El castellano tiene aquí dos palabras que conviene coger prestadas antes de empezar. Desamor nombra la falta de amor como una cosa con entidad propia y no como la negación de otra; el inglés necesita una frase entera para decir eso mismo. Y mal de amores clasifica lo que te pasa como una dolencia, con su reposo y su convalecencia. Suena antiguo y es bastante más exacto que casi todo lo que vas a leer esta noche, porque acierta en lo principal: esto no es una emoción con la que estés lidiando mal, es un estado del cuerpo. Lo que la expresión antigua no dice es que sean varios estados a la vez.
Tres averías, no una
Abstinencia. Estar con alguien mucho tiempo instala una rutina química: esa persona era la fuente previsible de una parte considerable de tu recompensa diaria. Cuando desaparece, lo que queda no es tristeza, es carencia —— inquietud, incapacidad para sentarte, ganas físicas de mirar el móvil. Por eso el impulso de escribirle se parece tanto al de fumar y tan poco a una conclusión razonada.
Alarma. El sistema de apego no distingue entre «ya no está» y «ha pasado algo». Lee una ausencia prolongada como riesgo y activa lo que activaría ante un riesgo: vigilancia, insomnio, esa sensación de estar esperando una noticia. Esta es la parte que despierta a las cuatro de la mañana con el corazón acelerado sin que haya habido pensamiento previo.
Desdibujamiento. Una relación larga sostiene una parte de la descripción que haces de ti: los planes del sábado, el papel que jugabas, las cosas que hacías porque alguien las miraba. Cuando se va, no solo falta alguien: falta contorno. Es la avería más silenciosa de las tres y la que la gente confunde con depresión, porque no duele con pinchazos sino con vaguedad —— no saber qué te apetece, no reconocer tu propio fin de semana.
Por qué mejoras y empeoras el mismo día
Porque las tres se apagan por separado y ninguna avisa. La abstinencia baja con la distancia y sube con cada contacto, incluido el pasivo. La alarma baja con sueño, comida y gente en la habitación, y sube con el silencio. El desdibujamiento no responde a nada de eso: se arregla haciendo cosas, despacio, durante semanas.
De ahí viene la experiencia rara de una tarde buena seguida de una noche imposible. No has retrocedido. Estás midiendo con un solo número tres procesos que van cada uno por su lado. El que te hará pensar que no avanzas es siempre el tercero, porque es el único que no mejora por sí solo mientras esperas.
Qué hacer con cada una
- Para la abstinencia: quitar dosis. Silenciar, archivar, dejar de mirar. No como castigo hacia nadie, sino porque cada vistazo reinicia un proceso que estaba a la mitad. Cómo se hace en concreto está en cómo dejar de pensar en mi ex.
- Para la alarma: cuerpo y compañía. Comer a horas, dormir aunque sea mal, y estar físicamente cerca de alguien. La regulación en presencia de otro es de las pocas cosas que funcionan sin que tengas que creer en ellas; el mecanismo está explicado en corregulación.
- Para el desdibujamiento: agenda. Una cosa a la semana que existiera antes de esa relación o que no tenga nada que ver con ella. Es lento y aburrido y es lo único que lo repara.
De qué depende
Dos personas pueden salir de relaciones parecidas y tener meses completamente distintos, y la duración de la relación predice mucho menos de lo que la gente cree. Lo que sí pesa es cuánto de tu descripción de ti estaba guardado ahí, si tienes con quién hablarlo, y cómo responde tu sistema de apego a una separación: si la ausencia se asienta en pena o se queda en emergencia. Eso último no es carácter ni voluntad, es una configuración, y se ve en el test de estilo de apego. La teoría entera, si la quieres, está en teoría del apego.