Casi todos los problemas llegan pegados a un incidente. Algo se cae, alguien se da cuenta, hay una mala semana con fecha, y la fecha acaba siendo el motivo por el que alguien dice por fin algo en voz alta.
Este no tiene fecha.
El trabajo sale. Las evaluaciones son buenas. Los compañeros usan la palabra tranquila. Hay alguien recibiendo sueldo, ascensos y agradecimientos por mantener en marcha un mecanismo que resulta carísimo, y mientras el mecanismo siga produciendo resultados no va a aparecer nada en el entorno que le pida parar.
470M
personas con un trastorno de ansiedad en el mundo, OMS, 2023
27,6%
de quienes necesitan tratamiento para la ansiedad reciben alguno
9 a 23 años
demora mediana entre el inicio del trastorno y el primer contacto con tratamiento
51%
de las personas trabajadoras en España señala la fatiga general como problema de salud laboral
No es un diagnóstico, y disimularlo no ayuda a nadie
No existe entrada de manual para la ansiedad de alto funcionamiento. No hay lista de criterios, no hay instrumento validado, no hay profesional que pueda escribirlo en un informe. Es una descripción popular, y hay quien toma eso como motivo para despacharla.
Despacharla es un error, y merece la pena ser exacto sobre por qué. La expresión cuajó porque nombra algo que el vocabulario clínico sostiene mal. Los sistemas diagnósticos, y mucho más los sistemas de triaje construidos encima, se apoyan con fuerza en el deterioro visible. ¿Interfiere en el trabajo, en los estudios, en las relaciones? Cuando la respuesta honesta a las tres es que no, un problema real y caro no tiene dónde quedar registrado.
Así que las dos mitades de la frase se sostienen. El término es útil. El término no es un diagnóstico. Quien lo vende como una condición está vendiendo algo, y quien lo descarta como invento del sector del bienestar no se ha preguntado qué le ocurre a una persona cuyos síntomas son reales y cuyo expediente está impecable.
Cualquier otro patrón de ansiedad acaba provocando un incidente
El pánico produce una crisis en una reunión. La evitación produce una cosa que no se hizo. La ansiedad social produce suficientes planes rechazados como para que alguien lo comente. Todos esos patrones fuerzan antes o después una conversación, porque dejan en el mundo pruebas que otras personas pueden ver.
Este deja un historial de rendimiento.
La investigación sobre ansiedad en el trabajo dejó de tratarla como uniformemente dañina hace ya bastante. La teoría de la ansiedad laboral que Bonnie Cheng y Julie McCarthy publicaron en 2018 en el Journal of Applied Psychology ordena las condiciones en las que la ansiedad sube el rendimiento en lugar de hundirlo, vía motivación y estrechamiento de la atención, cuando la persona dispone de recursos de autorregulación para canalizarla. Su marco tiene un lado oscuro y un lado luminoso, y aquí el que importa es el luminoso. No es un consuelo. Es el mecanismo por el que el patrón recibe financiación.
Las organizaciones están hechas para localizar a quien entrega bajo presión y darle más presión. Cada buena evaluación, cada ascenso, cada tarea que recae por defecto en quien es de fiar, es un ingreso directo en el sistema. La recompensa es real y no es un truco, y eso es precisamente lo que hace tan caro cuestionar el patrón. Un mecanismo al que se le está pagando no tiene motivo para detenerse, ni momento alguno en el que alguien se vea empujado a mirarlo.
Lo cual explica algo que de otro modo resulta desconcertante.
- Ansiedad generalizada: 9años
- Trastorno de pánico: 10años
- Agorafobia: 12años
- Estrés postraumático: 12años
- Fobia social: 16años
- Fobia específica: 20años
- Ansiedad por separación: 23años
Esas son las medianas que Philip Wang y su equipo encontraron en 2005 en la National Comorbidity Survey Replication, contando desde el inicio del trastorno hasta la primera vez que la persona tuvo contacto con algún tratamiento. La barra más corta del gráfico son nueve años. La muestra es estadounidense y las cifras tienen dos décadas, y ninguna encuesta posterior las ha movido ni de lejos hacia cero.
De nueve a veintitrés años no es solo un problema de acceso. Es lo que ocurre cuando a un trastorno se le exige que genere por su cuenta el motivo para ser mencionado.
