Búsqueda de tranquilización
Preguntar otra vez, comprobar otra vez, necesitar que te lo digan una vez más. Por qué la respuesta aguanta cada vez menos, por qué pedir más funciona peor, y por qué quien responde acaba callándose, que es justo lo que más miedo daba.
Ciencia del bienestar
Buscar tranquilización es pedir una respuesta que ya te han dado. En voz alta o en silencio: la misma pregunta con otras palabras, el resultado leído otra vez, una cara mirada en busca de su expresión, un mensaje releído buscándole el tono, una búsqueda del mismo síntoma por cuarta vez.
Lo que hace que esto merezca una página propia es una sola propiedad. La tranquilidad tiene una vida media, y la vida media se acorta con el uso. Una respuesta que en marzo compraba una semana, en agosto compra una tarde, y después hay que renovarla dentro de la misma conversación. Esto no es que la situación esté empeorando, y no es falta de voluntad. Es el resultado previsible de lo que esta conducta está reforzando en realidad.
En español existe el verbo de quien responde, no el nombre de quien pide
Conviene empezar por aquí, porque es la razón de que esta conducta sea casi invisible en español.
Nombres disponibles hay dos y los dos son de manual. «Búsqueda de tranquilización» es descriptivo y nadie lo dice. «Reaseguramiento» es un calco del inglés que además choca de frente con el vocabulario de los seguros, donde el reaseguro es otra cosa entera. En la consulta se usan; en una cocina, nunca.
Lo que sí tiene el español son verbos, y están todos del lado de quien contesta. «Tranquilizar» es un verbo de generosidad. «Solo quería tranquilizarte.» «Te lo dije por tranquilizarte.» «A ver si consigo tranquilizarla.» Nombra un favor, se dice con buena conciencia, y describe a quien da.
Del lado de quien pide no hay sustantivo. Hay frases, y todas son inocentes: preguntar otra vez, quedarme tranquilo, que me lo confirmen, dime que no pasa nada. Ninguna suena a conducta. Todas suenan a necesidad legítima, que además lo son.
El efecto de esto es concreto. La conducta solo es visible como la bondad del otro, nunca como el patrón de uno mismo. Mientras no tenga nombre, no entra en la lista de cosas que se podrían dejar de hacer: pasa por cariño, por ser previsor, por estar pendiente, por tener confianza con alguien. Y quien la recibe tampoco puede nombrarla, porque lo único que tiene a mano es el verbo que lo describe a él siendo amable.
El inglés no necesita este apartado: tiene «reassurance seeking», que es corto, nombra la conducta y no acusa a nadie. En español hay que construir esa mirada a mano, y esta página es ese trabajo.
Por qué la respuesta deja de funcionar
Lo que se refuerza es el alivio, no la información.
Cuando una pregunta abierta se cierra —— por una respuesta, una búsqueda, una mirada, un resultado —— la ansiedad baja, y lo que el sistema nervioso registra es la bajada. De la bajada no aprende el contenido de la respuesta. Aprende que esa era una categoría de pregunta que necesita cerrarse para poder parar. Así que sube el nivel basal de alarma, baja el umbral para detectar la siguiente ambigüedad, y la siguiente pregunta llega antes.
Cada vuelta enseña una sola cosa, y es la contraria de la que se pretendía: no puedo con el no saber sin ayuda. El consuelo sube. La tolerancia baja. Ese es el mecanismo entero, y todo lo demás de esta página sale de ahí.
Lo que explica también que el contenido de la respuesta apenas importe. Salkovskis y Warwick lo señalaron en 1986 y se ha sostenido: la tranquilización actúa sobre la pregunta y deja intacta la duda, porque la duda nunca fue una pregunta. Lo que se persigue es certeza y no información, y esa distinción es el tema de la intolerancia a la incertidumbre, que es la entrada de la que esta depende. Información se puede dar. Certeza no, ni una persona ni una prueba: las pruebas devuelven probabilidades y ninguna devuelve cero.
