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Anestesia emocional: no sentir nada

Sentir poco, incluidas las cosas buenas: por qué el embotamiento suele ser la factura de sostener el sentimiento hacia abajo y no su ausencia, por qué reprimir no puede ser selectivo, y dónde está la línea.

Ciencia del bienestar

La anestesia emocional es la experiencia de sentir menos de lo que deberías, a veces menos de lo que recuerdas haber sentido nunca. Una buena noticia aterriza con un golpe pequeño. Una mala aterriza con el mismo golpe pequeño. Te ves recibir las cosas desde un poco más atrás, y la forma en que la gente lo describe no es tristeza sino distancia: detrás de un cristal, debajo del agua, en la habitación de al lado de tu propia vida.

La lectura intuitiva es que las emociones se han ido. Normalmente no. La lectura más exacta, y la que toma esta entrada, es que el embotamiento es la factura de sostener el sentimiento hacia abajo —— y lo que más desorienta es que sostener hacia abajo no es una operación selectiva. Nada te deja apagar el desasosiego y conservar la alegría.

Cómo se ve

Te dan una noticia que debería haberte movido y notas, con frialdad clínica, que no te movió.

No puedes llorar. No por entereza: el llanto simplemente no llega, a veces durante meses, a veces exactamente en el momento en que se espera de ti, que es su propia humillación.

La música no hace nada. La comida es combustible. Las cosas que antes eran buenas de forma fiable —— un paseo concreto, una persona concreta —— siguen apareciendo como cosas que apruebas, sin producir el sentimiento que venía con ellas.

Las relaciones se vuelven planas en vez de malas. Puedes estar con alguien a quien quieres y sentirte administrativamente afectuoso. Este es el síntoma que más asusta, porque se lee como un veredicto sobre la relación en lugar de como un estado en el que estás, y esa lectura equivocada termina relaciones que estaban bien.

Y suele haber una calma extraña que no descansa. La gente cuenta que funciona inusualmente bien mientras está embotada —— el trabajo sale, la semana se gestiona ——, y eso es parte de por qué puede durar mucho antes de que nadie, tú incluido, lo trate como algo.

De dónde viene

La supresión, y lo que cuesta. Gross y Levenson hicieron que unos participantes vieran películas escondiendo sus reacciones. La supresión redujo la expresión externa de la emoción y no redujo la experiencia interna, mientras aumentaba la activación fisiológica. El sentimiento seguía ahí y el cuerpo estaba trabajando más. En el mismo trabajo, suprimir durante una película divertida sí redujo la diversión experimentada: el lado positivo es el lado que de verdad se apaga.

Como hábito, tiene forma. La investigación de Gross y John sobre diferencias individuales encontró que quienes usan la supresión de manera habitual declaran menos emoción positiva, más emoción negativa, menos cercanía social y menor bienestar que quienes usan habitualmente la reevaluación. Una estrategia que sirve aceptablemente para una tarde es mala para vivir dentro.

El agotamiento lo produce. El desgaste prolongado hace esto de forma fiable, y es uno de los tres componentes del síndrome de burnout: el cinismo y el distanciamiento que el modelo de Maslach describe como despersonalización. La entrada sobre desgaste sostenido cubre el cuadro completo. El embotamiento al final de una temporada larga y sobrecargada no tiene nada de misterioso: es lo que hace un sistema vacío.

La amenaza también. El trabajo de Litz y Gray sobre embotamiento emocional en el estrés postraumático lo describe como uno de los rasgos más persistentes del cuadro, y específicamente como un déficit de emoción positiva: la capacidad de miedo y de enfado suele estar intacta, mientras que lo que desaparece es el calor, el interés y el placer. La misma lógica de apagado que produce la congelación en lucha, huida, congelación y complacencia tiene una versión de larga duración.

Y la depresión. La anhedonia —— capacidad reducida de placer y, como argumentan Treadway y Zald, de motivación para buscarlo —— es un rasgo central y no un efecto secundario. Ese es el caso límite, y está al final de esta entrada.

En español no hay una palabra neutra para esto

Aquí el idioma pone una zancadilla concreta, y es distinta de la que pone en otras entradas.

Cuando alguien en español intenta nombrar este estado, las palabras que tiene a mano son apatía, desgana, desidia, dejadez, abulia. Míralas juntas: todas acusan de falta de voluntad. Ninguna acusa de falta de calor, que es lo que de verdad está pasando. El inglés tiene numbness, que es una metáfora física y no juzga a nadie; en español el equivalente exacto habría que construirlo, y lo que se usa en la conversación real es el vocabulario de la pereza.

El efecto es predecible y hace daño. Quien está embotado concluye que se ha vuelto vago, y actúa en consecuencia: se exige más, se organiza mejor, se levanta antes. Eso es exactamente el tratamiento equivocado para un sistema agotado, y produce la segunda vuelta del mismo problema. Si estás leyendo esta página y la palabra que traías era «apatía», cámbiala antes de seguir. Apagado no es lo mismo que vago, y la diferencia decide qué haces mañana.

Hay una segunda palabra domesticada, y es la del trabajo. «Estoy quemado» se dice en español con la misma ligereza con la que se dice «le doy muchas vueltas»: pesa lo que pesa un martes. En España el término oficial es síndrome de desgaste profesional, pero lo que circula es el chiste, de modo que el componente de despersonalización —— el más específico de los tres y el que más se parece a lo que describe esta página —— llega envuelto en una frase que nadie atiende. Si te reconoces ahí, si es agotamiento o es la relación separa las dos causas más frecuentes, y descubrir que la ansiedad cansa más que la jornada cuenta la parte que no se ve en un horario.