Tres capas, y solo una se ve
El montaje tiene una forma, y la forma sirve más que la etiqueta.
| Capa | Lo que se ve desde fuera | Lo que está pasando en realidad |
|---|---|---|
| El motor | Arranques tempranos, plazos cumplidos, la lista vacía el viernes | Empezar muchísimo antes de lo necesario, porque la idea de que salga mal no se va. La lista vacía produce alivio, no satisfacción, y el alivio dura cada vez menos |
| La máscara | Tranquila, capaz, la persona de confianza | Un estoy bien automático que llega antes de decidir decirlo, un aterrizaje hueco cuando la elogian por ser de fiar, y una preocupación callada por que la descubran |
| La factura | Nada en absoluto | Mandíbula y hombros que no bajan, un estómago con opiniones, noches repasando un día que ya terminó, culpa al descansar, la primera mañana libre de las vacaciones pasada en la cama |
La fila del medio es la que sostiene el edificio. Lo que encarece esto no es la ansiedad. Es la ansiedad que nadie puede ver, y en ese nadie entra el propio médico de la persona.
Conviene mirar cuánto de eso se detecta. El metaanálisis que Elena Olariu y su equipo publicaron en 2015, con veinticuatro estudios y 34.902 pacientes de atención primaria, situó la sensibilidad conjunta para trastornos de ansiedad en el 44,5 por ciento, y en el 30,5 por ciento cuando el médico trabajaba sin ningún instrumento de cribado. Siete de cada diez sin detectar, en condiciones buenas, entre gente que sí había ido.
Un paciente que entra pareciendo competente, describe el problema en el registro de la autocrítica suave y no tiene ningún deterioro que reportar no es un caso difícil de pasar por alto. Es el más fácil.
En España lo que la ley audita son las horas
Aquí hay algo que la versión inglesa de este texto no puede escribir, porque depende del derecho laboral concreto de un país.
Desde el Real Decreto-ley 8/2019, toda empresa en España está obligada a registrar a diario el horario concreto de inicio y de fin de la jornada de cada persona en plantilla. El objetivo declarado era perseguir las horas extraordinarias no declaradas, y es una norma razonable con un propósito razonable. Pero el instrumento que el Estado decidió construir mide cantidad. Este patrón deja esa columna impecable.
Hay una segunda norma que apunta en la misma dirección. La Ley Orgánica 3/2018 reconoció en su artículo 88 el derecho a la desconexión digital, de modo que existe una frontera legal entre estar trabajando y estar localizable. También es útil. Y también mide la cosa equivocada, porque se puede estar perfectamente desconectada a las diez de la noche, sin un solo mensaje pendiente, y tener el bucle completo en marcha repasando la reunión de mañana. La ley regula la disponibilidad. No regula la preocupación, que es el sitio donde vive el gasto.
Añádase a esto lo que la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo midió en 2022 con más de 27.000 personas trabajadoras de la Unión Europea. El 46 por ciento declaró estar expuesto a presión temporal severa o sobrecarga de trabajo, el factor de riesgo con el vínculo más fuerte con la mala salud mental laboral en esos datos, y el 27 por ciento declaró estrés, ansiedad o depresión. En el reparto por países, España aparece entre los más altos en fatiga general señalada como problema de salud relacionado con el trabajo, con un 51 por ciento, por detrás de Polonia con 62 y Lituania con 52, empatada con Letonia.
Y en la misma encuesta, un 64 por ciento de quienes respondieron en España está de acuerdo con que la pandemia ha hecho más fácil hablar de estrés y salud mental en el trabajo, una de las cifras más altas del continente.
Esas dos cosas juntas cierran el argumento. Hablar se ha vuelto más fácil, y de esto sigue sin hablarse. No es estigma. Es que no hay nada que declarar.
Y vale la pena decir que ninguna de las dos normas está mal planteada. El registro horario sirve exactamente para lo que se diseñó, que es sacar a la luz trabajo no pagado, y el derecho a la desconexión protege algo que antes de 2018 no tenía nombre jurídico en España. El problema no es que midan mal. Es que una persona puede cumplir las dos a la perfección, fichar sus ocho horas, no responder un mensaje después de la jornada, y seguir estando exactamente donde este texto describe. Un marco legal construido sobre horas y disponibilidad no tiene ninguna casilla para la presión interna, y mientras la única prueba admisible sea la cantidad, el expediente de esta persona va a seguir saliendo limpio durante años.
