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Amabilidad

Cuánto pesan por defecto los intereses de los demás frente a los tuyos.

A in OCEAN

También publicado como: communion · warmth

Qué mide la amabilidad

La amabilidad mide la tendencia a la cooperación, la confianza y la preocupación por los demás. Quien puntúa alto presume buena fe y cede terreno; quien puntúa bajo presume competencia y no lo cede. De los cinco rasgos es el más cargado moralmente en la conversación cotidiana y aquel en el que lo alto y lo bajo tienen costes evidentes.

Conviene separarlo de la cortesía, y en español eso cuesta más porque la etiqueta es justo la palabra de la cortesía: ser amable es tener buenos modos. La amabilidad del factor va del peso de fondo que se da a los intereses ajenos, no de las formas. Alguien muy poco amable puede ser perfectamente cortés, y alguien muy amable puede ser directo hasta resultar brusco.

La otra etiqueta en circulación, «afabilidad», tiene el mismo problema, y «cordialidad» ya está usada por una faceta de la extraversión. Si te quedas con una sola frase: esto no mide si tratas bien a la gente, mide cuánto pesa lo que le conviene a la gente cuando choca con lo que te conviene a ti.

Puntuación alta en la amabilidad

Quien puntúa alto da a los demás el beneficio de la duda, evita el conflicto cuando es evitable y encuentra genuinamente incómoda la incomodidad ajena. Predice caer bien, generar confianza y cobrar menos.

Cómo se ve

  • ·Supone que el desaire fue accidental
  • ·Cede en una discusión que no merece la pena
  • ·Se incomoda negociando en su propio nombre
  • ·Nota cuándo alguien en la sala se queda fuera
  • ·Pide perdón rápido, a veces por cosas que no son suyas

Puntuación baja en la amabilidad

Quien puntúa bajo es escéptico, competitivo y está cómodo con el conflicto. Es una desventaja real en lo social y una ventaja real allí donde la respuesta correcta es impopular, lo que incluye casi toda negociación, casi toda auditoría y buena parte del liderazgo.

Cómo se ve

  • ·Dice lo que nadie quiere decir
  • ·Negocia en su propio nombre sin incomodarse
  • ·Desconfía de los motivos por defecto
  • ·Tolera caer mal por una postura
  • ·Discute más allá del punto en que otros cederían

Las seis facetas

Confianza

presuponer la buena intención ajena

Rectitud

reticencia a manipular

Altruismo

disposición a ayudar aunque cueste

Cooperación

tendencia a ceder antes que a disputar

Modestia

reticencia a reclamar superioridad

Compasión

preocupación por quien está en desventaja

Cómo influye la amabilidad en las relaciones

La amabilidad es uno de los dos predictores más fuertes de satisfacción en pareja dentro de los cinco grandes, y funciona por los dos lados: convivir con quien puntúa alto es más fácil, y estar con alguien así hace que la conducta del otro pese menos. El riesgo de una amabilidad muy alta es una pareja que nunca plantea nada hasta que es demasiado grande para plantearlo. Donde aguantar en silencio se cuenta como una virtud de convivencia, ese riesgo es más difícil de ver: lo que no se plantea no desaparece, se acumula.

Cómo influye la amabilidad en el trabajo

La amabilidad alta ayuda en puestos de equipo y de cuidados y perjudica en la negociación y en el salario. La penalización salarial está bien documentada y es mayor en los hombres, con una salvedad de alcance: se ha medido sobre todo en mercados donde el sueldo se negocia individualmente, y donde una parte del salario la fija un convenio cabe esperar que el mecanismo actúe menos por la vía del sueldo y más por la de qué encargos acaba aceptando cada uno. La amabilidad muy baja ayuda en puestos adversariales y, en horizontes lo bastante largos, le cuesta a la persona su reputación de forma fiable, y por eso el rasgo es mal candidato para optimizarlo en cualquiera de las dos direcciones.

¿Cambia?

La amabilidad sube con la edad en casi todo el mundo, junto con la responsabilidad, como parte del mismo efecto de madurez. Los aumentos son graduales y en su mayoría no deliberados.

Es uno de los rasgos más difíciles de mover a propósito, en parte porque casi nadie quiere moverlo: quien puntúa alto es reacio a volverse menos complaciente y quien puntúa bajo rara vez ve el problema. Donde hay cambio, suele ser una habilidad concreta adquirida y no un rasgo desplazado: aprender a negociar, o aprender a decir lo impopular.

Malentendidos frecuentes

  • ·No es lo mismo que la bondad. La amabilidad es un peso por defecto entre intereses; alguien poco amable puede actuar con generosidad por decisión y no por disposición.
  • ·No mide los modales. Es el malentendido que arrastra la propia palabra en español: la cortesía es una capa de superficie y este factor está por debajo. Hay gente encantadora que no cede nada y gente brusca que cede siempre.
  • ·Tampoco es lo mismo que el tipo Nueve o Dos del eneagrama. Esos describen motivaciones; la amabilidad describe una tendencia conductual, y solo se solapan en parte.
  • ·No conviene maximizarla. Una amabilidad muy alta predice ingresos más bajos y quejas nunca planteadas, y ninguno de los dos es un coste pequeño.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa tener la amabilidad baja?

Que por defecto priman el escepticismo y la competencia y no la confianza y la acomodación. Cuesta en lo social y ayuda en la negociación, la auditoría y cualquier puesto donde la respuesta correcta sea impopular. No significa ser maleducado.

¿La amabilidad es lo mismo que ser buena persona?

No. Describe cuánto pesan por defecto los intereses de los demás, no las formas. Alguien poco amable puede ser cortés y generoso por decisión y no por disposición.

¿La amabilidad afecta al salario?

Sí, de forma negativa y robusta, y el efecto es mayor en los hombres. El mecanismo más probable es la comodidad al negociar en nombre propio, así que donde el salario no se negocia persona a persona el efecto se desplaza hacia otras cosas: qué tareas asumes y qué pides.

¿Se puede cambiar la amabilidad?

Sube gradualmente con la edad en casi todo el mundo. El cambio deliberado es más difícil que con la responsabilidad y suele tomar la forma de aprender una habilidad concreta más que de desplazar el rasgo.

Mira dónde te sitúas en los cinco

Los resultados de los cinco grandes son percentiles, no notas. Es el mismo tipo de número que el percentil de peso o de talla que da el pediatra: una posición frente a un grupo de referencia, no una calificación. Estar en el percentil 70 de un rasgo significa que estás por encima del 70% de ese grupo, no que tengas un 70% del rasgo ni que hayas sacado un siete.