← Base de conocimiento
✳️

El eneagrama

Nueve tipos, un linaje espiritual y no de investigación, y la base empírica más delgada de los marcos en uso —— junto a la única pregunta que hace y que los demás no hacen.

Ciencia de la personalidad

El eneagrama clasifica a las personas en nueve tipos, definidos menos por lo que hacen que por lo que intentan evitar: el miedo del Dos a no ser querido, el del Cinco a quedarse sin recursos, el del Nueve al conflicto dentro de sí. Alrededor de los nueve están las alas —— los tipos contiguos hacia los que uno se inclina —— y las flechas, las líneas que dicen hacia qué tipo te mueves bajo estrés y en crecimiento.

Es un mapa de una clase genuinamente distinta a los otros en uso, y tiene una base empírica genuinamente más débil que cualquiera de ellos. Las dos mitades de esa frase son la entrada.

Frente a los cinco grandes, que salieron de décadas de análisis factorial, el eneagrama es una rareza: se enseñó antes de comprobarse, y la mayor parte sigue sin comprobarse. Nuestro test de eneagrama existe porque los lectores lo piden y porque la pregunta que hace es buena, y esa es una afirmación bastante más pequeña que la que hace casi cualquier otra página sobre el tema.

El linaje es hispanoamericano, y eso explica cómo te llegó

Aquí hay algo que la literatura en inglés cuenta de pasada y que en español es el centro del asunto: el eneagrama de la personalidad no se tradujo del inglés. Se escribió en español, y volvió.

La figura de nueve puntas —— el círculo con el triángulo y el hexágono irregular dentro —— la introdujo en Occidente G. I. Gurdjieff a principios del siglo XX como símbolo de proceso, sin ningún tipo de personalidad asociado. Quien conectó los nueve puntos con un conjunto de fijaciones del ego fue Óscar Ichazo, boliviano, que fundó su escuela en Arica, en el norte de Chile, en 1968, acuñó la expresión «eneagrama de la personalidad» y la insertó en un método propio que llamó protoanálisis.

Claudio Naranjo, psiquiatra chileno, viajó a Arica en 1970, estudió con Ichazo y se llevó el sistema a California, donde lo enseñó en grupos orales reducidos —— los SAT, Seekers After Truth —— y le añadió el vocabulario psiquiátrico que hace que las descripciones modernas suenen clínicas.

Y entonces —— esta es la parte que el lector hispanohablante tiene encima y el anglófono no —— Naranjo volvió. Los programas SAT se impartieron durante décadas en España y en varios países de América Latina, y de ahí sale una red de escuelas de formación en español que sigue viva. Si alguien te habló del eneagrama en español, lo más probable es que estés a dos o tres personas del propio Naranjo, no de un libro traducido.

La consecuencia práctica está en el vocabulario. En inglés los nueve tipos se llaman por los nombres de Don Riso y Russ Hudson: Reformador, Ayudador, Triunfador. En español lo corriente es hablar de eneatipos numerados y de las nueve pasiones —— ira, soberbia, vanidad, envidia, avaricia, miedo, gula, lujuria, pereza ——, que es el léxico de Naranjo. Conviene saber en cuál de los dos está escrito lo que estás leyendo.

Por qué suena a catecismo

Mira otra vez esa lista de nueve pasiones. Son los pecados capitales, con el miedo en lugar de la pereza clásica y con la pereza reinterpretada como olvido de sí. Ichazo los tomó de ahí, y no lo ocultó.

A eso se suma la vía por la que el sistema se distribuyó. Bob Ochs, jesuita, fue uno de los alumnos de Naranjo en Berkeley en 1971, y desde ahí el eneagrama entró en la formación de la Compañía de Jesús y, con ella, en casas de retiros, cursos parroquiales y colegios religiosos. En los países hispanohablantes ese canal no es marginal: para mucha gente el eneagrama no llegó por la estantería de autoayuda sino por un fin de semana de retiro, presentado como herramienta de discernimiento.

Nada de esto lo invalida, pero explica dos cosas. Explica la sensación de reconocimiento inmediato, porque el esquema está hecho con material que el lector católico —— practicante o no —— lleva encima desde el colegio. Y explica por qué aquí hay que decir con más claridad que en inglés lo siguiente: esto es una enseñanza espiritual con una historia documentada, no un instrumento de medida, y que venga acompañado de un cuestionario con números no lo convierte en otra cosa.

Qué encontró la investigación

Hook y colegas publicaron en 2021 una revisión sistemática en el Journal of Clinical Psychology sobre 104 muestras independientes. Es el mejor resumen disponible y dice cuatro cosas.

Los cuestionarios son internamente consistentes y razonablemente estables en intervalos cortos. Es el listón más bajo y el eneagrama lo pasa; Newgent y colegas llegaron a lo mismo sobre el RHETI en 2004, con apoyo mixto a la validez de constructo.

Las subescalas se relacionan con otras medidas en la dirección que predice la teoría. Los eneatipos correlacionan con los rasgos de los cinco grandes en patrones que en su mayoría tienen sentido —— el Uno con la responsabilidad, el Cuatro con el neuroticismo y la apertura, el Siete con la extraversión. Eso es evidencia real de que las descripciones captan algo.

