Diferencia de edad en la pareja
Si la diferencia predice algo por sí sola, qué encuentran los estudios, qué cambia en herencia y pensiones, y la pregunta que importa más que el número.
Ciencia de las relaciones
Se habla de diferencia de edad en la pareja a partir de unos diez años, aunque nadie se pone de acuerdo en el umbral y la manera en que se busca sugiere que la gente querría que existiera uno. En español ni siquiera se dice con un número suelto: se dice con un verbo —— se llevan quince años, le saca doce ——, lo que ya indica que aquí importa la distancia, no la cifra.
No hay una línea a partir de la cual una relación entre dos adultos que consienten se convierta en otra cosa. Lo que cambia con el tamaño de la diferencia es un conjunto de preguntas prácticas, y merece la pena hacerlas en voz alta en lugar de dejar que las conteste el tiempo.
En español solo hay insultos, uno para cada uno
Merece la pena mirar el vocabulario antes que los datos, porque el vocabulario ya trae el veredicto puesto.
Para el hombre mayor con una mujer joven: viejo verde, y en versión importada, sugar daddy. Para la mujer mayor con un hombre joven: asaltacunas, y el préstamo cougar, que ni siquiera se ha traducido. Lo que no existe es una palabra neutra para la pareja. Hay un insulto por cabeza y ningún nombre para el vínculo, de modo que hablar de esto en español obliga a elegir entre un juicio y una perífrasis.
La comparación con otros idiomas es reveladora. El japonés tiene un término corriente para la mujer mayor con un marido más joven y un refrán que recomienda esa combinación —— es decir, exactamente el caso que en español se castiga con más burla. El juicio no sale de los datos, porque los datos son los mismos en los dos sitios. Sale del idioma, y por eso conviene no confundir la incomodidad social con un hallazgo.
Qué encuentra la investigación
La satisfacción inicial es más alta y se desgasta más rápido. Lee y McKinnish analizaron un panel de hogares australiano y encontraron que las parejas con mucha diferencia de edad declaraban más satisfacción conyugal al principio que las de edad parecida —— y una caída más pronunciada en los seis a diez años siguientes, hasta converger con el otro grupo y quedar por debajo. El efecto era más fuerte en hombres mayores con esposas mucho más jóvenes.
Las rupturas aumentan con la diferencia. De forma bastante consistente entre bases de datos, aunque el efecto es modesto hasta que la diferencia se hace grande, y está confundido con todo lo que correlaciona con los emparejamientos poco habituales.
La desaprobación es un coste medible. Lehmiller y Agnew encontraron que sentirse socialmente desaprobado predice menor compromiso: el mismo mecanismo que aparece en las parejas interraciales y mixtas. La tensión viene de fuera y es real.
Y un hallazgo que nadie espera. El trabajo de Drefahl con datos de mortalidad daneses encontró que los hombres con esposas más jóvenes viven más —— y, esto es lo importante, las mujeres con maridos más jóvenes no obtienen el mismo beneficio: les va peor que a las emparejadas con hombres de su edad. La asimetría no tiene explicación aceptada y sirve de recordatorio de que esta literatura está más contaminada de lo que parece.
Conviene decir de dónde salen: Australia, Dinamarca y Estados Unidos. No hay una serie española o latinoamericana equivalente.
La pregunta que sí importa
No el número de años. El momento vital.
Doce años entre alguien de 38 y alguien de 50 es una situación distinta de los mismos doce años entre 22 y 34. En la segunda hay una persona que todavía no ha fijado profesión, ciudad ni si quiere hijos, y otra que fijó las tres cosas hace tiempo. Esa asimetría, y no la aritmética, es lo que produce los problemas característicos.
