Flow (fluir): qué es el estado de flujo
Qué describieron de verdad las muestras de Csikszentmihalyi, por qué la mayoría de las nueve dimensiones son síntomas y no pasos, las tres condiciones que sostiene un metaanálisis y por qué «fluir» en español despista.
Ciencia del bienestar
El flow es el estado en el que el trabajo se hace solo. La atención se estrecha sobre la tarea, el comentarista que llevas en la cabeza se calla, y dos horas pasan como una. Mihaly Csikszentmihalyi lo nombró en los años setenta después de entrevistar a gente que hacía cosas difíciles sin recompensa externa —escaladores, ajedrecistas, cirujanos, compositores— y preguntarles qué los mantenía ahí. Describían el mismo estado casi con las mismas palabras, y varios recurrieron a la misma imagen: era como ir llevado por una corriente.
El concepto es sólido y la investigación detrás es real. Lo que ha pasado desde entonces es que una descripción de una experiencia se ha reempaquetado como un método para producirla, y en la distancia entre esas dos cosas vive casi todo lo que se escribe sobre flow.
«Fluir» en español dice casi lo contrario
Antes de la evidencia conviene resolver un problema que el lector inglés no tiene, porque decide cómo se lee todo lo demás.
El libro se publicó aquí en 1997, en Kairós, como Fluir (Flow): una psicología de la felicidad, y así es como se conoce. En inglés, flow funcionaba como metáfora: nadie usa ese sustantivo para hablar de su carácter, de modo que la palabra llegó vacía y se llenó con el constructo. En castellano, «fluir» ya estaba ocupada. Fluir es dejarse llevar, no forzar, no oponer resistencia, aceptar lo que venga. Es vocabulario de bienestar, de yoga y de consejo blando, y su sentido corriente es prácticamente el opuesto del estado que describe la investigación.
Porque el flow, medido, no es relajación y no es soltar. Es lo que ocurre sobre una tarea difícil, con una meta concreta, cuando la exigencia está ligeramente por encima de tu nivel actual. Requiere esfuerzo, requiere estructura y no se parece nada a dejarse llevar. Csikszentmihalyi entrevistó escaladores, no personas meditando junto a un río.
Ese cruce tiene una consecuencia práctica muy concreta, y se ve en cuanto se señala. Quien busca «fluir» en el sentido español tiende a bajar la dificultad: elige la tarea cómoda, quita la fricción, se pone algo que no le exija. Y bajar la dificultad es exactamente cómo se sale de la banda del flow por el lado del aburrimiento. La intuición que la palabra sugiere te aleja del estado que la palabra nombra.
Así que en esta página flow se usa para el constructo y fluir se reserva para lo que la palabra significa en castellano, que es otra cosa y perfectamente legítima. Si lo que buscabas era soltar el control y estar en paz, eso está más cerca de descentramiento que de aquí.
Las nueve dimensiones, y cómo leerlas honestamente
Los relatos de Csikszentmihalyi listan nueve rasgos del estado: equilibrio entre reto y habilidad, fusión de acción y conciencia, metas claras, feedback inmediato, concentración en la tarea, sensación de control, pérdida de la autoconciencia, transformación del tiempo y que la actividad valga la pena por sí misma.
Aquí está la parte que se suele omitir. La mayoría de esas cosas son cómo se siente el flow, no lo que lo provoca. Perder la autoconciencia no es algo que puedas hacer a propósito: es el informe de alguien que ya dejó de vigilarse. Que el tiempo se comporte raro es una consecuencia. El propio resumen de Nakamura y Csikszentmihalyi separa las condiciones de la experiencia, y solo el primer grupo es accionable: un reto que encaje con tu habilidad, metas claras y feedback que puedas leer sobre la marcha.
Fong, Zaleski y Leach juntaron en 2015 la investigación sobre reto y habilidad a lo largo de 28 estudios. La relación entre el equilibrio reto-habilidad y el flow aguantó como moderada, y ese equilibrio salió como uno de los contribuyentes más robustos junto a las metas claras y la sensación de control. Dos detalles de ese artículo merecen llevarse puestos: las correlaciones eran más débiles en entornos laborales y educativos que en el resto, y más débiles cuando el flow se medía en el momento en lugar de como disposición general. No es una refutación. Es un aviso de que el efecto es más pequeño y más sucio justo en el sitio donde la gente quiere aplicarlo.
La condición que hace casi todo el trabajo
Si te quedas con una cosa, quédate con el encaje.
El flow se sostiene en una banda estrecha donde la dificultad de la tarea está ligeramente por encima de tu capacidad actual. Por debajo de la banda está el aburrimiento: la tarea te queda pequeña y la atención se va a buscar algo que hacer. Por encima está la ansiedad: la tarea te supera y la atención se ocupa del hecho de que estás fallando en lugar de ocuparse del trabajo.
