«Sigue tu pasión» (y la palabra vocación)
El consejo profesional más repetido del mundo, examinado: qué le hace creérselo a quien se lo cree, qué encontró la investigación sobre las llamadas y sus costes, y qué hacer si no tienes ninguna.
Ciencia del bienestar
«Sigue tu pasión» es el consejo profesional más repetido del mundo anglosajón y uno de los pocos que se ha estudiado directamente. Los resultados no lo favorecen.
El problema está en la gramática. Seguir y encontrar dan por hecho que la pasión ya existe, formada del todo, en algún sitio fuera de ti, esperando a que la localicen. Si eso fuera cierto, la tarea sería buscar, y no haberla encontrado todavía significaría o que no has buscado bastante o que te falta algo. Las dos conclusiones son frecuentes y las dos son falsas, y la investigación sobre qué le pasa a quien sostiene esa creencia es el núcleo de esta entrada.
Esto no es un argumento a favor de hacer un trabajo que no te importe. Es un argumento de que la pasión es más a menudo un resultado de hacer algo bien durante un tiempo que un requisito para empezar, y de que equivocar ese orden sale caro.
En castellano no se dice pasión, se dice vocación
Antes de la evidencia hay que cambiar de palabra, porque el consejo llega aquí traducido y la palabra nativa es más fuerte que la importada.
Passion, en inglés, es vocabulario de entusiasmo: intenso, personal, sin más autoridad detrás que la tuya. Vocación no es eso. Su primera acepción en el diccionario académico sigue siendo la religiosa —inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión—, la segunda es advocación, y la profesional, la inclinación a un estado, una profesión o una carrera, es la tercera. La palabra viene de llamar, y esa procedencia no es una curiosidad etimológica muerta: sigue viva en cómo se usa. Se dice de la enseñanza, de la sanidad, de los cuidados, del trabajo social, de la investigación y del arte, y se dice con respeto.
De modo que el lector en español no necesita que le importen la idea de llamada. Ya la tiene, con siglos de uso encima, y con una categoría corriente del vocabulario laboral para nombrarla: la profesión vocacional. En inglés, «calling» es un término que la investigación tuvo que definir; aquí es una palabra que se usa en una entrevista de trabajo.
Y aquí está lo importante de esta página. Una llamada, por construcción, la hace alguien. La palabra trae dentro un deber: si te llaman y no vas, has fallado a algo que no es solo tuyo. Esa es exactamente la variable que mide el hallazgo más incómodo de esta literatura, y por eso el apartado siguiente no se lee aquí como un resultado exótico sobre un oficio raro.
Un apunte de uso, que es una observación sobre la lengua y no un dato medido. «Es vocacional» se usa en castellano para explicar por qué un puesto paga poco, exige de más o no se compensa, y la frase funciona —se acepta, cierra la conversación— precisamente porque la palabra lleva el deber dentro. No hace falta ningún estudio para constatar que la frase existe y se dice; basta con haberla oído. Lo que sí hace falta es un estudio para saber qué le pasa a quien se la cree, y lo hay.
Qué te hace creértelo
O'Keefe, Dweck y Walton hicieron en 2018 cinco estudios sobre lo que llamaron teorías implícitas del interés: si alguien cree que los intereses fundamentalmente se encuentran (fijos) o se desarrollan (crecen). Los hallazgos son concretos. Las muestras, conviene decirlo, eran estadounidenses.
Quien sostenía una teoría fija estaba menos abierto a áreas fuera de sus intereses actuales. Ante un artículo interesante de un campo desconocido, se implicaba menos: si los intereses son innatos, un campo desconocido es prueba de que ese no es de los tuyos.
Esperaban que la pasión les llevara en volandas. Preguntados por cómo se sentiría perseguir un interés verdadero, los de teoría fija anticipaban motivación sin límite y pocas dificultades. Esta es la parte que hace el daño, porque monta una trampa.
Y cuando el interés nuevo se ponía difícil, su interés caía significativamente más que el del grupo de teoría de crecimiento. La dificultad se leía como una señal —si esto fuera de verdad lo mío, no se sentiría así— y no como la textura ordinaria de llegar a ser bueno en algo.
Ese es el mecanismo por el que «encuentra tu pasión» produce gente que abandona cosas prometedoras en el primer mes duro. El consejo no se limita a no ayudar. Instala una condición de salida.
Trabajo, carrera y vocación
Wrzesniewski y sus colegas encontraron en 1997 que la gente se relaciona con el trabajo de tres maneras, y que las tres aparecen dentro de la misma ocupación en lugar de repartirse por oficios.
Un trabajo es por el dinero; la satisfacción vive fuera de él. Una carrera es por el avance; la satisfacción viene del progreso y de la posición. Una vocación es un fin en sí misma, inseparable de lo que la persona cree ser. Su muestra de personal administrativo se repartió más o menos por igual entre las tres, haciendo un trabajo idéntico.
Dos cosas se siguen que la literatura de la pasión suele omitir.
Las vocaciones no las reparten los sectores. Si el mismo puesto admite las tres orientaciones, entonces la orientación está en parte construida, lo que convierte «encuentra el sector que sea una vocación» en un error de categoría. También significa que las tres son legítimas: un trabajo que financia una vida que te importa no es un estado de fracaso, y en la mayoría de muestras alrededor de un tercio de la gente describe así el suyo sin ningún malestar.