Las preguntas concretas que conviene hacerse pronto:
- Hijos. Si sí, cuándo, y si uno de los dos ya pasó por ello. Es con diferencia el punto de conflicto más frecuente
- El momento profesional. Uno construyendo y otro consolidando o cerrando; de quién es la ciudad que gana cuando hay que elegir. Aquí es donde lo que cada uno busca en el trabajo pesa más que la edad
- Jubilación y dinero. Quince años de diferencia significan una década o más con uno jubilado y otro no
- Salud y cuidados. Incómodo, inevitable, y mucho más fácil de hablar antes que en mitad de ello
- Los amigos. Si alguno de los dos está dispuesto a pasar las noches con la gente del otro
Ninguna es imposible de contestar. Simplemente son invisibles al principio, justo en el periodo en el que la relación va sobrada de esa satisfacción inicial alta que registran los datos.
Herencia y viudedad: donde el derecho lo nota
En España hay dos sitios donde la diferencia de edad deja de ser una conversación y se convierte en una cifra.
La herencia. El derecho español reserva una parte del patrimonio a los hijos —— la legítima ——, de modo que el cónyuge viudo no recibe lo que la intuición supone: en el régimen común le corresponde el usufructo de una porción, no la propiedad de la casa. En una segunda pareja con mucha diferencia de edad, eso coloca a la persona más joven compartiendo herencia con hijos que pueden tener su misma edad. Es el conflicto clásico y es previsible. Los derechos forales cambian el reparto —— Cataluña, Navarra, Aragón y el País Vasco tienen reglas propias y más margen para disponer ——, así que dónde se tiene la vecindad civil altera el resultado. Es de las pocas conversaciones sobre dinero que mejoran mucho con una visita al notario y una tarde incómoda.
La pensión de viudedad. Existe, pero no siempre completa: cuando el matrimonio duró poco, no hubo hijos comunes y no había convivencia previa acreditada, lo que corresponde puede ser una prestación temporal en lugar de vitalicia. Es exactamente el caso que describe una pareja que se casó tarde y con mucha diferencia, y casi nadie lo comprueba antes.
Nada de esto es un argumento en contra de nada. Es material que conviene mirar cuando la diferencia es grande, precisamente porque es el tipo de cosa que se descubre en el peor mes posible.
El poder, que es donde está la preocupación razonable
La versión sensata de la incomodidad con las diferencias de edad no va de la edad. Va de si las dos personas están en igualdad de condiciones: en dinero, en vida social, en experiencia y en la capacidad real de marcharse.
Una diferencia grande correlaciona a menudo con esa asimetría y no la crea. Dos personas que se conocieron a los 25 y los 45, ambas con ingresos, trabajo y amigos propios, están en una situación distinta de una pareja en la que uno controla la vivienda, el dinero y el círculo entero. La segunda es preocupante haya o no diferencia de edad, y es lo que merece mirarse.
Cuando una de las dos personas es muy joven —— veintipocos, primera relación seria, dependencia económica ——, la asimetría merece ser tomada en serio por los dos, incluida la parte mayor, que suele estar en mejor posición para verla. Conviene recordar también que el consentimiento tiene un suelo legal y que en España está en los 16 años desde la reforma de 2015: por debajo de ahí no hay conversación que tener, hay un delito.
Fuera de eso, lo que queda es lo de siempre. Una pareja con quince años de diferencia que ha hablado de hijos, de dinero y de cuidados está en mejor sitio que una de la misma edad que no ha hablado de nada. La diferencia de edad no cambia los pasos que se dan por supuestos; lo que cambia es que los dos relojes que los miden no marcan la misma hora.
fuentes
- · Lehmiller, J. J., Agnew, C. R. (2006). Marginalized relationships: the impact of social disapproval on romantic relationship commitment. PSPB.
- · Drefahl, S. (2010). How does the age gap between partners affect their survival? Demography.
- · Lee, W., McKinnish, T. (2018). The marital satisfaction of differently aged couples. Journal of Population Economics.
- · Conroy-Beam, D., Buss, D. M. (2019). Why is age so important in human mating? Evolutionary Behavioral Sciences.
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