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Infidelidad emocional

Por qué no hay una definición acordada, qué mide en realidad la investigación y qué pregunta resuelve el asunto mejor que una lista de señales.

Ciencia de las relaciones

La infidelidad emocional consiste en poner en otra persona la intimidad que la pareja daba por suya, sin que haya sexo: la confidencia, el primer mensaje del día, la persona a la que se le cuenta antes que a nadie, la conversación que se alarga de noche.

Casi todas las páginas sobre esto empiezan con una lista de señales. Esta no, por un motivo concreto: no existe una definición acordada, y una lista escrita por un desconocido no puede proporcionarla. Los estudios que piden valorar conductas una por una encuentran desacuerdo en casi todos los ítems: el mismo gesto es una traición evidente para una persona y algo irrelevante para la que duerme a su lado. Una lista sirve sobre todo para condenar a alguien con un criterio que nunca aceptó, que es una forma fiable de tener la discusión equivocada.

Lo que sí está establecido es que la ausencia de sexo no hace la herida más pequeña. En varios estudios la infidelidad emocional se valora como más dolorosa que la sexual, y la recuperación suele ser más lenta.

Por qué en español la pregunta llega como un veredicto

La palabra no viene sola. «Fidelidad» es una virtud antes que una cláusula, y el adulterio fue durante siglos un pecado con nombre propio en una cultura católica. Eso deja un poso que en inglés está más diluido: aquí la pregunta que se hace el lector rara vez es dónde está la línea. Es si esto cuenta o no cuenta, dicho como quien pide una sentencia.

El efecto práctico es que cualquier intento de describir el acuerdo suena a excusa. Si el marco es la culpa, preguntar «¿qué habíamos acordado exactamente?» parece una maniobra de la parte que tiene algo que esconder.

Conviene separarlo, porque describir el acuerdo no es relativizar la traición. Es lo contrario: solo se puede romper algo que estaba definido, y la mayoría de las parejas descubre en esta conversación que nunca llegó a definirlo.

Una nota de vocabulario, ya que se llega aquí por varias palabras. «Engaño emocional» se usa en español sobre todo para la manipulación, que es otro asunto; «poner los cuernos» se entiende en todas partes pero apunta a lo sexual; y «microinfidelidad» solo aparece en artículos traducidos del inglés, así que esta entrada no la usa.

En qué se diferencian dos personas que no discrepan

Casi nadie discute si traicionar está mal. Lo que se discute es qué incluía la monogamia desde el principio.

La monogamia especifica exclusividad sexual y romántica. No especifica cuánta intimidad emocional puede irse a otra parte, y casi ninguna pareja lo ha hablado. Así que cada uno importa un supuesto, y los supuestos no coinciden:

  • ¿Se permite una amistad privada e intensa?
  • ¿Cambia algo que la otra persona sea un candidato romántico plausible?
  • ¿Contar por fuera lo que pasa dentro de la relación, cuenta?
  • ¿Hablar con un ex es distinto de hablar con cualquier otra persona?

Ninguna de estas preguntas tiene respuesta correcta. Tienen tu respuesta y la de tu pareja, y descubrir que nunca fueron la misma es lo que de verdad ocurre en la mayoría de estos conflictos. Parte de esa variación se explica por los patrones de confianza de cada uno, que no son un rasgo de carácter sino el poso de lo que ya pasó antes.

¿Tiene consecuencias legales?

Es una pregunta que aquí se hace en serio, así que conviene contestarla: no, o casi nunca.

En España el divorcio no tiene causas desde la reforma de 2005. No hay que alegar nada ni probar nada, y la infidelidad —emocional o no— no influye en la pensión, en el reparto de bienes ni en la custodia. El adulterio, además, dejó de ser delito en 1978. En parte de América Latina todavía existe el divorcio con causa y el adulterio figura entre ellas, pero la causal exige relación carnal: una relación sin sexo no encaja, por intensa que haya sido.

El derecho traza la línea donde puede probarla, no donde duele. Eso corta en las dos direcciones: que un juzgado no lo reconozca no significa que no haya pasado nada, y que haya pasado algo no convierte una conversación de pareja en un procedimiento con pruebas.

La prueba que funciona mejor que una lista

El secreto, no el contenido.

La pregunta no es si una amistad se ha vuelto demasiado cercana. Es si describirías esa relación con precisión a tu pareja —la frecuencia, el tono, de qué habláis, qué sientes cuando llega un mensaje— y si ya lo has hecho.

Esa prueba sobrevive al problema de la definición porque no necesita una definición compartida. Mide tu propia lectura de que algo se ha movido: ocultar es una señal que generaste tú, sobre tu propia conducta, antes de que nadie te acusara de nada.

El modelo de muros y ventanas de Shirley Glass dice lo mismo desde el otro lado. Toda relación cercana tiene un muro alrededor y ventanas hacia dentro. Una infidelidad, emocional o no, es una ventana que se abre hacia fuera y un muro que se levanta dentro. La reparación es simple de describir y difícil de hacer: cerrar la ventana y abrir el muro. Decirle a tu pareja lo que le estabas diciendo a la otra persona.

Aquí encaja la discusión de sobremesa de siempre, la de si puede haber amistad entre un hombre y una mujer. Está mal planteada. Lo que decide no es el sexo de la otra persona: es si la relación se lleva en privado.

Qué suele significar, y qué hacer con ello

La observación central de Esther Perel es que la gente busca más a menudo una versión de sí misma que una pareja mejor: sentirse viva, resultar interesante a alguien, ser mirada. No es una excusa, y ella no la ofrece como tal. Es un diagnóstico, porque señala qué dejó de estar disponible dentro de la relación en lugar de señalar a un culpable, y las parejas que se recuperan suelen ser las que llegan a esa pregunta.

El movimiento que sale mal es el que casi todo el mundo hace primero: reunir pruebas y presentar el caso. Produce una defensa, y a partir de ahí la conversación trata de si el cargo está probado y no de qué necesita cada uno. Funciona mejor algo más pequeño y más difícil: describir el efecto en vez de la falta —llevo un tiempo sintiéndome la segunda persona a la que le cuentas las cosas— y pedir directamente lo que se quiere recuperar. Cómo se formula eso es el asunto de lo que le pedimos al otro.

Si ya ha ocurrido, lo que dice la literatura sobre recuperación es bastante constante: contarlo entero una vez y no a plazos, terminar el contacto en lugar de irlo espaciando, y sostener un periodo largo de transparencia que la parte herida no tenga que exigir cada vez. Vale la pena tener a alguien en la sala; hay evidencia razonable en terapia de pareja, y la reparación después de una ruptura es un trabajo largo. El plazo, además, lo cuenta la parte que fue herida: quien lo dejó lo da por empezado el día que lo contó, y esa fecha solo vale para uno de los dos.

fuentes

  • · Glass, S. P. (2003). Not 'Just Friends' — on the walls-and-windows model of affair prevention.
  • · Perel, E. (2017). The State of Affairs: Rethinking Infidelity.
  • · Thompson, A. E., O'Sullivan, L. F. (2016). Drawing the line: the development of a comprehensive assessment of infidelity judgments. Journal of Sex Research.
  • · Blow, A. J., Hartnett, K. (2005). Infidelity in committed relationships: a substantive review. Journal of Marital and Family Therapy.
  • · Ley 15/2005, de 8 de julio, por la que se modifican el Código Civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de separación y divorcio.

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