La velocidad a la que se vacía está medida. En un seguimiento de 1997 a pacientes a los que se dio un resultado limpio tras una gastroscopia, quienes habían puntuado alto en ansiedad por la salud estaban de vuelta en el punto de partida en veinticuatro horas, con el mismo especialista, las mismas palabras y la misma cámara limpia. Ese estudio y el desarrollo largo del mecanismo están en por qué buscar tranquilidad empeora la ansiedad por la salud.
La misma conducta con cuatro temas distintos
Por eso esta entrada no está colgada de la ansiedad por la salud. El tema cambia; la maquinaria no.
- El cuerpo. Síntomas buscados, un lunar vuelto a mirar, el pulso tomado, alguien a quien se le pregunta si esto parece algo. El patrón completo es ansiedad por la salud.
- La pareja. ¿Sigues queriendo estar aquí? ¿Seguro? ¿Estás enfadado conmigo? Preguntado a una frecuencia que la relación no puede absorber, y casi siempre de noche, cuando ninguna respuesta se recordará por la mañana. La versión que ya se ha organizado como bucle completo es el TOC de relación.
- Los cuadros obsesivo-compulsivos. Confesar un pensamiento para que lo declaren inofensivo, preguntar si la puerta quedó cerrada, preguntar dos veces a la misma persona por si la primera contestó sin fijarse. El análisis de Rachman sobre la comprobación compulsiva se aplica aquí tal cual: comprobar degrada el recuerdo de haber comprobado, así que la prueba que produjo la comprobación es poco fiable, lo cual autoriza la siguiente.
- La ansiedad generalizada y el ánimo bajo. Preguntar si la decisión fue la correcta, si el trabajo estaba bien, si uno es una carga. Joiner y Metalsky encontraron que la búsqueda excesiva de tranquilización predecía síntomas depresivos con el tiempo, y encontraron también el coste interpersonal del que trata un apartado más abajo.
Parrish y Radomsky, comparando a personas con cuadros obsesivos y con ánimo bajo, encontraron que pedir tranquilidad y comprobar responden a factores que se solapan en vez de ser dos costumbres distintas. Kobori y Salkovskis cartografiaron cómo se ejecuta en los distintos cuadros de ansiedad y llegaron al mismo punto por otro lado: las formas son muchas y la función es una.
Y la consecuencia práctica está en las formas indirectas, que son las que se escapan. Lo habitual es pedir sin preguntar nada. Tantear por los lados, inventarse un recado para ver cómo reacciona el otro, reescribir un mensaje cinco veces, contar los minutos hasta la respuesta, volver a abrir el resultado para leerlo otra vez. No se formuló ninguna pregunta, así que ninguna regla sobre preguntar lo atrapa, y la tolerancia baja igual.
El grupo de familia, y por qué nadie ve el total
Hay un canal de suministro que en español es mucho más grande que en inglés, y conviene mirarlo de frente porque es gratis, es instantáneo y está hecho de gente que quiere ayudar.
La familia. El grupo de WhatsApp. La prima que es enfermera, la vecina que trabajó en un centro de salud, el cuñado que «entiende de eso», la madre a la que se le puede escribir a las dos de la mañana. En buena parte del mundo hispanohablante esa red existe de verdad y es una de las cosas buenas del idioma.
Dentro de este bucle hace tres cosas, y ninguna es la que parece.
Da veredictos en lugar de exploraciones. Nadie de ese grupo está examinando nada; están tranquilizando, que es el verbo del apartado primero, y lo hacen rápido y con cariño porque es lo que se pide.
Multiplica sin verificar. Preguntar a cinco personas por separado no produce una comprobación cinco veces mejor: produce cinco alivios cortos y, con suerte, dos matices que no coinciden. Y los matices que no coinciden son material nuevo, porque ahora hay una discrepancia sobre la que trabajar.