Pero los análisis factoriales no recuperan nueve factores. Suelen encontrar menos. Y ningún estudio ha tomado una muestra grande y mostrado que la gente se agrupe de verdad en nueve grupos: el trabajo de conglomerados que establecería tipos en vez de dimensiones no se ha hecho. Es el problema de fondo de cualquier tipología —— el tipo se impone sobre un continuo en vez de descubrirse dentro de él ——, que es también la razón por la que no hay dos personas del mismo tipo que sean iguales.

La maquinaria secundaria no tiene prácticamente apoyo. Alas, flechas, niveles de desarrollo, integración y desintegración —— las piezas que hacen que el eneagrama parezca un sistema dinámico y no una lista —— casi no tienen trabajo empírico detrás. Hook y colegas son explícitos, y conviene retenerlo, porque son exactamente las piezas que más se elaboran y con más seguridad en cursos y en redes.

El contrapeso está en Sutton, Allinson y Williams (2013), que aplicaron el eneagrama a 416 adultos trabajadores junto a rasgos, valores y motivos implícitos, y encontraron que los tipos se distinguían por una combinación característica de los tres, prediciendo algunos resultados laborales más o menos tan bien como los valores y los motivos. Un estudio exploratorio no es un cimiento. Es una razón para no cerrar la carpeta.

La pregunta que sí hace

Aquí está el argumento a favor del eneagrama, y no depende de que los nueve tipos sean categorías reales.

Los modelos de rasgos miden qué haces. La extraversión cuenta con cuánta gente hablas; la responsabilidad, si el papel se entregó. Es una fortaleza —— la conducta se observa y se cuenta —— y es también un punto ciego concreto, porque dos personas pueden hacer lo mismo por razones opuestas.

El eneagrama es de los poquísimos marcos extendidos construidos alrededor del por qué. Su unidad no es una conducta sino un motivo, casi siempre una evitación: el logro del Tres y el logro del Uno se parecen en una escala de responsabilidad y por dentro no se parecen en nada, uno funcionando con el miedo a no valer nada sin una victoria y el otro con el miedo a estar equivocado. Esa distinción no aparece en un perfil de los cinco grandes.

Si los nueve motivos concretos son los nueve correctos es justo lo que no se ha establecido. Pero pedirle a alguien que nombre aquello alrededor de lo cual organiza su vida para no tener que mirarlo es una buena pregunta, y es la pregunta que hace un terapeuta. Por eso el eneagrama sobrevive en consultas donde los modelos de rasgos nunca arraigaron, y por eso «no tiene evidencia, luego ignóralo» es demasiado rápido.

Una segunda razón, menos halagadora, de por qué acierta: las descripciones de tipo son largas, densas y escritas en segunda persona, y una descripción que contiene a la vez un defecto y su redención le va a parecer exacta a casi cualquiera. Si una descripción te dio un pinchazo de reconocimiento, ese pinchazo es un dato sobre cómo está escrita tanto como sobre ti.

Cómo usar uno de todas formas

Si haces nuestro test de eneagrama, tres cosas harán el resultado más útil que el resultado medio.

Lee dos o tres descripciones, no solo la primera. Los cuestionarios son ruidosos y los tipos no se separan limpiamente, así que una diferencia estrecha en lo alto es un empate técnico presentado como veredicto. Casi todo el que trabaja en serio con este marco acaba decidiendo su eneatipo leyendo y no puntuando, y es una respuesta razonable ante un instrumento cuya estructura factorial no está confirmada.

Tómate en serio el miedo central y a la ligera la maquinaria. La frase que describe qué intenta evitar tu tipo es la parte con algo de apoyo detrás. El ala, la flecha y el nivel son la parte que no tiene ninguno.

No lo uses con otras personas. Tipificar a un compañero desde el otro lado de la mesa es el modo de fallo de todos los marcos, y con este es peor, porque la unidad es un motivo oculto. No puedes ver el miedo central de nadie: asignarle uno y después interpretar su conducta a través de él es un circuito cerrado, y el problema no se arregla preguntándole, porque el acceso de una persona a sus propios motivos es justo lo que este marco pone en duda.

Si lo que quieres es una medida que puedas comparar entre personas y a lo largo del tiempo, el instrumento son los cinco grandes y no este. Si lo que quieres es lenguaje para eso que llevas años protegiendo, este marco tiene mejor lenguaje que cualquier cosa con más evidencia detrás —— y la forma honesta de sostener las dos frases es notar que responden a preguntas distintas. La entrada sobre marcos de tipos lo sitúa frente a los demás sistemas del sitio.

fuentes

  • · Hook, J. N., Hall, T. W., Davis, D. E., Van Tongeren, D. R., Conner, M. (2021). The Enneagram: A systematic review of the literature and directions for future research. Journal of Clinical Psychology, 77(4), 865–883.
  • · Newgent, R. A., Parr, P. E., Newman, I., Higgins, K. K. (2004). The Riso-Hudson Enneagram Type Indicator: Estimates of reliability and validity. Measurement and Evaluation in Counseling and Development, 36(4), 226–237.
  • · Sutton, A., Allinson, C., Williams, H. (2013). Personality type and work-related outcomes: An exploratory application of the Enneagram model. European Management Journal, 31(3), 234–249.
  • · Naranjo, C. (1994). Character and Neurosis: An Integrative View. Gateways/IDHHB.
  • · Riso, D. R., Hudson, R. (1999). The Wisdom of the Enneagram. Bantam Books.

Más de la base de conocimiento