Esta pregunta se teclea en dos momentos que no se parecen en nada. Uno es el jueves malo, después de la reunión mala. El otro es el final de un año en el que no pasó nada terrible y tampoco nada bien. El primero necesita un fin de semana. El segundo necesita una respuesta, y confundirlos sale caro en las dos direcciones: hay gente que deja un buen trabajo por un mes horrible y gente que aguanta diez años en el equivocado porque cada semana suelta era soportable.
Qué suele estar pasando
Una mala racha con cara y ojos. Un jefe, un proyecto, una reorganización. El trabajo no ha cambiado; ha cambiado una variable y hace mucho ruido. Las malas rachas con causa identificable se acaban cuando se acaba la causa, y la pregunta real es si puedes durar más que ella. Que el jefe se vaya en seis meses convierte esto en otra decisión distinta.
El trabajo está bien y tiene la forma equivocada para ti. Nada que pudieras contar en una entrevista de salida. Simplemente llevas años sin usar la parte de ti que más pesa —construir, entender, tratar con gente, arreglar cosas— y el puesto no tiene sitio para ella. Es el motivo más frecuente y el que menos se nombra, porque no suena a motivo. Esa variante se trata aparte, en si te equivocaste de profesión.
Algo que valoras no está aquí y no va a estar. Aprender en un sitio que dejó de crecer. Decidir bajo alguien que necesita ver el método. Saber a quién sirve lo que haces cuando nadie te lo puede decir. Lo has planteado más de una vez, te han dicho que sí y no se ha movido nada. Eso no es una racha: es información sobre qué es este trabajo.
Estás vacío y el trabajo es lo que tienes más a mano para culpar. Si todo está gris —el sábado también, y las cosas que te gustaban— irte no lo arregla, porque el trabajo no es lo que vació el depósito. Este caso pide descanso antes que decisión.
La cuenta que en inglés no aparece
Irse y que te echen son dos operaciones económicas distintas, y en español conviene decirlo con el país delante.
En España, la baja voluntaria no abre situación legal de desempleo: cobras el finiquito —lo devengado, las vacaciones no disfrutadas, la parte proporcional de las pagas— y nada más. Un despido improcedente son treinta y tres días de salario por año trabajado con tope de veinticuatro mensualidades; uno objetivo, veinte días con tope de doce; y en los dos casos se abre el paro si tienes cotizado lo suficiente. Entre las dos puertas puede haber el equivalente a un año de sueldo, y el error habitual es descubrirlo después de mandar el correo.
En México no hay seguro de desempleo federal, y la prima de antigüedad solo se cobra al renunciar si llevas quince años o más en la empresa. El colchón, si existe, es tuyo.
Esto no es un argumento para quedarte. Es un argumento para saber qué estás comprando con la fecha.
Qué hacer esta noche
- Ponle fecha a la sensación. ¿Cuándo empezaste a preguntártelo? Menos de tres meses: espera y mira si la causa se mueve. Más de un año: ya lo sabes.
- Escribe la frase que dirías en la salida si fueras del todo sincero. Si es una lista de agravios, es una racha. Si es una sola frase sobre algo que aquí no vas a conseguir, ese es el motivo y es también lo que tienes que buscar.
- No hagas nada hoy. Nadie se ha arrepentido de irse una semana más tarde de lo que quería. De mandar el mensaje del jueves malo, mucha gente.
De qué depende
Lo que te empuja a irte casi siempre es tu valor principal pasando hambre, y desde dentro de un trabajo que lo está matando nadie sabe nombrarlo. Quien necesita crecer dice que el trabajo es aburrido; quien necesita autonomía dice que el jefe es difícil; quien necesita impacto dice que nada de esto sirve para nada. Son tres problemas distintos con tres trabajos siguientes distintos, y el test de valores los separa en cuatro minutos. Por qué una lista de lo que te importa no mide nada hasta que la obligas a ordenarse está explicado en valores laborales.