Antes de contar los mensajes, mira qué frase te dices para no escribir. Casi siempre es «no quiero molestar». El castellano ha convertido molestar en el verbo por defecto de ponerse en contacto con alguien: molesto si llamo, molesto si insisto, perdona que te moleste. Pedir compañía queda descrito como una imposición antes de que nadie haya contestado. Encima existe la etiqueta que da miedo de verdad, «ser un pesado», que no se aplica a quien no aparece nunca sino a quien aparece demasiado. El idioma sanciona el exceso de presencia y no sanciona la ausencia, y esa asimetría es exactamente la que deja a una persona haciendo todo el trabajo y sintiéndose además culpable por hacerlo.
Qué mirar, que no es la simpatía
Una amistad desnivelada rara vez viene con mal trato. La otra persona suele ser encantadora cuando estáis juntos, y eso es lo que despista. Lo que conviene observar es más aburrido:
Quién abre. Los últimos diez contactos: ¿cuántos empezaron por su lado? No hace falta la mitad exacta, pero diez de diez es información.
Quién se acuerda. Si sabe cómo fue la operación de tu madre, si pregunta por lo que te tenía preocupada la semana pasada. Recordar es la forma más barata de demostrar que alguien existe cuando no está delante.
Cómo se reparte la conversación. No los minutos: los temas. Hay amistades enteras construidas sobre lo que le pasa a uno de los dos, con el otro haciendo de sitio donde se cuenta.
Qué pasa cuando tú necesitas algo. La prueba más limpia y la que casi nadie hace, porque pedir es justo lo que «no quiero molestar» impide. Una amistad mutua se nota pidiendo, no dando.
Y la definitiva: deja de mover durante tres semanas. No como castigo ni como prueba secreta con la que después le reprochas nada; solo deja de empujar. Una amistad mutua se queda en pausa y luego alguien escribe. Una unilateral se acaba ahí, y la información es triste pero es información.
No toda asimetría es un problema
Conviene bajar un poco el listón antes de sacar conclusiones. Las amistades tienen temporadas: alguien con un bebé, con un padre enfermo o con una mudanza encima desaparece durante un año y vuelve. Eso no es unilateralidad, es una racha, y se distingue por dos cosas —— tiene un motivo identificable y tiene fecha de caducidad.
También hay parejas de amigos donde uno organiza siempre porque se le da bien y al otro le agota, y ninguno de los dos lo vive como deuda. Si nadie lleva la cuenta, no hay cuenta. El problema aparece cuando alguien la lleva, y la lleva porque le duele.
Lo que sí es un dato es siempre, y con toda la gente. Si el patrón se repite con distintas personas, ya no va de esta amistad concreta, y suele tener que ver con cuánto te cuesta pedir. Eso está en si soy demasiado complaciente, y la teoría, en relaciones unilaterales.
Qué hacer si lo es
- Baja el nivel antes de cortar. Casi nadie quiere perder a esa persona; lo que quiere es dejar de pagar sola. Pasar de amistad principal a amistad de vez en cuando conserva lo bueno y quita la deuda.
- Dilo una vez, corto y sin historial. «Últimamente escribo siempre yo y me da un poco de bajón». Una frase. Sin la lista de los últimos dos años, que convierte la conversación en un juicio y te deja defendiendo fechas.
- Mira la respuesta, no la disculpa. Casi todo el mundo se disculpa. Lo que cuenta es si escribe él la semana siguiente.
- Deja de contar en silencio. Llevar la cuenta sin decir nada es lo que convierte una amistad desigual en una amistad con rencor, que es bastante peor.