Y queda la más dura, que en español tiene un escenario propio: el velatorio. Aquí el duelo es público, rápido y presencial. La familia entera aparece en cuestión de horas, el cuerpo está delante, hay una expectativa explícita de emoción visible y existe una fórmula —— te acompaño en el sentimiento —— para decirla en voz alta. Quien llega embotado a eso no pasa desapercibido. Lo lee la familia, que muchas veces lo interpreta como no haber querido al muerto, y lo lee él mismo, que lo interpreta igual y peor.

Conviene decirlo sin rodeos, porque «no pude llorar en el entierro de mi padre» es una de las frases con las que esto llega en español, a veces veinte años después. El embotamiento en las horas y los días siguientes a una muerte es frecuente y está descrito: es de las primeras cosas que hace un sistema ante algo demasiado grande, y no mide el cariño que había. El llanto llega más tarde, en un supermercado, sin motivo aparente y sin nadie mirando, y eso tampoco significa nada malo. Lo que se ve en un velatorio es lo que el sistema puede hacer ese día, no lo que la persona sentía.

Qué no es

No es alexitimia. Esa es un problema de acceso: el sentimiento está a plena potencia y no se puede nombrar. El embotamiento es un problema de volumen: puedes ser perfectamente capaz de describir lo que estarías sintiendo si lo estuvieras sintiendo.

No es calma. La calma tiene textura dentro, y las cosas siguen llegando. La prueba fiable es el lado positivo: una persona genuinamente serena sigue disfrutando.

No es haberlo superado. Después de una pérdida, el embotamiento se lee a menudo como que la recuperación llegó pronto. Suele ser más bien la mitad del proceso que su final, y se levanta en el orden equivocado: los sentimientos duros tienden a volver antes que los buenos.

No es una personalidad. «Es que yo no soy de sentir mucho» a veces es verdad y más a menudo describe un estado que ha durado lo bastante como para confundirse con un rasgo. La pregunta que los separa es histórica: ¿fue siempre así, o hay un antes? En español la pregunta es todavía más fácil de hacer, porque el idioma la lleva en el verbo: soy así o estoy así.

Qué ayuda y qué vigilar

El movimiento útil no suele ser salir a cazar sentimientos. Perseguir la emoción directamente produce una búsqueda plana y la sensación añadida de haber fallado.

  • Trabaja el lado de la entrada. Dormir, comer, luz de día y la deuda de sueño que tan a menudo hay debajo —— cansado pero activado describe ese estado concreto. El embotamiento es de lo primero que produce un sistema vacío y de lo primero que devuelve el descanso.
  • Reduce lo que estás sosteniendo. Si hay algo concreto que estás gestionando —— un duelo, una situación que decidiste no pensar ——, el embotamiento suele ser el precio de esa gestión, y el precio baja cuando la cosa se dice en voz alta a una sola persona.
  • Acepta señales pequeñas. Un interés leve, una irritación leve, el escalofrío con una canción. El sentimiento vuelve primero a volumen bajo y se descarta por no resultar lo bastante convincente.
  • Haz la cosa sin esperar a tener ganas. Que la motivación vuelva después de la conducta y no antes es el orden habitual, y esperar a que vaya delante es la manera más común de quedarse parado.
  • Dilo a quien le afecta. «Estoy apagado ahora mismo y no va contigo» protege una relación de una lectura equivocada que igual no sobrevive.

El Burnout Check lee la vía del agotamiento, el test de calidad del sueño lee la entrada que más veces hay debajo, y el Moody Test registra el estado a lo largo de un día, que informa más que una única respuesta dada una tarde plana.

Ahora la línea, y esta importa. Estar plano durante una temporada —— después de una pérdida, después de un trimestre duro, después de una enfermedad —— es un estado humano corriente y normalmente se mueve. Lo que merece llevarse a un profesional es un embotamiento que lleva semanas y no cede con descanso, que le ha quitado el gusto a todo y no a algunas cosas, o que apareció después de algo que te dio miedo. La anhedonia persistente es un rasgo central de la depresión y frecuente en el estrés postraumático, los dos se tratan, y ninguno de los dos es «no ser una persona emocional». En España se entra por atención primaria y derivación a salud mental; en América Latina cambia por país, y suelen servir el centro de salud del barrio, el servicio de psicología de una universidad o la consulta privada.

Y si el embotamiento ha llegado al punto en que nada parece importar, incluido si estás aquí —— eso no es una pregunta de autoconocimiento. Díselo hoy a alguien. En España, la línea de atención a la conducta suicida es el 024; en México, la Línea de la Vida, 800-911-2000; en Argentina, el 135. Atienden a cualquier hora, y también a quien todavía no sabe cómo decirlo.

fuentes

  • · Gross, J. J., Levenson, R. W. (1997). Hiding feelings: The acute effects of inhibiting negative and positive emotion. Journal of Abnormal Psychology.
  • · Gross, J. J., John, O. P. (2003). Individual differences in two emotion regulation processes: Implications for affect, relationships, and well-being. Journal of Personality and Social Psychology.
  • · Litz, B. T., Gray, M. J. (2002). Emotional numbing in posttraumatic stress disorder: Current and future research directions. Australian and New Zealand Journal of Psychiatry.
  • · Treadway, M. T., Zald, D. H. (2011). Reconsidering anhedonia in depression: A neurobiological and psychometric perspective. Neuroscience and Biobehavioral Reviews.
  • · Maslach, C., Leiter, M. P. (2016). Understanding the burnout experience: Recent research and its implications for psychiatry. World Psychiatry.

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