El indicador que todo el mundo mira es el equivocado
La manera estándar de expresar el coste de la ansiedad a escala de país es la productividad perdida. La Organización Mundial de la Salud estima la depresión y la ansiedad juntas en un billón de dólares anuales en esa partida, y es la cifra que se cita cuando hay que convencer a un gobierno de financiar algo.
Este patrón no aporta nada a esa partida.
No es una objeción de contabilidad. Es el motivo por el que resulta invisible a todos los sistemas diseñados para cazarlo. El rendimiento es lo último que se cae, así que vigilar el rendimiento no informa de nada hasta que la información ha dejado de servir. Las señales tempranas son físicas y se agrupan alrededor del descanso, no alrededor del trabajo.
Dos de ellas están contadas. El bruxismo de vigilia, el apretar y rechinar diurno que no tiene nada que ver con el sueño, salió con una prevalencia conjunta del 15,44 por ciento sobre diecisiete estudios en un metaanálisis publicado en 2023 en Clinical Oral Investigations, y es la forma de bruxismo que se vincula de manera más consistente con carga psicosocial antes que con causas dentales.
Y las vacaciones que empiezan con fiebre tienen su propia literatura pequeña. Ad Vingerhoets y su equipo describieron en 2002 lo que llamaron leisure sickness en una muestra holandesa de 1.128 hombres y 765 mujeres, con alrededor de un tres por ciento informando que enferman de forma fiable los fines de semana o al principio de un descanso. Era un estudio piloto y la cifra hay que sostenerla con la mano floja, pero el fenómeno que nombra es una de las experiencias que más se repiten dentro de este patrón, y es lo contrario de una casualidad. Un sistema que llevaba meses sostenido a presión suelta en el momento en que la presión desaparece, y ese soltar se registra como una gripe.
La culpa al descansar entra en la misma lista y es la que menos gente acepta llamar síntoma, porque desde dentro se siente como vagancia correctamente identificada. No lo es. Si parar produce inquietud en lugar de recuperación, el descanso no está haciendo lo que hace el descanso, y la recuperación que esa persona cree estar cobrando los fines de semana no está llegando.
Que te importe el trabajo y que te dé miedo el trabajo
La objeción más habitual a todo esto es que describe a una persona responsable, y la responsabilidad no es un problema. Es justo, y la distinción se puede trazar con suficiente filo.
Las dos columnas producen el mismo calendario. Ahí está el motivo completo de que esto pase desapercibido durante una década, y también el motivo de que buscarlo en las horas no funcione. La entrada sobre adicción al trabajo y engagement dice lo mismo desde el otro lado: a dos personas que trabajan el mismo sábado por la noche las separa la compulsión y no la cantidad, y lo que predice el daño es la compulsión.
Vecinos, no gemelos
El perfeccionismo, la complacencia y la vergüenza ante el fracaso se mezclan con este patrón constantemente, incluso por parte de quienes tienen los cuatro. Se solapan mucho. No son lo mismo y no responden al mismo manejo, así que mezclarlos no sale gratis.
| Patrón | A qué se agarra el miedo | La señal que lo distingue |
|---|---|---|
| Perfeccionismo | A la propia exigencia, y a lo que no alcanzarla diría de la obra | Revisión que no se detiene. La cosa nunca llega a estar terminada |
| Complacencia | A la reacción del otro, y al coste de decepcionarle | La presión desaparece en una tarea que nadie va a ver |
| Vergüenza ante el fracaso | A que se vea que ha fallado, una vez ocurrido | Suena más fuerte después, dentro de la rumiación |
| La ansiedad como motor | A que la cosa salga mal, de forma continua y antes de que ocurra | Suena más fuerte antes, y al terminar llega alivio en lugar de orgullo |
Quien decida llevar esto a algún sitio hará bien en llevarse lo concreto de las columnas del centro y de la derecha antes que la etiqueta. Cuatro patrones indistinguibles en un calendario se ven bastante distintos en el relato de una semana.