Eso explica lo más frustrante del flow, que es que no vuelve a petición. La banda se mueve. Un trabajo que te ponía en flow con menos oficio te aburrirá un año después, y el mismo trabajo con un nivel nuevo de responsabilidad te pondrá ansioso. El estado no es una propiedad de la actividad: es una propiedad del encaje entre la actividad y tú, hoy, y por eso nadie puede darte una lista de tareas que produzcan flow.
La palanca práctica, por tanto, no es motivacional. Es calibración: haz más pequeña una tarea demasiado difícil hasta que quede justo por encima de ti, y haz más difícil una demasiado fácil añadiendo una restricción —un plazo más corto, un estándar más alto, una versión hecha sin la muleta de siempre—. Los dos movimientos cambian la banda en lugar de exigirte voluntad.
El hallazgo que no cita nadie
En 1989 Csikszentmihalyi y LeFevre avisaron por busca a una muestra de trabajadores estadounidenses en momentos aleatorios y les preguntaron qué estaban haciendo y cómo se sentían. El resultado no era el que esperaban ni los trabajadores ni los investigadores.
El flow aparecía más a menudo en el trabajo que en el tiempo libre —alrededor de la mitad de los avisos en horario laboral tenían la firma del estado, frente a una proporción mucho menor en los de ocio, dominados en cambio por la apatía delante de un televisor—. Y sin embargo, preguntados por dónde preferirían estar, esas mismas personas decían que preferirían no estar trabajando.
Csikszentmihalyi lo llamó la paradoja del trabajo. Es el hallazgo más útil de toda la literatura y el que menos probabilidades tiene de aparecer en un artículo sobre rutinas matutinas, porque no vende nada. El trabajo ya contiene las condiciones —metas, feedback, dificultad, necesidad de destreza— y el ocio en su mayoría no. Lo que al trabajo le falta es la sensación de haber sido elegido, y eso resulta importar enormemente para cómo se recuerdan las mismas horas. La teoría de la autodeterminación trata exactamente ese hueco entre el estado y la sensación de haberlo elegido.
Dos consecuencias. Si estás esperando al tiempo libre para sentir absorción, puede que estés esperando a la parte menos probable de la semana. Y si quieres más flow, el sitio más barato para encontrarlo es el trabajo que ya tienes, que es para lo que sirve el job crafting; cómo se busca ese encaje sin cambiar de empleo está desarrollado aparte.
De qué desconfiar
El flow lleva una década vendiéndose con fuerza, y algunas afirmaciones concretas merecen una ceja levantada.
Los tiempos exactos. Cifras como «se tarda 23 minutos en entrar en flow» o «el flow dura 90 minutos» se presentan como hallazgos. No están en la investigación. El inicio varía por persona, tarea y día, y ningún estudio ha establecido una cifra general.
Los neurotransmisores con nombre y apellido. Los artículos populares listan un cóctel específico de sustancias liberadas durante el flow. La neurociencia del flow es un área activa y sin cerrar; ese inventario químico tan seguro de sí mismo es marketing, no medición.
El flow como objetivo de productividad. El flow es intrínsecamente gratificante, lo que lo convierte en una métrica pésima. El propio Csikszentmihalyi señaló desde el principio que el estado se engancha a lo que provea las condiciones —incluido el juego de azar, e incluido un trabajo que no lleva a ninguna parte—. La absorción no es prueba de que la tarea valiera la pena, y quien persigue el estado deriva hacia lo que lo produce con más fiabilidad y no hacia lo que importa.
El flow como veredicto sobre tu carácter. Que cueste entrar suele ser un problema de encaje —la tarea está mal calibrada, la meta es vaga, el feedback llega dentro de seis semanas— antes que un defecto tuyo. Cuando la concentración cuesta en todas las tareas y en todos los contextos, eso es otra pregunta y el test de rasgos TDAH es un punto de partida más honesto, con la advertencia de siempre: es un indicador, no un diagnóstico. Y cuando la dificultad es que el trabajo nunca parece merecer que te absorba, la puerta buena es motivación intrínseca o trabajo e identidad.
fuentes
- · Csikszentmihalyi, M. (1975). Beyond Boredom and Anxiety. Jossey-Bass.
- · Csikszentmihalyi, M., LeFevre, J. (1989). Optimal experience in work and leisure. Journal of Personality and Social Psychology.
- · Csikszentmihalyi, M. (1990). Flow: The Psychology of Optimal Experience. Harper & Row.
- · Csikszentmihalyi, M. (1997). Fluir (Flow): una psicología de la felicidad. Editorial Kairós. [Traducción de Nuria López]
- · Nakamura, J., Csikszentmihalyi, M. (2002). The concept of flow. In C. R. Snyder & S. J. Lopez (Eds.), Handbook of Positive Psychology. Oxford University Press.
- · Fong, C. J., Zaleski, D. J., Leach, J. K. (2015). The challenge-skill balance and antecedents of flow: a meta-analytic investigation. The Journal of Positive Psychology.
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