandono —— retirar el esfuerzo, enfriarse, dejar que se pudra en silencio.
Los dos primeros son constructivos, los dos últimos destructivos, y el hallazgo es que el impulso destructivo suele ser el más rápido. La acomodación es lo que ocurre cuando algo lo sobrepasa, y lo que lo sobrepasa es en buena medida el compromiso. Aquí vive buena parte de lo que se describe como compatibilidad: no en si dos personas chocan, que van a chocar, sino en a qué recurre cada una en los diez minutos de después. La segunda mitad de eso está en conflicto y reparación, y si lo tuyo es irte a dentro en vez de hacia fuera, por qué me quedo callado durante las discusiones describe ese movimiento concreto.
El abandono merece una nota aparte, porque es el que se queda sin nombre. No produce ninguna discusión y por tanto no deja registro, y una relación puede perder tres años dentro de él mientras las dos personas cuentan que nunca discuten.
La media naranja es una creencia de destino con nombre propio
El trabajo de Knee sobre teorías implícitas identificó una diferencia que está por debajo de todo lo anterior: lo que cada persona cree en privado que es una relación.
Las creencias de destino sostienen que dos personas encajan o no encajan, y que eso es un hecho que se descubre. Las creencias de crecimiento sostienen que las relaciones se construyen, y que la dificultad forma parte de construirlas en vez de ser una prueba en contra.
Knee encontró que predicen conductas distintas, sobre todo al principio. Quien va con la creencia de destino lee el roce temprano como diagnóstico —— señal de haber leído mal la situación —— y se marcha antes cuando aparece. Quien va con la de crecimiento lee ese mismo roce como trabajo y se queda a hacerlo. Ninguna de las dos es correcta siempre: la lectura de destino saca a alguien deprisa de algo que no le convenía, y la de crecimiento puede mantener a alguien dentro de algo que debía terminar.
Aquí el español no necesita que le expliquen qué es una creencia de destino, porque la tiene montada, con nombre y con refranero: la media naranja. Y conviene ver qué promete exactamente, porque no es lo mismo que el soulmate anglosajón. El alma gemela promete afinidad: alguien que siente lo mismo. La media naranja promete complementariedad, que es más difícil de discutir. La fruta se parte en dos mitades que no son idénticas y que encajan precisamente porque no lo son.
Con esa imagen instalada, la diferencia entre dos personas deja de ser información y pasa a ser prueba. Si la cosa va bien, las asperezas confirman que la otra persona era la mitad que faltaba. Si va mal, la conclusión disponible no es que falte trabajo sino que te has equivocado de mitad. Las dos lecturas cierran la misma pregunta.
Y no es una creencia minoritaria. Ferrer, Bosch y Navarro midieron la aceptación de los mitos románticos en una muestra representativa de 1.351 personas en España. La cifra que más se cita es la de la predestinación —— algo más de la mitad —— pero la que hace daño en este asunto concreto es otra: cerca de tres cuartas partes suscriben que el amor verdadero lo puede todo. Ahí está el problema, y es exactamente el reverso de una creencia de crecimiento: si el amor verdadero lo puede todo, entonces una relación en la que hace falta arreglar algo se lee como una relación en la que el amor no era del todo verdadero, y el trabajo de reparar queda bajo sospecha antes de empezar.
Lo demás que arrastra ese guion —— la fusión como ideal, la necesidad que no se dice porque el otro «debería saberla» —— está en necesidades emocionales y en dependencia emocional e interdependencia, y la familia de términos vecinos (llama gemela, alma gemela, relación kármica) en su propia entrada.
Merece la pena notar además que la creencia de destino es aquello sobre lo que está construida la industria entera del test de compatibilidad, incluida la idea de que pueda existir un porcentaje. Lo que dice la evidencia sobre eso tiene entrada propia y no es lo que casi nadie espera: compatibilidad.
Para qué sirve leer un estilo
Leído todo junto, el cuadro es este. Un estilo de relación es una descripción de hábitos: la cercanía que buscas, lo que oyes en lo que te dicen, lo que haces cuando el otro está mal y a qué recurres cuando te han fallado. Esos hábitos son lo bastante estables como para que valga la pena nombrarlos y lo bastante flojos como para que valga la pena cambiarlos, que es la única combinación en la que nombrarlos sirve de algo.
El Test de Estilo Relacional lee ese lado de conducta en lugar de clasificarte en un tipo, que es la forma correcta para una cosa que se mueve. Tómalo como una descripción de tus hábitos de ahora, no de tu carácter.
Lo que no puede hacer: decirte si estar con alguien. No hay un estilo que sea el correcto, no hay una pareja de estilos que sea la recomendada y —— con la mejor evidencia disponible —— no hay ninguna forma útil de calcular el encaje entre dos personas. Tampoco diagnostica nada. Los estilos de apego no son trastornos, y una puntuación baja en mantenimiento tampoco.
Dónde un profesional es la dirección correcta: si lo que estás llamando diferencia de estilo incluye miedo, coacción, vigilancia, aislamiento de la gente que te conoce o que te convenzan de que no recuerdas bien lo que pasó, eso no es un estilo, y la entrada es relaciones tóxicas y no esta. Y para el caso corriente —— dos personas que se quieren y han acabado en una forma que ninguna de las dos eligió —— la terapia de pareja es lo que existe, y es un trabajo más fácil antes de que una de las dos ya lo haya decidido.
fuentes
- · Rusbult, C. E. (1980). Commitment and satisfaction in romantic associations: a test of the investment model. Journal of Experimental Social Psychology.
- · Le, B., Agnew, C. R. (2003). Commitment and its theorized determinants: a meta-analysis of the Investment Model. Personal Relationships.
- · Rusbult, C. E., Verette, J., Whitney, G. A., Slovik, L. F., Lipkus, I. (1991). Accommodation processes in close relationships: theory and preliminary empirical evidence. Journal of Personality and Social Psychology.
- · Canary, D. J., Stafford, L. (1992). Relational maintenance strategies and equity in marriage. Communication Monographs.
- · Ogolsky, B. G., Bowers, J. R. (2013). A meta-analytic review of relationship maintenance and its correlates. Journal of Social and Personal Relationships.
- · Knee, C. R. (1998). Implicit theories of relationships: assessment and prediction of romantic relationship initiation, coping, and longevity. Journal of Personality and Social Psychology.
- · Ferrer Pérez, V. A., Bosch Fiol, E., Navarro Guzmán, C. (2010). Los mitos románticos en España. Boletín de Psicología, 99.
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