Y reparte el coste, que es lo más caro de todo. Cuando se pregunta siempre a la misma persona, esa persona ve el total y antes o después lo dice. Repartido entre ocho, nadie ve el total: cada uno recibe lo que le parece una pregunta ocasional de alguien que está pasando una mala racha. Así el patrón puede funcionar durante años sin que nadie en la familia, incluida la persona que lo tiene, llegue a saber cuántas veces se ha preguntado. Lo que no se cuenta no se puede reducir.
Por qué pedir más funciona peor
La relación entre dosis y efecto va al revés, que es lo menos intuitivo de todo esto y lo más útil.
La respuesta rápida, segura y total es la peor. «Que no es nada, te lo prometo.» Un cierre fuerte produce una bajada grande; una bajada grande es un refuerzo grande; un refuerzo grande significa un intervalo más corto hasta el siguiente. De modo que la versión más generosa de la respuesta es la que más daño hace, y querer bien a alguien y contestarle rápido están, solo en este terreno estrecho, en conflicto.
El buscador es el caso extremo: gratis, instantáneo, disponible a las cuatro de la mañana y el único eslabón de la cadena que no le cuesta nada a nadie, que es lo que lo convierte en el más difícil de romper.
Y el intervalo se lee como un síntoma. Cuando las renovaciones tienen que llegar cada pocas horas, la conclusión es que se está yendo a peor. No se está yendo a peor. Un intervalo que se acorta es la firma de un bucle reforzado, y es la señal más fiable de que lo que se está tratando es la duda y no el tema.
Lo que le cuesta a quien responde
Casi no se describe, y es la razón por la que esta conducta no desgasta las relaciones sino que las termina.
Empecemos por lo que se pide. Halldorsson y Salkovskis entrevistaron a personas sobre para qué sirve pedir tranquilidad y encontraron que las personas con ansiedad por la salud no describieron estar buscando apoyo. Describieron estar buscando resolución. Apoyo es que te acompañen mientras algo sigue abierto. Resolución es extraer un veredicto. Desde la puerta las dos cosas se parecen, y hacen lo contrario la una de la otra, porque un veredicto refuerza y la compañía no.
Nadie puede suministrar veredictos a ese volumen indefinidamente. La secuencia es bastante fija: las respuestas se acortan, se retrasan, se vuelven planas, hay una discusión, y al final se cortan.
Y en español el corte tiene una forma concreta y conviene saberla de antemano, porque no llega como silencio. Llega como reproche. «Eres muy pesado con esto.» «Otra vez.» «Ya está bien, ¿no?»
Un reproche hace dos cosas a la vez, y las dos son malas aquí. Cierra la puerta y entrega la prueba. Leído desde dentro del bucle, que alguien deje de contestar no es neutro: es exactamente la conclusión que más miedo daba —— ya no me dicen la verdad, me están ocultando algo, será grave. El bucle fabrica su propia peor prueba con un cansancio que había creado él mismo. Los resultados de Joiner dicen esto mismo en términos llanos: pedir erosiona el apoyo que se está buscando, y la erosión se convierte después en más pruebas.
Y añade algo que el silencio no añade. Convierte la conducta en un defecto de carácter. «Pesado» no describe una conducta, describe a una persona, y quien lo recibe deja de preguntar en casa y empieza a preguntar en otro sitio: a desconocidos, a foros, a un buscador que nunca se cansa. La conducta no baja. Cambia de destinatario, y pierde la única parte que tenía algo bueno, que era la compañía.
Por eso «deja de preguntar» es un consejo inservible para quien lo da e imposible para quien lo recibe. Nombra una cantidad y no ofrece ningún recambio.
Compañía sin veredicto
La dirección que funciona no es menos contacto. Es contacto con el cierre quitado, que resulta incómodo para los dos y es la única versión de la que el bucle no puede alimentarse.
- Pregunta una vez y renuncia a las renovaciones. Una pregunta clara es recoger información. La tercera es comprar alivio. La línea es la misma si el tema es un lunar o si es una relación.
