eneagrama

Nueve tipos, dieciocho alas

El eneagrama describe la motivación y no la conducta: por qué haces algo, no qué haces. Por eso dos personas del mismo tipo pueden no parecerse en nada.

Los tres centros agrupan los tipos por la emoción que hay debajo, no por el temperamento. Los del cuerpo se organizan en torno a la ira y el control; los de la cabeza, en torno al miedo y la seguridad. El del corazón se traduce siempre como «vergüenza», y ahí hace falta una aclaración que el material en inglés no necesita: no es el bochorno de quedar mal delante de alguien, ni el pudor. Es la sospecha de fondo de que lo que uno es, sin adornos ni méritos, no bastaría para que alguien se quedara. El inglés reparte eso en dos palabras distintas y el español las empuja a una sola, así que mucha gente descarta la tríada del corazón porque no se reconoce en la vergüenza que creyó que le estaban describiendo.

Cómo encontrar tu tipo

No empieces por las descripciones. Todos los tipos suenan en parte verdaderos, porque cada uno describe una estrategia humana corriente, y elegir el que suena más halagador es como acaba mal tipada la mayoría de la gente. Empieza por el miedo central: casi siempre hay exactamente uno que produce un respingo.

La segunda comprobación es la conducta bajo presión. Los tipos se distinguen mejor en su peor versión que en la mejor, porque es ahí donde la estrategia corre con más fuerza. Si te encajan dos tipos, mira qué pasa en una mala semana y no en una buena.

La tercera es que el eneagrama describe motivación, no conducta. Dos personas del mismo tipo pueden no parecerse en nada, y dos que se comportan igual pueden ser números distintos haciéndolo por razones distintas. Ese es todo el sentido del sistema, y lo que hace difícil autoevaluarse a partir de una lista de rasgos.

Y una advertencia sobre el instrumento, porque en castellano hace más falta que en inglés. El eneagrama no salió de la psicología académica: lo enseñó el boliviano Óscar Ichazo en Arica, en Chile, hacia 1970, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo lo introdujo en la psicoterapia y en el mundo hispanohablante, y desde ahí se difundió sobre todo por cursos de crecimiento personal y por retiros religiosos. Eso explica el vocabulario de pasiones y virtudes que vas a encontrar en estas páginas, y explica también por qué su respaldo psicométrico es bastante más débil que el de los cinco grandes: hay estudios sobre la consistencia interna de algunos cuestionarios y mapeos parciales de los nueve tipos sobre los rasgos, pero la pieza central —que las personas se agrupen de verdad en nueve categorías— no está demostrada. Sirve para pensar la propia motivación con un vocabulario fino. No sirve para seleccionar personal ni para diagnosticar a nadie.