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La soledad

La soledad no es que no haya nadie alrededor. Es que no haya nadie que sepa lo que estás pasando ahora, y por eso la versión más aguda ocurre acompañado. Las tres capas y por qué la crónica se sostiene sola.

Ciencia de las relaciones

La soledad es la distancia entre la conexión que alguien tiene y la que necesita. Esa definición se mantiene desde los años setenta, y lo más útil que tiene es lo que deja fuera, que es cualquier número de personas.

La versión corta, y la que decide si alguien se reconoce en la palabra: la soledad no es que no haya nadie alrededor. Es que no haya nadie que sepa lo que te está pasando ahora.

Por eso la versión más aguda suele ocurrir acompañado. En una relación donde la conversación se ha reducido a logística y no va mal. En una oficina donde alguien dice tu nombre cada mañana y nada más de tu vida está registrado allí. En un grupo que no ha parado en dos años y no ha llevado una frase verdadera en uno.

El castellano te hace elegir entre estar solo y ser un solitario

En inglés hay dos palabras parecidas para esto y la confusión viene del parecido. En castellano el problema está en otro sitio, y está en el verbo.

«Estoy solo» describe una circunstancia. Es una habitación, unas horas, una temporada. Se puede decir sin que diga nada sobre quién eres.

«Soy un solitario» describe un carácter. Es una respuesta a una pregunta distinta, y arrastra un paquete: raro, huraño, poco sociable, difícil. La lengua obliga a elegir entre las dos cada vez que se habla del asunto, y no ofrece forma corta de decir la tercera cosa, que es la de esta página: hay gente y no hay nadie que sepa qué está pasando. Para eso hay que explicarse entero, y explicarse entero es justo lo que no se hace en una cena.

Lo interesante es que ese par de verbos describe el recorrido de la soledad larga mejor que ninguna metáfora. Lo que empieza contándose con «estar» acaba contándose con «ser». Los primeros meses son una situación: me he mudado, se acabó la carrera, lo dejamos. Pasado un año la misma persona lo cuenta como información sobre sí misma, como si fuera de fábrica. El paso de uno al otro no registra ningún hecho nuevo. Registra el tiempo transcurrido, y es el apartado de más abajo.

Y queda el refrán, que es lo único que la lengua ofrece como sabiduría sobre esto: más vale solo que mal acompañado. Plantea dos casillas, estar solo o estar mal acompañado, y la experiencia de la que trata esta entrada no está en ninguna de las dos. Es estar bien acompañado y no conocido, que no tiene refrán.

El tiempo a solas, por su parte, no es una versión suave de la otra cosa. Nguyen, Ryan y Deci encontraron que estar a solas baja las emociones de activación alta en las dos direcciones a la vez, y que produjo relajación y menos estrés concretamente cuando la persona lo había elegido. Lo que hace el trabajo es la elección, no la duración. El cansancio que llega después de ver gente es otra lectura más, y de esa se ocupa la batería social. La distinción, desarrollada de verdad, está en la diferencia entre estar solo y sentirse solo.

Tres capas debajo de una palabra

Debajo hay por lo menos tres lecturas, y solo una es fácil de contar.

  • Contacto. Cuánta compañía hubo. La única capa con número, y por eso la que todo el mundo mira.
  • Ser conocido. Si alguien tiene ahora mismo la versión actual de tu vida. La falta se ve así: nadie podría decir cómo ha ido este mes, y nadie notaría un mes de silencio.
  • Pertenencia. Si hay algún sitio donde encajas sin traducirte antes. Presente en las cosas y parte de ninguna.

Robert Weiss partió la experiencia en dos en 1973: soledad social, la ausencia de una red o de un sitio al que pertenecer, y soledad emocional, la ausencia de una sola persona que sepa lo que está pasando. Russell y sus colegas pusieron a prueba esa tipología en 1984 con una muestra universitaria y encontraron las dos formas separables en sus causas y en cómo se sienten, con un núcleo común de malestar debajo. Muestra de estudiantes, así que la generalización no sale gratis. La lectura de tres capas es la misma idea con la pertenencia sacada del lado social.

Las capas no se sustituyen. Alguien con una red abarrotada y nadie que sepa nada no está medio abastecido: está lleno en una capa y vacío en otra. De ahí que «pero yo tengo amigos» no resuelva nada. Es una frase sobre el contacto. El test de soledad puntúa las tres por separado por ese motivo, y lo que informa suele ser el desajuste entre capas y no el total.

Por qué la soledad larga se sostiene sola

La literatura trata la soledad pasajera y la crónica como objetos distintos, y la diferencia no es solo de intensidad. Dos semanas malas después de una mudanza se corrigen solas, porque nada ha cambiado en cómo se va a leer la quincena siguiente. Algo que lleva la mayor parte de un año ya ha tenido tiempo de cambiar la lectura.

