Introversión y extroversión
La dimensión con más evidencia de toda la investigación en personalidad, y la mayor distancia entre lo que la gente cree que significa y lo que miden de verdad los cuestionarios.
Ciencia de la personalidad
Pregunta qué es un introvertido y casi todo el mundo da la misma respuesta: alguien que se recarga solo, mientras que un extrovertido se recarga rodeado de gente. Es una definición buena y memorable. No es lo que miden los cuestionarios de extraversión, y ese desajuste tiene consecuencias sobre cómo leer tu propia puntuación.
Lo que miden las escalas es un paquete de cuatro cosas observables: cuánto buscas compañía, cuán asertivo y socialmente dominante eres, cuánta energía y ritmo mantienes, y cuánta emoción positiva declaras. Súmalas y tienes el factor de extraversión —— la dimensión con más evidencia de la psicología de la personalidad, replicada en distintos idiomas, culturas y métodos de evaluación, con una heredabilidad de aproximadamente el cuarenta al sesenta por ciento.
Nada de esa lista trata de contabilidad energética. La historia de la energía es real como experiencia y es una teoría popular como explicación, y las dos se confunden porque llegan bajo la misma palabra. Esta entrada va del rasgo; la experiencia del desgaste está contada en por qué tanta gente vive en modo de ahorro de energía, y la división es deliberada.
Tímido no es lo mismo que introvertido
En español hay que empezar por aquí, porque el lector llega con un problema que el lector inglés no tiene.
En inglés, «introvertido» es hoy una identidad que la gente reivindica: se elige, se escribe en la biografía y viene con orgullo incorporado. En español la palabra que de verdad circula para describir a alguien callado es otra: tímido. Es la que escribe un profesor en un boletín y la que se le queda a un niño en tercero de primaria. Y no es una descripción neutra: es un diagnóstico blando de carencia, con un «a ver si se suelta» detrás.
La distinción es real y la investigación la trata como tal. La timidez es miedo: una reacción anticipada al juicio ajeno, donde el problema no es la cantidad de estímulo social sino la posibilidad de quedar mal. Una persona tímida muchas veces quiere estar ahí y no puede. La introversión es preferencia: un punto en una dimensión continua sobre cuánta estimulación social buscas. Una persona introvertida a menudo podría, y no le apetece.
De ahí salen cuatro combinaciones y todas existen: hay extrovertidos tímidos —— los que quieren hablar y les tiembla la voz ——, e introvertidos sin ningún miedo social, que dan una charla sin despeinarse y se van a casa a la hora. Cuando el miedo es lo que manda y además limita lo que haces —— faltar a cosas que querías, evitar una llamada, no hablar en una reunión donde tenías algo que decir ——, lo pertinente ya no es la introversión sino la ansiedad social, que tiene tratamientos con evidencia y no se arregla aceptándose. El caso más frecuente en español es tan concreto como poder escribir mensajes durante horas y entrar en pánico cuando suena el teléfono.
Un apunte del propio idioma, que no es una curiosidad. La forma etimológicamente correcta es extraversión y extravertido, del latín extra, y es la que usa la literatura psicométrica en español; la forma que escribe todo el mundo, incluida esta página en el título, es extroversión y extrovertido. Que el término académico y el corriente ni siquiera se escriban igual es la señal visible de lo que cuenta el resto de la entrada: son dos tradiciones que llevan un siglo sin hablarse.
De dónde salió la definición popular
Carl Jung introdujo los términos en Tipos psicológicos (1921), y su versión trataba de hacia dónde se dirigen la atención y la libido: hacia fuera, a los objetos y a las personas, o hacia dentro, a las impresiones del propio sujeto. Eso es una afirmación sobre orientación, no sobre baterías, y el introvertido de Jung no es una persona tímida sino una para la que el acontecimiento más real es la reacción interior. La entrada sobre los fundamentos de la teoría junguiana de los tipos desarrolla ese origen.
El encuadre energético creció después, en la literatura junguiana y del MBTI, y alcanzó su forma actual cuando el internet introvertido lo convirtió en identidad pública. Nadie lo midió. Se extendió porque es una descripción amable que da permiso para irse de una fiesta, y eso es algo genuinamente útil que puede hacer una descripción.
Mientras tanto, la tradición de la medida iba por otro sitio: desde los cuestionarios de Eysenck hasta los inventarios de los cinco grandes, la extraversión se definió por aquello con lo que correlacionaba —— hablar, dirigir, moverse, reírse. Dos linajes, una palabra, y la distancia entre ambos explica por qué tanta gente hace un test de extraversión, puntúa en el medio y siente que no la ha entendido.
Qué une de verdad a las facetas
Si sociabilidad, asertividad, actividad y emoción positiva cargan en un mismo factor, algo tiene que explicar por qué. Han dominado dos candidatos.
El arousal. Eysenck propuso en 1967 que los introvertidos tienen una activación cortical en reposo más alta, de modo que una cantidad dada de estimulación les lleva antes de su punto óptimo, mientras que los extrovertidos, partiendo de más abajo, salen a buscar más. Hace predicciones comprobables —— más sensibilidad al ruido, peor rendimiento con distracción —— y algunas se sostuvieron y muchas no. La revisión de Matthews y Gilliland de 1999 concluyó que cubre un rango restringido de fenómenos y que a la mayor parte de la conducta le sientan mejor constructos cognitivos que biológicos: la teoría no está desacreditada, sino degradada de mecanismo a explicación parcial, que no es como se suele contar.
