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Cambiar el estilo de apego (apego seguro adquirido)

Llegar a la seguridad en la vida adulta sin haberla tenido de niño: qué encontró la investigación, por qué rutas ocurre y qué no hace falta para ello.

Ciencia de las relaciones

El apego seguro adquirido es llegar a un patrón de apego seguro en la vida adulta sin haber tenido una infancia segura. El término viene de la investigación evolutiva, donde se identificó a un grupo de adultos que describían una crianza difícil y sin embargo funcionaban en sus relaciones como personas de apego seguro.

Es el hallazgo más importante de toda esta área y el que peor se cuenta. Lo que afirma no es que el estilo de apego cambie con facilidad, ni que cambie por decidirlo. Afirma que el estilo de apego es una expectativa aprendida sobre qué hacen los demás con lo que uno necesita, y las expectativas se actualizan cuando cambia la evidencia. Todo lo demás sale de ahí.

«Apego», «desapego» y «dependencia emocional»

La palabra llega en español con dos capas que en inglés no pesan. La primera es que «apego» en el habla corriente significa aferrarse. De ahí que la virtud que circula sea el «desapego»: soltar, no depender, quererse a uno mismo primero. Con ese fondo, «apego seguro» suena a contradicción. La [teoría del apego](/base/attachment-theory) no mide cuánto te aferras, sino a quién recurres cuando tienes miedo y qué esperas que pase cuando lo haces. Alguien seguro depende de su pareja con normalidad, y eso es lo que el sistema hace cuando funciona.

La segunda es la «dependencia emocional», una categoría muy asentada en el mundo hispanohablante y sin equivalente de ese peso en inglés. Se usa como si fuera un diagnóstico, con su cura. El problema práctico es que empuja a una pregunta equivocada —— si está enfermo o no —— cuando la pregunta útil es qué espera que ocurra cuando pide algo. Un patrón ansioso no es una enfermedad con remisión: es una predicción muy entrenada, y las predicciones se corrigen con datos, no con fuerza de voluntad.

Queda el propio término. «Adquirido» suena médico, como si se cogiera. «Ganado» suena a mérito, como si se cobrara por esfuerzo. Ninguna de las dos cosas: lo que nombra el original es un recorrido —— inseguro antes, seguro después —— y no un premio ni un ascenso.

Qué encontró la investigación, y sobre quién

El trabajo de Roisman y sus colegas dio rigor a la categoría, y dice más que la versión divulgada.

Primero, la muestra. Es el estudio longitudinal de Minnesota: familias estadounidenses de renta baja seguidas desde antes del nacimiento. No es una muestra hispanohablante ni una muestra de población general.

Segundo, hay dos definiciones y no coinciden tanto como se supone. La retrospectiva identifica a quien, en la Entrevista de Apego Adulto, narra una infancia difícil de forma coherente. La prospectiva identifica a quien tuvo una crianza medida en su momento y efectivamente insegura. Los clasificados por la vía retrospectiva informaban de más síntomas depresivos; por la vía prospectiva esa diferencia no aparecía. Es decir, parte de lo que capta la clasificación retrospectiva no es que la infancia fuera mala, sino que el estado de ánimo actual oscurece cómo se cuenta.

Donde sí coinciden: las relaciones de pareja de este grupo se valoraban, desde fuera, igual que las de quienes habían sido seguros desde el principio. La seguridad adquirida no es un estado en el que la historia dejó de importar, sino uno en el que ya no decide cómo te comportas dentro de una relación. El coste no desapareció; el patrón cambió.

El otro hallazgo robusto: la seguridad del apego aumenta a lo largo de una psicoterapia, con distintos enfoques y medida casi siempre como resultado secundario. El metaanálisis de Levy lo encuentra de forma consistente. Ninguna terapia está indicada «para el apego», porque el apego no es un trastorno; pero la seguridad se mueve cuando la expectativa de fondo queda desmentida muchas veces, y la consulta es de los sitios donde eso pasa con más fiabilidad.

Una última precisión sobre la medición. La Entrevista de Apego Adulto dura cerca de una hora y se puntúa por la coherencia del relato, no por lo que se cuenta. Los cuestionarios de internet miden otra cosa, y nuestro test de estilo de apego también: sirve como mapa, no como clasificación clínica.