La soledad sostenida sesga el procesamiento de la información social. Spithoven, Bijttebier y Goossens revisaron la evidencia y encontraron un sesgo negativo en todas las etapas en personas solas: a qué atienden, qué intención atribuyen, qué esperan, qué recuerdan después. El sesgo era específico del material social y no una tristeza general, y ese detalle es lo que lo convierte en un mecanismo en vez de un estado de ánimo.

La forma cotidiana es un mensaje sin responder, que para una persona es un mensaje sin responder y para otra es información sobre su propio valor. Lo que viene después es autoprotección: quien espera frialdad escribe menos, cuenta menos, acepta menos, se va antes. Los demás leen esa distancia correctamente como distancia y responden a la misma temperatura, con lo que queda servida la prueba siguiente. El bucle se cierra sin que nadie se haya portado mal dentro.

Y la propiedad que lo convierte en trampa y no en costumbre: la salida pasa por la iniciativa, y lo que quita la iniciativa es el propio estado. Escribir cuesta más en el sexto mes que en el primero, y es el mismo mensaje el que habría servido en los dos. Ahí es donde «estoy solo» se convierte en «soy así».

La cadena de evidencia completa, incluido el trabajo longitudinal sobre en qué dirección va la flecha entre soledad y ánimo bajo, está desarrollada en la diferencia entre estar solo y sentirse solo. A qué responde el hueco de verdad tiene una respuesta poco intuitiva y es asunto de otra pieza. Esta entrada se queda en la definición a propósito.

Lo que la soledad no es

No es aislamiento social. El aislamiento se cuenta desde fuera: tamaño de la red, frecuencia del contacto, con quién se convive. La soledad es la lectura subjetiva, y las dos coinciden mucho menos de lo que sugieren las palabras. Los estudios que miden las dos cosas encuentran que cada una predice resultados que la otra no explica.

No es introversión ni batería agotada. Eso trata de cuánta compañía quiere alguien y de lo que le cuesta. La soledad trata de la falta respecto de esa preferencia, cualquiera que sea.

No es depresión, aunque el solapamiento es grande y las dos se confunden a menudo. La evidencia longitudinal sugiere que la soledad suele llegar antes.

No es un diagnóstico. No aparece en ningún manual y no hay ninguna enfermedad al otro lado de sentirla. En España el nombre que usan los planes públicos es soledad no deseada, que es un término administrativo y no una categoría clínica.

No es raro ni es un veredicto sobre lo querible que es alguien. Barreto y colegas preguntaron a más de cuarenta y seis mil personas en 237 países y encontraron la soledad más alta entre los adultos más jóvenes y en las sociedades más individualistas, que no son las edades ni los lugares con menos contacto disponible.

El patrón situacional dice lo mismo de forma más concreta. Mudarse, una ruptura, un duelo, un primer hijo, la jubilación, los turnos rotatorios, un trabajo en remoto. Lo que tienen en común no es que la gente de dentro sea deficiente. Cada uno elimina contacto que antes ocurría sin que nadie lo organizara, y organizarlo es la parte difícil.

Si la soledad ha venido con un ánimo bajo que no se va, o con pensamientos de no querer estar aquí, eso no es algo que interpretar. Habla hoy con alguien: el 024 en España, la Línea de la Vida 800-911-2000 en México, el 135 en Argentina, o un médico o un servicio de urgencias.

fuentes

  • · Weiss, R. S. (1973). Loneliness: The Experience of Emotional and Social Isolation. MIT Press.
  • · Russell, D., Cutrona, C. E., Rose, J., Yurko, K. (1984). Social and emotional loneliness: an examination of Weiss's typology of loneliness. Journal of Personality and Social Psychology.
  • · Nguyen, T. T., Ryan, R. M., Deci, E. L. (2018). Solitude as an approach to affective self-regulation. Personality and Social Psychology Bulletin.
  • · Spithoven, A. W. M., Bijttebier, P., Goossens, L. (2017). It is all in their mind: a review on information processing bias in lonely individuals. Clinical Psychology Review.
  • · Cacioppo, J. T., Hawkley, L. C., Thisted, R. A. (2010). Perceived social isolation makes me sad: 5-year cross-lagged analyses of loneliness and depressive symptomatology in the Chicago Health, Aging, and Social Relations Study. Psychology and Aging.
  • · Barreto, M., Victor, C., Hammond, C., Eccles, A., Richins, M. T., Qualter, P. (2021). Loneliness around the world: age, gender, and cultural differences in loneliness. Personality and Individual Differences.

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