← Todas las preguntas

Trabajo y carrera

una respuesta clara, y después una forma de averiguarlo

¿Cómo hablo de mí en una entrevista?

Con hechos, no con adjetivos. Decir que tienes buena comunicación no se puede comprobar y no se recuerda; decir que reescribiste el manual de acogida y las incidencias bajaron un tercio, sí. Elige cinco cosas que hiciste de verdad, ten sus números a mano y deja que el adjetivo lo ponga quien te entrevista.

Dos candidatos con la misma experiencia dan entrevistas completamente distintas, y la diferencia rara vez es la seguridad en uno mismo. Es el grano. Uno habla en categorías —colaborativo, meticuloso, con muchas ganas de aportar— y noventa minutos después quien entrevista no tiene nada a lo que agarrarse. El otro habla en episodios, con nombres, cifras y una cosa que salió mal, y esa historia se puede repetir en la reunión de decisión.

Un aviso antes de seguir: si tu siguiente proceso es una oposición, casi nada de esto aplica. Ahí se selecciona por examen y baremo de méritos, y lo que cotiza es el temario y los papeles, no cómo cuentas lo que hiciste. Son dos mundos y conviene no preparar uno con el manual del otro.

Qué suele estar pasando

Te estás describiendo en lugar de contar lo que pasó. Los adjetivos son autoevaluación, y quien entrevista la descuenta automáticamente porque todo el mundo reclama los mismos seis. Los episodios no se descuentan igual. El movimiento es mecánico: cada vez que vayas a decir una cualidad, cuenta el suceso que haría que otra persona usara esa palabra.

No tienes números, así que nada tiene tamaño. Mejoré el proceso puede significar veinte minutos al mes o dos personas. Una cifra aunque sea aproximada —alrededor de un tercio, unas ocho horas a la semana, de cuatro días a uno— convierte una afirmación en una medida. Casi todo el mundo tiene esos números y no se ha molestado en mirarlos.

Escondes la parte en la que costó. Una entrevista hecha solo de éxitos se lee como inexperiencia o como evasiva. La respuesta que aterriza incluye la restricción, lo que casi se cae y lo que cambiaste; no como confesión, sino como prueba de que estabas dentro de la sala y no al lado.

Contestas a tu defecto con una virtud disfrazada. Soy muy exigente conmigo mismo. Me implico demasiado. Lo han oído varios miles de veces. Una limitación real, dicha sin adorno y acompañada de qué haces con ella, es una de las pocas ocasiones de la conversación para sonar adulto.

Y un problema de registro que en español es real. El manual anglosajón te empuja a venderte, y aquí venderse con ese volumen suena a fanfarronería y resta. La buena noticia es que la solución es la misma por otro motivo: si informas de hechos en lugar de calificarte, no estás presumiendo, estás declarando. Nadie ha llamado creído a nadie por decir una cifra.

Qué hacer antes de la entrevista

  • Elige cinco historias, no quince. Cinco episodios que entre todos cubran una decisión técnica difícil, un conflicto con una persona, un fracaso, algo que construiste de cero y algo que mejoraste. Casi cualquier pregunta se contesta con una de cinco bien elegidas, y cinco es un número que se recuerda estando nervioso.
  • Mete un número en cada una. Ve a buscarlo. Una hora entre documentos viejos te compra lo que separa tu respuesta de la del siguiente.
  • Escribe tu método en dos frases y con tus palabras. No soy meticuloso, sino algo como empiezo escribiendo lo que nadie ha escrito todavía y se lo llevo a quien más probable es que lo odie. Esa frase vale más que cualquier adjetivo del currículum.
  • Practica en voz alta una vez, aunque salga mal. Repasar en silencio es otra habilidad motora distinta de hablar, y por eso la gente que se siente preparada se oye divagar en la primera respuesta.
  • Si hay hueco en tu historial, nómbralo en una frase y sigue. Los huecos son comunísimos; lo que se lee mal es la longitud de la explicación.

De qué depende

La descripción de cómo trabajas es lo más difícil de improvisar bajo presión y lo más fácil de preparar, porque no cambia de una entrevista a otra. El test de estilo de trabajo devuelve percentiles de estructura, ritmo, autonomía y colaboración y luego escribe tu perfil más o menos como lo dirías tú en una sala, que es exactamente para lo que sirve aquí. Quien puntúa alto en estructura y bajo en colaboración no es peor que al revés: es un tipo concreto de contratación, y decirlo sin rodeos convence mucho más que intentar parecer todos los tipos a la vez. Si las entrevistas van bien y las ofertas no llegan, el desajuste puede estar más arriba, en qué clase de trabajo estás buscando.

¿Cuál eres tú? Averígualo en dos minutos

La pregunta más difícil de una entrevista es la de cómo trabajas, porque casi nadie ha tenido que ponerle palabras. El test de estilo de trabajo puntúa estructura, ritmo, autonomía y colaboración y te devuelve tu método en lenguaje llano, que es la materia prima de la respuesta y no un guion.

¿Te apetece hablarlo?

Luna lee antes tus resultados, así que el consejo va de ti y no de la gente en general. Cinco mensajes gratis al día.

✦ Habla con Luna

La gente también pregunta

¿Qué digo cuando me piden que hable de mí?

Noventa segundos y tres tiempos: dónde estás ahora, el hilo que une tus dos o tres últimos movimientos, y por qué este puesto es el siguiente paso de ese hilo. Es una orientación, no una biografía, y debe terminar con un motivo por el que estás en esa sala.

¿Cómo cuento mis logros sin parecer un creído?

Informa en lugar de calificarte. Di cuál era la situación, qué hiciste y qué cambió, y quita todas las palabras valorativas. La arrogancia vive en los adjetivos; nadie ha quedado mal por decir una cifra.

¿Sirve esto para una oposición?

Para el examen, no. En un proceso por temario y baremo se puntúan conocimientos y méritos documentados, no cómo narras tu experiencia. Sí sirve para las fases de entrevista o defensa que algunos procesos incluyen al final, y para el sector privado.

Preguntas relacionadas

Escrito por MoodyWonder a partir de la literatura sobre apego, conflicto, confianza, trabajo y sueño. Describe patrones; no diagnostica. Si no estás a salvo o todo se ha vuelto gris, habla hoy mismo con alguien de confianza o con un profesional.