La oferta llega envuelta como premio, y por eso decir que no parece un desaire. No es un premio. Es otro trabajo, con otros horarios, otra clase de cansancio y un conjunto de habilidades que solo se solapa en parte con las que hicieron que te lo ofrecieran. El mejor técnico no es automáticamente el mejor jefe de técnicos, todo el mundo lo sabe, y las ofertas siguen llegando igual.
Qué suele estar pasando
Quieres el dinero y el cargo, no el trabajo. Es honesto, es lo normal, y conviene admitirlo antes de aceptar. Dirigir se paga mejor porque es duro de una manera concreta: tu resultado pasa a ser el de otros y tú haces muy poco de aquello en lo que eras bueno.
Lo harías bien y lo que te frena es el conflicto. Dirigir consiste, en buena parte, en tener conversaciones que nadie quiere tener. Si eres de sostener el ambiente, esa es la parte que vas a esquivar, y esquivarla es exactamente cómo la gente buena se convierte en mal jefe. La pregunta no es si puedes; es si lo vas a hacer.
Serías excelente y todavía no lo sabes. Hay quien lleva años dirigiendo sin cargo: la persona a la que todos van a preguntar, la que ve a dónde va el proyecto antes que nadie. Si ya te siguen, el puesto es sobre todo hacerlo oficial.
Es la única forma de subir aquí, y ese es el problema de verdad. Las empresas sin una vía técnica sénior empujan a sus mejores especialistas a dirigir. Si es tu caso, la pregunta no es si aceptar: es si quedarte en un sitio con una sola puerta.
Mira qué contrato te están dando
Un detalle español que no aparece en ninguna versión inglesa de esta pregunta y que puede costar mucho dinero.
Si el ascenso es a un puesto de dirección de verdad —con poderes sobre el conjunto de la empresa y autonomía plena—, puede llevarte a la relación laboral especial de alta dirección, regulada por el Real Decreto 1382/1985 y no por el Estatuto de los Trabajadores. Ahí el empresario puede desistir con preaviso, y la indemnización son siete días de salario por año con tope de seis mensualidades: el Tribunal Supremo la lee como un mínimo obligatorio, de modo que el contrato puede mejorarla pero no rebajarla. Es bastante menos de lo que protege a la gente que ahora diriges, y por eso conviene pactar por escrito algo por encima de ese suelo.
Dicho con precisión, porque se exagera constantemente: la alta dirección se aplica a muy poca gente y los tribunales la interpretan de forma restrictiva. Un jefe de equipo, un coordinador o un mando intermedio normalmente no entran ahí. Pero si en la oferta aparecen palabras como consejero delegado, dirección general o apoderamiento general, lee el contrato con calma y, si hace falta, con ayuda. Es media hora y evita una sorpresa de años.
Aunque no sea ese el caso, hay dos cosas que sí se pactan y casi nadie pacta: si la parte variable se cobra por objetivos que dependen de otros, y si puedes volver a tu puesto anterior en caso de que no funcione.
Qué hacer esta noche
- Escribe qué hiciste el último mes que dejarías de hacer. Si la lista es el trabajo en sí, tómatelo en serio: el ascenso te quita casi todo eso.
- Pregunta a quien te lo ofrece: ¿cómo es una mala semana en este puesto? Su respuesta te describe el trabajo. Si no sabe describir una, tampoco conoce el puesto.
- Comprueba si ya vienen a preguntarte. Si vienen, llevas tiempo haciendo parte del trabajo gratis. Si no vienen, pregúntate por qué antes de suponer que un cargo lo va a cambiar.
De qué depende
Dirigir son cuatro cosas separadas —ver el rumbo, sostener a la gente, decidir cuando duele y hacer que aterrice— y casi nadie es fuerte en las cuatro. El test de liderazgo dice cuáles son las tuyas. Quien puntúa alto en ejecución y bajo en personas dirige un equipo que entrega y se marcha; quien puntúa alto en personas y bajo en decisión es muy querido y no tiene nunca la conversación. Saber tu forma antes de aceptar es lo que te permite negociar el puesto que sí puedes hacer. Y conviene tener presente lo que la investigación de rasgos dice que no puede hacer: predice bastante bien quién acaba mandando y bastante peor si lo hará bien.