← Base de conocimiento
📈

Las etapas que se dan por supuestas

Conocerse, ser novios, convivir, hipoteca, boda, hijos. La secuencia que nadie acordó, qué decisiones distintas mete en cada peldaño y qué pasa al bajarse.

Ciencia de las relaciones

Casi todo el mundo lleva en la cabeza un orden que nunca acordó. Conocerse, estar conociéndose, ser novios, presentar a la familia, irse a vivir juntos, firmar algo —— una hipoteca, un registro, una boda ——, tener hijos y seguir así hasta el final. Cada peldaño se espera después del anterior, ninguno se salta, y retroceder en cualquiera se lee como un fracaso.

La periodista Amy Gahran bautizó esa secuencia en 2017 como relationship escalator, la escalera mecánica de la relación: una dirección, un orden fijo y ninguna manera elegante de bajarse a mitad de trayecto. El término no ha cuajado en español, así que aquí no se traduce una palabra, se describe el orden. Lo interesante es que ese orden, escrito en inglés, no es el mismo que se sigue en español.

Qué mete cada peldaño dentro

La lista importa menos que lo que cada paso arrastra sin decirlo.

  • Conocerse y «estar conociéndose» —— una fase sin nombre legal y con nombre social, en la que ya se presume dirección
  • Ser novios —— la exclusividad llega, normalmente en una sola conversación que resuelve a la vez el sexo, las otras personas y el título
  • Presentar a la familia —— el paso que en español convierte la relación en asunto de dos casas, no de dos personas
  • Irse a vivir juntos —— y con ello el dinero, los horarios y el domicilio
  • Formalizar —— boda, pareja de hecho, o la hipoteca, que se explica aparte
  • Hijos y permanencia —— a partir de aquí durar es la medida del éxito, de modo que cualquier final cuenta como derrota independientemente de lo que fuera la relación

Ahí está el truco. Exclusividad, convivencia, dinero común, estatus legal y permanencia son cinco decisiones separadas que la secuencia trata como una sola. Casi nadie las separa, y por eso «¿qué somos?» y «¿nos vamos a vivir juntos?» acaban siendo tan a menudo la misma conversación celebrada dos veces.

En España la hipoteca pesa más que la boda

Dos peculiaridades cambian el dibujo.

La primera es que el peldaño de convivir y el de comprometerse económicamente suelen ser el mismo acto. Con una de las edades de emancipación más altas de Europa, mucha gente no pasa por una etapa de vivir sola: se sale de casa de los padres directamente a la casa compartida con la pareja, y con frecuencia a una hipoteca. La versión inglesa da por supuesto un periodo de independencia previa que aquí, para bastantes personas, no existe.

La segunda es cuál es el paso difícil de deshacer. El divorcio en España es rápido y no exige causa desde la reforma de 2005. Una hipoteca a treinta años firmada por dos no se deshace en tres meses, y la entidad no tiene ningún interés en liberar a nadie. La pareja que cree estar dando el paso reversible antes del irreversible suele tenerlo justo al revés.

Y hay un reloj que en inglés se describe como tácito y aquí se dice en voz alta. «Formalizar», «sentar la cabeza», «¿para cuándo la boda?», «¿y los niños?». La secuencia no hace falta deducirla: la enuncian en las comidas familiares, con fechas. Queda además un subpaso propio, iglesia o juzgado, que rara vez es una cuestión de fe y casi siempre una negociación entre dos familias.

En América Latina el orden es otro

Aquí conviene ser claro, porque el relato anglosajón presenta su secuencia como el defecto de todo el mundo y no lo es.

En buena parte de América Latina la unión consensual —— unión libre, convivencia, concubinato —— no es un peldaño previo a la boda: es la forma mayoritaria de formar pareja y muchas veces la definitiva. La proporción de uniones no registradas es alta y lleva siéndolo generaciones, no es un fenómeno reciente importado de ningún sitio. Y con ella el orden cambia de verdad: los hijos llegan con frecuencia antes que el matrimonio, cuando el matrimonio llega, de modo que el peldaño que el inglés coloca al final aparece a mitad o no aparece.

Eso obliga a rebajar la afirmación central de ese relato. La secuencia existe, y sigue funcionando como vara de medir —— la presión de «formalizar» se nota precisamente en los sitios donde mucha gente no formaliza. Pero no es una ley de la naturaleza de las relaciones: es una costumbre con geografía, y quien vive en una unión libre de veinte años con hijos no está a mitad de una escalera.

Qué cambia cuando la secuencia tiene nombre

Pasan dos cosas.

La primera: una relación que no va por ese orden deja de tener que defenderse. Una pareja de doce años con dos casas no está atascada en el cuarto peldaño; ha decidido distinto en una de las cinco decisiones que la secuencia junta. Es exactamente el caso de la pareja que no convive, y también el de una relación queerplatónica, que se queda con el compromiso y la vida compartida y suelta el supuesto romántico.

La segunda es más útil para quien sí va subiendo: cada paso se convierte en una decisión con motivo, en lugar de en lo siguiente.

Eso importa porque la investigación es bastante clara en que los peldaños no hacen lo que se les atribuye. Convivir antes no reduce de forma fiable el riesgo de divorcio, y el trabajo de Stanley y colegas sugiere que la diferencia está en si la pareja decidió o simplemente se deslizó —— con muestras estadounidenses. Casarse no resuelve los conflictos que ya había. Juntar el dinero no crea intimidad. Lo que Finkel documenta es otra cosa: que a una sola relación se le pide cada vez más de lo que antes se repartía entre mucha gente. Los peldaños son compromisos reales con consecuencias reales; simplemente no son el mecanismo por el que una pareja funciona.

La versión que sirve aunque no te bajes

No hace falta bajarse para que el concepto valga algo. La pregunta práctica es una sola: de los peldaños en los que estás, cuáles elegiste y cuáles te tocaban.

Esa pregunta saca siempre el mismo material. Qué significa para cada uno estar cerca. Cuánta autonomía necesita cada uno dentro de un compromiso. Y qué crees que el otro te debe una vez dado un paso —— que es donde vive el rencor cuando la exclusividad se dio por hablada sin hablarse. Son preguntas de apego y de límites con otra ropa, y por eso una pareja que discute sobre mudarse juntos casi nunca está discutiendo sobre vivienda. Saber cuál es tu estilo de apego no contesta ninguna de ellas, pero explica por qué te pones así al oírlas.

fuentes

  • · Gahran, A. (2017). Stepping Off the Relationship Escalator: Uncommon Love and Life.
  • · Finkel, E. J., Hui, C. M., Carswell, K. L., Larson, G. M. (2014). The Suffocation of Marriage. Psychological Inquiry.
  • · DePaulo, B. (2006). Singled Out — on the social assumptions attached to relationship progression.

Más de la base de conocimiento