Todo se ha asentado durante la noche y ninguno de los dos ha dicho nada. Se hace el café. Hay una ventana en algún punto de la próxima hora para reabrir el tema, y casi todo lo que viene a la cabeza o reinicia la discusión o la entierra.
La reapertura es la parte que casi nadie planea, lo cual resulta extraño, porque la evidencia dice que decide la mayor parte del resultado.
3 min
de una conversación de conflicto bastaron para predecir el desenlace de una pareja seis años después
124
parejas recién casadas en aquel estudio
21 min
de escritura repartidos en un año que frenaron la caída de la calidad conyugal
74
estudios reunidos en el metaanálisis de demanda y retirada
Antes de nada: en español aplazar no es neutral
Casi todo el consejo sobre esto viene traducido del inglés y trae una premisa metida sin declarar, que es que lo sensato es dejarlo para mañana. Conviene mirarla, porque en castellano no llega en blanco.
La pragmática del español coloquial lleva décadas describiendo una conversación donde el desacuerdo dicho a la cara no es una agresión sino una forma de cercanía. Briz, trabajando sobre corpus de conversación espontánea, describe la atenuación como una estrategia que se usa poco justamente donde hay confianza: entre íntimos, hablar sin rodeos es lo cortés, y suavizar de más marca distancia en lugar de cuidado.
Esto cambia lo que significa irse a dormir sin decir nada. En un registro donde la cercanía se demuestra hablando encima, el aplazamiento silencioso no se recibe como prudencia. Se recibe como retirada, y está a un paso de la ley del hielo, que es otra cosa y hace otro daño.
Y no es homogéneo. El rioplatense y buena parte del Caribe toleran el volumen mejor que el registro del altiplano mexicano o el andino, donde la misma discusión se lee como grosera antes. Dos personas de países distintos pueden estar teniendo la misma discusión y no la misma pelea.
Así que la pregunta de esta página no es si conviene esperar. Es más concreta: la mañana siguiente sirve cuando anoche no se dijo nada, o cuando se dijo por encima de la temperatura a la que alguien podía escuchar. Si anoche se dijo todo y se reparó, no hay nada que reabrir y comprobarlo cuatro veces lo estropea.
La apertura es casi toda la conversación
Carrère y Gottman publicaron el hallazgo en 1999. Cogieron 124 parejas recién casadas en Estados Unidos, grabaron quince minutos de discusión sobre un desacuerdo real, codificaron el afecto en cinco intervalos de tres minutos y siguieron a las parejas durante seis años. Diecisiete se divorciaron.
Esas diecisiete se distinguían desde los tres primeros minutos. Las parejas que después se separaron abrieron con bastante más afecto negativo y menos positivo que las que siguieron juntas, y en el caso de las mujeres el poder predictivo de los tres primeros minutos no era peor que el de los doce restantes.
El resultado se exagera con frecuencia en dirección a la profecía, y conviene ser preciso sobre qué muestra y qué no. Es un estudio de 124 parejas en un solo sitio, y la codificación capta cómo se entró en una conversación y no qué se dijo. Lo que sostiene es más estrecho que una bola de cristal y más útil: la temperatura de la apertura no es un preliminar de la conversación. Es en buena medida la conversación.
Por eso la mañana siguiente importa más de lo que parece. La apertura se elige desde parado, a propósito, y no se produce en el calor de lo original.
Las cuatro aperturas que se usan de verdad
| Qué se dice | Qué está preguntando en realidad | Qué suele recibir de vuelta |
|---|---|---|
| Oye, lo de anoche | ¿Esto sigue en pie? | Una postura defensiva, porque el marco es sin resolver y no resoluble |
| Perdona, dejémoslo estar | ¿Podemos cortar la incomodidad ya? | Acuerdo, y la misma discusión dentro de tres semanas |
| Nada, y un tono normal | ¿Podemos hacer como que no? | Alivio, y un punto añadido a una lista que nadie lleva en papel |
| He estado dándole vueltas a lo que dije | ¿Puedo ir yo primero? | Casi siempre, una respuesta del mismo tipo |
La cuarta fila es la única que ofrece algo antes de pedir algo, y esa asimetría es el mecanismo, no la cortesía. Las otras tres exigen que la otra persona haga la primera concesión, que es el movimiento que nadie hace a las ocho de la mañana.
La segunda merece un matiz que en inglés no hace falta. Allí el perdón rápido se lee como debilidad. En español es un movimiento de afiliación bastante aceptado y a veces funciona de verdad, sobre todo cuando lo que se pide perdón es el tono. Lo que lo estropea no es pedir perdón pronto sino pedirlo por todo, porque un perdón que cubre el contenido además del tono cierra el asunto sin haberlo mirado, y lo que queda debajo sale más tarde.
Reparar no es pedir perdón
Las dos cosas se mezclan sin parar y hacen trabajos distintos.
