← Base de conocimiento
💜

Compañeros de vida sin romance

Un compromiso de pareja sin relación romántica, y que no aspira a serlo. Qué contiene, por qué el nombre en español estorba y qué reconoce el derecho.

Ciencia de las relaciones

Hay vínculos que tienen el compromiso, la prioridad y la vida compartida que se reservan a una pareja romántica, y que no son románticos ni quieren serlo. No son amistades muy buenas: son la relación principal de dos personas, acordada como tal. El inglés los llama queerplatonic relationships, QPR, un término que salió hacia 2010 de las comunidades asexuales y arrománticas.

En español ese nombre no funciona, y conviene decirlo antes de seguir. «Queer» aquí no habla de orientación sexual, sino del sentido antiguo de torcido: la relación está en ángulo respecto de las categorías disponibles. Y «platónico», en español, ya significa otra cosa —— amor no correspondido, alguien inalcanzable ——, de modo que el calco sugiere justo lo contrario de lo que describe. Lo que existe aquí no es un amor que no se pudo tener: es un compromiso que sí se tiene y que no es romántico.

La media naranja, dicha de otro modo

La filósofa Elizabeth Brake puso nombre al supuesto de fondo: amatonormatividad, la idea de que una relación romántica exclusiva es la meta alrededor de la cual todo el mundo debería organizar su vida.

El español ya tenía su propia versión, y es mucho más eficaz que el término académico: la media naranja. Media. Es decir, que hasta que aparezca la otra mitad no eres una pieza entera. Alrededor de ese modismo viven «¿y tú para cuándo?», «sentar la cabeza» y la costumbre de preguntar por la pareja de alguien antes que por casi cualquier otra cosa de su vida.

Ahí está la dificultad práctica. Quien tiene una persona principal sin que haya romance se queda sin palabra. «Amigo» se queda corto hasta la injusticia; «pareja» dice algo que no es cierto. En inglés se inventó un término deliberadamente ridículo, zucchini, precisamente porque no había ninguno serio; en español se traduce a veces como «calabacín», lo cual no ha nombrado nada. La ausencia de palabra no es una curiosidad lingüística: es lo que obliga a explicarse en cada ventanilla.

Qué contiene

No hay forma estándar, y eso es justamente lo que la define: este vínculo se distingue por haber sido negociado en lugar de supuesto. Lo que más aparece:

  • Ser la persona principal del otro —— la primera llamada, el contacto de emergencia, el plan por defecto
  • Vivienda compartida, y con frecuencia también dinero
  • Compromiso a largo plazo, a veces formalizado con testamento, poderes o incluso matrimonio usado como herramienta
  • Contacto físico, en los términos que ponen los dos y no en los que impone la categoría
  • Criar juntos, en algunos casos

Frente a una amistad muy cercana, la diferencia es el compromiso explícito: se da por hecho que una amistad cede cuando una relación romántica lo necesita, y aquí no. Frente a una relación platónica sin más, la diferencia es de posición: esto ocupa el lugar que ocuparía una pareja. Y en el mapa de los pasos, es el caso de quien se queda con el compromiso y la vida en común y suelta el supuesto romántico de la secuencia habitual.

Qué reconoce el derecho, que es poco pero no nada

El punto de partida es malo. Las leyes de parejas de hecho suelen exigir una relación «análoga a la conyugal», y esa fórmula deja fuera por definición a dos personas que conviven y se comprometen sin ser pareja. No es que no encajen por falta de papeles: es que la definición pide justo lo que aquí no hay.

Hay una excepción, y es notable. El Código civil de Cataluña regula la relación convivencial de ayuda mutua (artículos 240-1 y siguientes): dos o más personas, parientes o simplemente amigas, que conviven compartiendo gastos y prestándose ayuda, expresamente sin ser pareja. Genera efectos jurídicos reales al extinguirse o al morir uno de los convivientes. Es, que se sepa, la única figura del mundo hispanohablante escrita pensando en esta situación, y casi nadie sabe que existe.

Fuera de ahí toca montarlo pieza a pieza: testamento, poderes notariales, medidas voluntarias de apoyo previstas para el caso de perder la capacidad de decidir, seguro con beneficiario designado, contrato de alquiler con dos titulares. Con dos advertencias que conviene oír antes y no después. La primera: si hay hijos o padres vivos, la legítima limita cuánto se puede dejar a alguien que no es familia, por mucho que lo diga el testamento. La segunda es más brutal y es la que pilla a todo el mundo: en el impuesto de sucesiones, quien no es pariente entra en el grupo peor tratado, sin reducción por parentesco y con coeficiente multiplicador. Se puede heredar la casa compartida y no poder pagar el impuesto de heredarla.

Quién los forma, y cómo terminan

Sobre todo personas arrománticas y asexuales, porque de ahí salió el vocabulario, pero ni de lejos solo. También quien quiere un compañero de vida y no un romance, quien tiene un vínculo que sencillamente no se deja leer como ninguna de las dos categorías, y quien está además en una relación romántica con otra persona.

Las dificultades son las de cualquier arreglo fuera del guion. Ninguna institución lo nombra. Hay que explicarse ante la familia, la empresa y el personal sanitario, que tienen un guion y es el equivocado. Y falta lo último, que es lo que más daño hace: no hay forma establecida de terminar uno.

Un divorcio tiene trámite, vocabulario y un protocolo social de reacción. Esto no tiene nada de las tres cosas. Se acaba una convivencia de años, un proyecto común y la persona con la que contabas para todo, y no hay ni siquiera un permiso laboral ni una frase hecha que lo nombre. Que un vínculo esté poco reconocido no lo hace menos denso, y la diferencia entre el dolor real y el reconocimiento disponible es, en la práctica, la queja más repetida por quienes pasan por ello.

Todo esto, junto, explica por qué estas relaciones dependen tanto de haber hablado pronto y en concreto: qué se promete, qué no, qué pasa si aparece una pareja romántica para uno de los dos. Donde no hay guion por defecto, dónde pones los límites no se hereda de ningún sitio; solo existe si se ha dicho.

Una nota sobre las fuentes: Chasin, Brake y Scherrer describen comunidades anglófonas. No hay literatura equivalente sobre el mundo hispanohablante, y la que hay sobre parejas no encaja aquí porque mide lo que estas relaciones no tienen.

fuentes

  • · Chasin, C. J. D. (2015). Making sense in and of the asexual community. Journal of Community & Applied Social Psychology.
  • · Brake, E. (2012). Minimizing Marriage — on amatonormativity.
  • · Scherrer, K. S. (2008). Coming to an asexual identity. Sexualities.

Más de la base de conocimiento