- Cuenta como preguntas las formas indirectas. Releer, tantear, poner a prueba, mirar una cara. Si no se dijo en voz alta, la regla sigue valiendo.
- Acuérdalo antes, no en el momento. En el momento de preguntar nadie tiene la calma para renegociar nada. La versión útil, pactada en una hora tranquila, suena así: no te voy a preguntar si está bien, porque tu respuesta se me gasta y entonces necesito otra. Quédate diez minutos conmigo. Compañía sin cierre, que es la combinación que el bucle no sabe usar.
- No lo reparto entre la familia. Preguntar a uno solo tiene una ventaja incómoda y real: alguien ve el total, y hace falta que alguien lo vea.
- Deja un hueco abierto a propósito, en algo pequeño. Manda el mensaje sin releerlo. Deja un comentario ambiguo sin interpretar. La tolerancia se construye exponiéndose a lo no resuelto, que es el hallazgo que está en la raíz de toda esta literatura, desde el trabajo de 1994 que identificó la intolerancia a la incertidumbre como el correlato más fuerte de la preocupación crónica.
- Cuenta con que se sienta como una negligencia. Se va a sentir así. Esa sensación es el último argumento que la conducta tiene a su favor, y no es una prueba.
El alcance. Pedir tranquilidad no es un trastorno y casi todo lo que se pide es vida corriente: comprobar que alguien no está molesto, preguntar si una decisión pareció sensata, querer que te digan que salió bien. No hay un número de veces que marque el límite. La pregunta útil no es cuántas, sino qué pasa después: si la respuesta deja las cosas en su sitio una temporada razonable, o si aguanta una tarde y por la noche vuelve la misma pregunta sin un solo cambio.
Cuando el patrón ha empezado a costar sueño, trabajo o la paciencia de la gente más cercana, resulta que es también una de las conductas mejor entendidas del campo y que responde a un tratamiento dirigido específicamente a ella, lo cual es una conversación con un profesional y no un asunto de mejores estrategias propias.
Una precisión de alcance: las muestras de todo lo anterior son británicas, canadienses, estadounidenses y japonesas. En esta literatura no hay nada hispanohablante, y los dos apartados de esta página que hablan del idioma y de la familia son descripción, no resultados de investigación.
El test de ansiedad en la pareja lee la versión dirigida a alguien, el test de pensar demasiado lee el bucle sin tema, y el test de ansiedad por la salud lee el que apunta al cuerpo.
fuentes
- · Salkovskis, P. M., Warwick, H. M. C. (1986). Morbid preoccupation, health anxiety and reassurance: a cognitive-behavioural approach to hypochondriasis. Behaviour Research and Therapy.
- · Rachman, S. (2002). A cognitive theory of compulsive checking. Behaviour Research and Therapy.
- · Joiner, T. E., Metalsky, G. I. (2001). Excessive reassurance seeking: delineating a risk factor involved in the development of depressive symptoms. Psychological Science.
- · Parrish, C. L., Radomsky, A. S. (2010). Why do people seek reassurance and check repeatedly? An investigation of factors involved in compulsive behaviour in OCD and depression. Journal of Anxiety Disorders.
- · Kobori, O., Salkovskis, P. M. (2013). Patterns of reassurance seeking and reassurance-related behaviours in OCD and anxiety disorders. Behavioural and Cognitive Psychotherapy.
- · Halldorsson, B., Salkovskis, P. M. (2017). Why do people with OCD and health anxiety seek reassurance excessively? An investigation of differences and similarities in function. Cognitive Therapy and Research.
- · Lucock, M. P., Morley, S., White, C., Peake, M. D. (1997). Responses of consecutive patients to reassurance after gastroscopy. BMJ.
- · Freeston, M. H., Rhéaume, J., Letarte, H., Dugas, M. J., Ladouceur, R. (1994). Why do people worry? Personality and Individual Differences.
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