Pedir perdón es una afirmación sobre la culpa. Cierra una pregunta y, si la culpa está en disputa, abre otra mayor. Reparar es un movimiento que baja la temperatura para que la conversación pueda seguir, y no requiere que nadie haya concedido nada. Una frase como eso me ha salido más duro de lo que quería es una reparación. Una frase como tenías razón y yo estaba equivocado es una disculpa, y puede ser verdad y puede hacer falta y es otro instrumento.
Lo que separa a las parejas que salen bien de un mal intercambio no es que tengan menos malos intercambios. Es que uno ofrece algo que baja la temperatura y el otro lo coge. Coger es la mitad más rara y casi nunca se comenta, probablemente porque implica aceptar un gesto mientras uno sigue enfadado.
La revisión de Overall y McNulty sobre comunicación en el conflicto añade un hallazgo que casi ningún consejo cuenta, porque no gusta. La comunicación que sienta bien en el momento, la suave y acomodaticia, se asocia a satisfacción a corto plazo y a menudo a que no cambie nada. La comunicación directa y de valencia negativa sienta peor y, en relaciones con un problema real que resolver, se asocia más a menudo con mejora efectiva a lo largo del tiempo. Ser amable con el asunto y arreglarlo no son el mismo proyecto.
El patrón que complica la mañana
La demanda y retirada es la forma mejor medida de la investigación de pareja. Schrodt, Witt y Shimkowski reunieron 74 estudios con 14.255 personas y encontraron una asociación moderada, en torno a .36, entre el patrón y peores resultados individuales, relacionales y comunicativos.
El día después de una discusión es donde se renueva. Una persona quiere la conversación terminada porque un asunto sin resolver le resulta intolerable. La otra quiere primero un día de vida normal porque la noche anterior gastó todo lo que había. Las dos posturas son razonables. Ejecutadas a la vez, la primera se lee como presión y la segunda como negativa, y la segunda discusión empieza sin que ninguno haya decidido empezarla.
El arreglo estructural es el mismo que funciona durante la discusión, movido doce horas. Una hora, dicha en voz alta, acordada por los dos. Ni una promesa de hablar en algún momento, que la mitad que persigue oye correctamente como nunca, ni una emboscada durante el desayuno. Lo que lo hace funcionar es que le da a una persona la salida y a la otra la garantía, que es el único arreglo que atiende a las dos. Qué hacer cuando el otro se calla del todo está en qué decir cuando se quedan callados.
La intervención que funcionó era muy pequeña
En 2013 Finkel y su equipo hicieron algo que merece la pena conocer. Siguieron a 120 parejas durante dos años y a la mitad les pidieron, tres veces durante el segundo año, que dedicaran siete minutos a escribir sobre su desacuerdo reciente más importante desde el punto de vista de un tercero neutral que quisiera lo mejor para todos.
Veintiún minutos de escritura repartidos en un año. Los dos grupos perdieron calidad conyugal durante el primer año. En el segundo, el grupo de control siguió cayendo y el de escritura no, y el efecto pasó por una reducción del malestar asociado al conflicto y no por ningún cambio en la frecuencia de las discusiones.
Las parejas no discutieron menos. Dejaron de sufrir tanto por discutir, que resulta ser la variable que hacía el daño. Eso es bastante menos romántico que lo que se ofrece habitualmente, y es lo que tiene un diseño aleatorizado detrás.
La lectura práctica para la mañana siguiente no es que todo el mundo deba llevar un diario. Es que la mirada del tercero está disponible gratis antes de que empiece la conversación, y que treinta segundos de adoptarla cambian qué frase sale primero.
Lo último que hay que decir no es agradable. Algunas discusiones no deberían reabrirse al día siguiente, porque el tema no era el tema y el quinto episodio tampoco se va a resolver con una apertura mejor. Un patrón necesita un domingo por la tarde y otra conversación. Pero el episodio suelto, reabierto bien, es lo que impide que el patrón acumule intereses, y eso vale la hora incómoda. Lo que pasa con el episodio que no se reabre está en por qué no puedo dormir después de discutir.
Sources
- Carrère, S., Gottman, J. M. (1999). Predicting divorce among newlyweds from the first three minutes of a marital conflict discussion. Family Process, 38(3).
- Schrodt, P., Witt, P. L., Shimkowski, J. R. (2014). A meta-analytical review of the demand/withdraw pattern of interaction. Communication Monographs, 81(1).
- Finkel, E. J., Slotter, E. B., Luchies, L. B., Walton, G. M., Gross, J. J. (2013). A brief intervention to promote conflict reappraisal preserves marital quality over time. Psychological Science, 24(8).
- Overall, N. C., McNulty, J. K. (2017). What type of communication during conflict is beneficial for intimate relationships? Current Opinion in Psychology, 13.
- Briz, A. Atenuación y cortesía verbal en la conversación coloquial: su tratamiento en la clase de ELE. Actas del Programa de Formación para el profesorado de ELE, Instituto Cervantes de Múnich, 2005-2006.
- Gottman, J. M., Levenson, R. W. (2000). The timing of divorce: predicting when a couple will divorce over a 14-year period. Journal of Marriage and Family, 62(3).