La frase que pasa por encima de la primera objeción
A la gente que funciona bien la convencen de no pedir ayuda. A veces un profesional con cinco minutos, mucho más a menudo ella misma de camino, y el argumento que hace el trabajo de convencer es siempre el mismo. No ha pasado nada. Hay gente que lo necesita más.
Cómo termina esto, que no es como se cuenta
La imagen recibida de quedarse sin reservas es un declive gradual, una pérdida lenta de capacidad que da tiempo a que la gente de alrededor se dé cuenta.
La literatura clínica dice algo más raro y más preciso. Suecia tiene desde 2005 un diagnóstico para esto, el trastorno de agotamiento, que exige al menos seis meses de exposición a estrés sin recuperación suficiente. Elin Lindsäter y su equipo revisaron en 2022 en BJPsych Open la investigación disponible sobre él, y los estudios cualitativos que resumen describen una fase inicial larga en la que el cuerpo reclama atención repetidamente mediante síntomas físicos y sueño alterado, mientras la persona sigue trabajando y sosteniendo la vida cotidiana a pesar de encontrarse mal. Y luego el derrumbe.
Así que el deterioro sí es gradual. El deterioro también está ocurriendo, durante toda su duración, exactamente en los lugares donde nadie mira. Lo que no es gradual es la parte visible, que se sostiene y se sostiene, porque sostener es la habilidad que se lleva años practicando, y después una mañana la primera tarea corriente del día resulta que no se puede levantar.
El otro hallazgo de esa revisión es el que merece lectura lenta. En el seguimiento a entre siete y diez años del diagnóstico, el 87 por ciento de la muestra ya no estaba de baja. A la vez, alrededor de un tercio seguía clínicamente agotado, casi la mitad seguía informando de fatiga y un 73 por ciento informaba de tolerancia reducida al estrés. Volver al trabajo y recuperarse no son el mismo acontecimiento. La factura, una vez llega completa, se liquida en un plazo mucho más largo del que nadie presupuesta.
Nada de esto es un argumento para la alarma. Es un argumento a favor de la cosa poco lucida: que esto merece llevarse a un médico o a una psicóloga en el punto en el que todavía no hay nada que reportar. Que es la circunstancia exacta en la que nadie va, y la circunstancia exacta en la que sale más barato.
Un problema que nunca ha producido un día malo no es un problema sin coste. Es un problema que se ha mantenido fuera del expediente con una eficiencia notable.
Sources
- World Health Organization. Anxiety disorders: fact sheet.
- Wang, P. S., Berglund, P., Olfson, M., Pincus, H. A., Wells, K. B., Kessler, R. C. (2005). Failure and delay in initial treatment contact after first onset of mental disorders in the National Comorbidity Survey Replication. Archives of General Psychiatry, 62(6).
- Olariu, E., Forero, C. G., Castro-Rodriguez, J. I., et al. (2015). Detection of anxiety disorders in primary care: a meta-analysis of assisted and unassisted diagnoses. Depression and Anxiety, 32(7).
- Cheng, B. H., McCarthy, J. M. (2018). Understanding the dark and bright sides of anxiety: a theory of workplace anxiety. Journal of Applied Psychology, 103(5).
- Real Decreto-ley 8/2019, de 8 de marzo, de medidas urgentes de protección social y de lucha contra la precariedad laboral en la jornada de trabajo. BOE-A-2019-3481.
- Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, artículo 88. BOE-A-2018-16673.
- Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (2023). Mental health at work after the COVID-19 pandemic: what European figures reveal.
- Archer, A. B., Da-Cas, C. D., Valesan, L. F., et al. (2023). Prevalence of awake bruxism in the adult population: a systematic review and meta-analysis. Clinical Oral Investigations, 27(10).
- Vingerhoets, A. J. J. M., Van Huijgevoort, M., Van Heck, G. L. (2002). Leisure sickness: a pilot study on its prevalence, phenomenology and background. Psychotherapy and Psychosomatics, 71(6).
- Lindsäter, E., Svärdman, F., Wallert, J., et al. (2022). Exhaustion disorder: scoping review of research on a recently introduced stress-related diagnosis. BJPsych Open, 8(5), e159.
- World Health Organization (2016). Investing in treatment for depression and anxiety leads to fourfold return.