Las vocaciones tienen costes documentados. Bunderson y Thompson estudiaron en 2009 a cuidadores de zoológico —una ocupación mal pagada, físicamente dura, a la que se entra por devoción— y llamaron a su hallazgo un filo doble. Un sentido fuerte de vocación traía sentido e identificación, y traía también un sentido de deber moral que hacía a los cuidadores más dispuestos a aceptar mala paga, sacrificio personal y exigencias poco razonables, y más propensos a ver marcharse como una traición y no como una decisión. La revisión de Duffy y Dik sobre la literatura de las vocaciones llega a la misma conclusión con más amplitud: la vocación se relaciona con el bienestar y también con la explotación y con la dificultad para salir.
Vuelve ahora al apartado anterior con esto en la mano. Lo que Bunderson y Thompson midieron con cuidadores de zoo es lo que en castellano se dice en una frase de cuatro palabras, «es que es vocacional», cada vez que se justifica un turno más, un contrato peor o una guardia sin pagar en enseñanza, sanidad, cuidados o cultura. El resultado no describe un nicho: describe el argumento laboral por defecto de varios sectores enteros.
Lo cual significa que la pasión no es un bien gratuito. Es una palanca, y no toda ella es tuya. Adicción al trabajo y engagement es la entrada de lo que esa palanca le hace a las horas.
Qué hay de verdad debajo del consejo
Algo real se está señalando, y sobrevive a la crítica.
El interés predice la persistencia, la persistencia construye habilidad, y la habilidad genera más interés. Ese bucle está bien respaldado: es esencialmente lo que describen motivación intrínseca y la necesidad de competencia en la teoría de la autodeterminación. El error está en por dónde se entra al bucle. No hace falta una pasión para entrar. Hace falta algo moderadamente interesante, un periodo de mejorar de forma demostrable, y la sensación de efecto que viene con la competencia.
El encaje existe. La gente difiere genuinamente en lo que le atrae, y ajustar el trabajo a esas diferencias es una de las ideas mejor respaldadas de la psicología vocacional. Pero el encaje se mide en dimensiones —trabajar con personas o con sistemas, estructura o variedad, construir o analizar—, que es muy distinto de una única vocación verdadera. El test de intereses y carrera lee esas dimensiones, y es una pregunta bastante más contestable que «cuál es mi pasión»; qué mide exactamente un test vocacional, y qué pasa cuando el mercado no deja elegir, está desarrollado en intereses vocacionales y aquí no se repite.
El esfuerzo también se ha sobrevendido. Durante un tiempo se ofreció la grit como la respuesta al problema de la pasión. El metaanálisis de Credé, Tynan y Harms de 2017 encontró su relación con el rendimiento más modesta de lo que sugería la versión popular, y el constructo solapado en buena medida con la responsabilidad —siendo su faceta de consistencia del interés, es decir, la mitad de la pasión, la peor predictora. La posición honesta es que ni la pasión innata ni la persistencia heroica son la palanca que prometían los libros.
Una pregunta mejor
Si no tienes una pasión y te han dicho que necesitas una, prueba a sustituir la búsqueda por cuatro preguntas que sí tienen respuesta.
¿Qué ha retenido tu atención sin que nadie te pagara? No qué disfrutas: qué has hecho repetidamente cuando nadie miraba ni pagaba. Eso es un dato sobre tu interés, y suele ser poco lucido y estar ya en tu historia.
¿Cerca de qué tipo de problema quieres estar? Los intereses son más estables a la altura del tipo de problema que a la del puesto. Quien sigue enganchado durante décadas suele haber llevado consigo una pregunta antes que un rol.
¿En qué estás dispuesto a ser malo durante dos años? Es la más diagnóstica de las cuatro, porque pone precio a la dificultad por adelantado en lugar de tratarla como una señal para parar.
¿Qué quieres que te dé el trabajo? Dinero, autonomía, estatus, contribución, tiempo, proximidad a cierta gente. Eso son valores, y son comprobables de un modo que la pasión no; para eso existe el test de valores profesionales, y job crafting es cómo se actúa sobre las respuestas sin tener que irse necesariamente.
Y una quinta que en castellano hace falta y en inglés no: ¿quién te está llamando? Si la respuesta a por qué aguantas unas condiciones concretas es «es que esto es vocacional», comprueba de quién es esa frase. Una vocación puede ser tuya de verdad, y entonces es un dato valioso sobre cómo quieres pasar los años. También puede ser un argumento que te llegó desde fuera y que resulta muy conveniente para quien firma el contrato, y la palabra no distingue entre las dos cosas: hay que hacerlo tú.
Dos cautelas de cierre. Si la pregunta por la pasión se ha vuelto urgente —si no tener una se siente como un defecto—, la presión suele venir de la identidad y no de la planificación profesional, y trabajo e identidad es la entrada más útil. Y si tuviste una pasión y se ha quedado callada, no lo leas como prueba de que nunca fue real: la pérdida de sentido es una de las tres facetas de burnout, y se recupera con la carga antes que con una carrera nueva.
fuentes
- · Wrzesniewski, A., McCauley, C., Rozin, P., Schwartz, B. (1997). Jobs, careers, and callings: people's relations to their work. Journal of Research in Personality.
- · O'Keefe, P. A., Dweck, C. S., Walton, G. M. (2018). Implicit theories of interest: finding your passion or developing it? Psychological Science.
- · Bunderson, J. S., Thompson, J. A. (2009). The call of the wild: zookeepers, callings, and the double-edged sword of deeply meaningful work. Administrative Science Quarterly.
- · Duffy, R. D., Dik, B. J. (2013). Research on calling: what have we learned and where are we going? Journal of Vocational Behavior.
- · Credé, M., Tynan, M. C., Harms, P. D. (2017). Much ado about grit: a meta-analytic synthesis of the grit literature. Journal of Personality and Social Psychology.
- · Real Academia Española (2024). Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., versión 23.8 en línea. Entrada «vocación».
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