La sensibilidad a la recompensa. Lucas, Diener, Grob, Suh y Shao comprobaron en 2000, con muestras de 39 países, si lo que mantiene unidas a las facetas es la sociabilidad o la respuesta a la recompensa. El modelo de la recompensa ajustó mejor. Según esa explicación, un extrovertido no es en primer lugar alguien a quien le gusta la compañía: es alguien a quien las recompensas posibles —— la atención, la novedad, ganar, la risa de otro —— le tiran más fuerte, y la compañía resulta ser donde están casi todas las recompensas sociales. Es hoy la explicación más aceptada, y da cuenta de algo que la sociabilidad no puede: que la extraversión prediga emoción positiva incluso cuando la persona está sola.
DeYoung, Quilty y Peterson añaden un matiz útil: la extraversión se parte limpiamente en entusiasmo —— calidez, sociabilidad, afecto positivo —— y asertividad —— empuje, dominancia, audacia social ——, con correlatos distintos. La persona callada y cálida y la persona reservada y contundente son las dos «introvertidas» a nivel de dominio y no tienen casi nada en común.
Lo que la historia de la batería sí acierta
Dicho que la definición popular no es la medición, conviene precisar qué es lo que sí capta, porque descartarla entera sería el error contrario.
Comportarse de forma extrovertida sienta bien, a todo el mundo. Fleeson, Malanos y Achille hicieron que unas personas informaran de su conducta y su ánimo cada tres horas durante dos semanas, y después lo manipularon experimentalmente: todos los participantes, introvertidos incluidos, declararon más afecto positivo en los tramos en que se comportaron de forma extrovertida.
La factura llega después. Leikas e Ilmarinen siguieron a personas durante dos semanas y encontraron que la conducta extrovertida predecía mejor ánimo de inmediato y más fatiga unas tres horas más tarde. Ese retardo es lo que la metáfora de la batería está señalando, y es medible.
Así que la formulación exacta no es «a los introvertidos les drena la gente y a los extrovertidos les alimenta», sino: la parte agradable es compartida, el cansancio posterior es compartido, y lo que cambia entre personas es el tamaño de la dosis que buscan y a qué velocidad les llega la factura. Es una diferencia más pequeña de lo que sugiere el lenguaje identitario, y es real.
Hay una tercera cosa que se mete dentro de «introversión» y no lo es: la sensibilidad al ruido, a la luz y al estado de ánimo ajeno, que es un rasgo en parte separado —— un extrovertido muy sensible es una persona coherente y bastante común. Nuestro test de alta sensibilidad mide ese otro eje.
Cómo leer tu puntuación
Nuestro test de introvertido o extrovertido informa de dónde te sitúas en esta dimensión, y conviene saber tres cosas antes de tratar la respuesta como una etiqueta.
La mayoría de la gente está en el medio. La extraversión es continua y se reparte de forma aproximadamente normal. La salida en dos categorías que producen todos los tests de este tipo es una raya trazada a mitad de una colina, y una puntuación a un lado o al otro por poco es una inclinación leve comunicada como si fuera una clase de persona. Ese corte hace aquí más daño que en ningún otro sitio, porque estas dos etiquetas se han vuelto identidades como pocos resultados de test lo consiguen. La entrada sobre tipos de personalidad frente a estereotipos trata ese salto, y la de percentiles y baremos explica qué significa el número.
Lee las facetas. El entusiasmo y la asertividad se separan, y también «disfruta de las fiestas» y «habla en las reuniones». Un total intermedio es muchas veces una persona alta en una faceta y baja en otra, lo cual informa más que el promedio y es invisible dentro de él. El resultado de los cinco grandes te da el desglose por facetas.
Se mueve, despacio. La extraversión está entre los rasgos más estables y no es fija: la tendencia a lo largo de la vida adulta es un descenso suave del lado asertivo y una estabilidad relativa de la calidez. Un resultado describe el ahora.
Lo útil que se puede hacer con el número no es adoptar el sustantivo, sino encontrar la dosis. Saber que tres horas es tu buen tramo y que cinco es el desplome, y planificar la tarde siguiente en consecuencia, vale más que saber de qué lado del medio caíste —— y es el único consejo que sale igual tanto si partes de la teoría popular como si partes de la medición.
fuentes
- · Jung, C. G. (1971). Psychological Types (Collected Works, Vol. 6). Princeton University Press. (Original work published 1921.)
- · Eysenck, H. J. (1967). The Biological Basis of Personality. Charles C. Thomas.
- · Matthews, G., Gilliland, K. (1999). The personality theories of H. J. Eysenck and J. A. Gray: A comparative review. Personality and Individual Differences, 26(4), 583–626.
- · Lucas, R. E., Diener, E., Grob, A., Suh, E. M., Shao, L. (2000). Cross-cultural evidence for the fundamental features of extraversion. Journal of Personality and Social Psychology, 79(3), 452–468.
- · DeYoung, C. G., Quilty, L. C., Peterson, J. B. (2007). Between facets and domains: 10 aspects of the Big Five. Journal of Personality and Social Psychology, 93(5), 880–896.
- · Fleeson, W., Malanos, A. B., Achille, N. M. (2002). An intraindividual process approach to the relationship between extraversion and positive affect: Is acting extraverted as 'good' as being extraverted? Journal of Personality and Social Psychology, 83(6), 1409–1422.
- · Leikas, S., Ilmarinen, V.-J. (2017). Happy now, tired later? Extraverted and conscientious behavior are related to immediate mood gains, but to later fatigue. Journal of Personality, 85(5), 603–615.
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