Las tres rutas

Una relación con alguien seguro. La ruta más frecuente y la más lenta. La experiencia repetida de plantear una necesidad y que sea atendida, durante años, actualiza el modelo. Y no se actualiza en los tramos buenos, sino cuando algo se rompe y después hay conflicto y reparación de verdad. Conviene decir lo incómodo: no es un rescate ni se le puede asignar a la pareja como tarea. Leerlo como «si me junto con alguien seguro, se me pasa» es la forma habitual de convertir a la otra persona en terapeuta y perder las dos cosas.

La terapia. La ruta fiable más rápida. Pesa más la duración del proceso y el vínculo con quien te atiende que el enfoque concreto —— y ese vínculo es, para cualquier persona con apego inseguro, el primer sitio donde el patrón aparece y por tanto el primero donde se puede trabajar. Aquí hay que añadir lo que la versión inglesa no necesita: el acceso no es parejo. En la sanidad pública española la ratio de psicólogos clínicos ronda un tercio de la media europea, con listas de espera que hacen inviable un proceso largo, y en buena parte de América Latina la atención psicológica sostenida es privada o depende de programas universitarios. El dato no cambia la eficacia de la terapia; cambia quién llega a ella, y por eso las otras dos rutas no son aquí un complemento menor.

La práctica deliberada. Infravalorada, y realmente eficaz en combinación con las otras. Es conductual: decir la cosa cuando va por un cinco sobre diez en vez de esperar al nueve, quedarse noventa segundos más allá de lo cómodo, pedir directamente en lugar de poner a prueba. La creencia cambia después de la conducta, no antes —— por eso esperar a sentirse lo bastante seguro para actuar con seguridad no funciona: el orden es el inverso.

Lo que no hace falta

Cuatro requisitos que se dan por supuestos y no lo son.

Reconciliarse con la familia. Al grupo de seguridad adquirida lo caracterizaba un relato coherente de lo que pasó, no haber reparado las relaciones. Entender y hacer las paces son cosas distintas, y la segunda no siempre es posible ni recomendable.

Acordarse de todo. El marcador es la coherencia, no la exhaustividad.

Estar soltero primero. Ninguna evidencia sostiene que haya que resolver el patrón a solas antes de tener derecho a una relación. Las relaciones son uno de los sitios principales donde se resuelve.

Sentirse seguro. La seguridad es un conjunto de expectativas que se expresan en la conducta, no una sensación de confianza. Mucha gente con seguridad adquirida sigue notando la alarma antigua y ya no actúa según ella.

Cuánto tarda, en serio

Meses o años, no semanas. Una predicción construida con miles de datos de la infancia no se revisa con tres buenas conversaciones.

Hay dos cosas sobre la forma del cambio que conviene esperar. La primera: el progreso es irregular y el estrés devuelve el patrón antiguo con bastante fiabilidad. Eso es un hábito que reaparece bajo carga, no la prueba de que no cambió nada —— darle ese sentido cada vez es el camino corto a la rumiación y al abandono. La segunda: lo primero que se mueve suele ser el hueco entre el impulso y la acción. Te ves a punto de retirarte, o a punto de escalar, un poco antes de hacerlo. Ese hueco es pequeño, es donde se construye todo lo demás, y es mucho mejor indicador temprano que sentirse distinto.

Una cosa más. La seguridad es más específica de cada vínculo de lo que admiten casi todas las descripciones. Alguien puede ser establemente seguro con una persona y no con otra. Eso no es un fracaso del trabajo hecho: es información sobre esa relación.

fuentes

  • · Roisman, G. I., Padrón, E., Sroufe, L. A., Egeland, B. (2002). Earned-secure attachment status in retrospect and prospect. Child Development.
  • · Levy, K. N., Johnson, B. N., Kivity, Y., et al. (2018). Attachment style and psychotherapy outcome. Psychotherapy Research.
  • · Mikulincer, M., Shaver, P. R. (2016). Attachment in Adulthood, 2nd ed. — Chapter 14.
  • · Johnson, S. M. (2019). Attachment Theory in Practice.

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